Coyote de
fieltro
En
1974, Joseph Beuys realiza en Nueva York la acción I like America and America likes me como una crítica hacia el
concepto de libertad en EEUU, denunciando el choque racial entre americanos e
indios nativos y la guerra de Vietnam. Durante tres días permanece envuelto en
fieltro, hojea un periódico y consigue la amistad de un coyote; por último, lo
abraza en señal de convivencia. Beuys ejecuta acciones simbólicas de largo
alcance, rompe la esfera masónica del arte, llevándolo fuera de la élite
intelectual hacia zonas de incertidumbre o inestabilidad social, según sus
intereses antropológicos, políticos, educativos y sociales. Si la sociedad
enferma al hombre, oponiéndolo a su propia naturaleza, simpatizar con un perro
salvaje es una reconciliación entre la cultura y el instinto. Así, aislarse de
las personas y volver a los coyotes, explorar en uno mismo y compartir el
fenómeno a través de un lenguaje metafórico permite ver la práctica artística
como una herramienta de exploración humana.
En
el 2003, bajo distintas circunstancias, el cineasta Lars von Trier lanza duras
críticas a Norteamérica en la cinta Dogville, y demuestra que el racismo y el
resentimiento social son asuntos de hondas raíces migratorias en la llamada «tierra de oportunidades». Grace, la heroína de su fábula
moral,
acaba por matar a sus protectores. Von Trier llegará más lejos y en sentido
contrario al de Beuys al sugerir que los hombres son moralmente inferiores a
los perros y, lamentablemente, ni siquiera el instinto los redime. En Antichrist le hará decir a Charlotte
Gainsbourg, su protagónico femenino, que «la naturaleza es la
iglesia de Satanás». Dos artistas políticos, dos enfoques radicales. Lo cierto es que Beuys en 1965 ya ofrecía enseñanzas
pictóricas a una liebre muerta, con el rostro embadurnado de miel y polvo de
oro, confiando en nuestra condición de animales sofisticados pero, al mismo
tiempo, limitados por crisis históricas. Si alguien sabía de conflictos, era él,
que había piloteado en la Segunda Guerra Mundial y a punto de morir por
congelamiento fue rescatado por nativos, envuelto en grasa y fieltro, y humildemente
resucitado.
Homo homini lupus
Beuys,
de origen alemán, afirma que todo hombre es un artista y funda con Heinrich
Böll la Universidad Libre Internacional, sin sede, en plena identificación del
arte con la vida. Lo explica con estas palabras: «En un momento determinado de su biografía, cada uno ha de
convertirse en un especialista en el mundo de la división del trabajo. Entonces
uno se decide a estudiar física, otro estudiará pintura, el tercero será
enfermero, etc. Pero antes de tomar tal decisión hacia la especialización, las
personas deben haberse desarrollado en este concepto del arte total, es decir,
en la idea de que a partir de las capacidades humanas del pensamiento, el
sentimiento y la voluntad puede crearse una persona que a su vez puede
determinar algo; esta persona hay que crearla. ¿Y ahora? ¿Qué va a pasar ahora?
¿Qué idea tenéis vosotros de lo que va a pasar?». El 19 de mayo de 2011, el
polémico von Trier es expulsado del Festival de Cannes por sus declaraciones
filonazis en la presentación de Melancholia, su último filme. «Entiendo
a Hitler», comentó el danés, y los franceses lo castigaron –igual que él, en su
momento, había juzgado violentamente a los norteamericanos.
Las lecciones de Joseph Beuys
enseñan que arte y política son inseparables figuras caprichosas en el dominó
de la economía internacional. Emir Kusturica, otro de los invitados a Cannes en
2011 como jurado de la sección Una cierta mirada, recibió acusaciones de los
realizadores bosnios Jasmila Zbanic y Haris Pasovic por filmar sus cintas con
presupuesto del presidente Slobodan Milosevic, acusado de crímenes de guerra,
contra la humanidad y genocidio en los conflictos bélicos de Yugoslavia. Ante
un panorama demasiado turbio en el terreno artístico, donde cada paso está
medido en función de lo que uno dice, piensa o defiende, con o sin razón, cabe
hacerse la pregunta de si todavía es posible abrazar a los coyotes en nuestra
envoltura de fieltro y cruzar las trincheras con el rostro ungido de miel y oro.
En un esfuerzo por resolver las interrogantes de esta índole, Beuys funda en
1971 la Organización para la Democracia por Referéndum. Porque en síntesis,
cada hombre es un artista político cuyas obras/acciones son motivo de censura o
aprobación pública. O, como diría Sartre: «El infierno son los otros».
-Christian Núñez
Reseña publicada en
la columna EL MACAY EN LA CULTURA del Diario de Yucatán [03.01.2012]


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