El aspecto animal
Lucian Freud fallece el 20 de julio de
2011 en Londres. De orientación figurativa, el nieto de Sigmund Freud estudia
el cuerpo humano con intención de mostrar criaturas en crudo. El deterioro de
las pieles amarillas, los cueros cabelludos grasos, la desnudez sucia y
cotidiana de las entrepiernas son los rasgos inmediatos de un erotismo que
rechaza su idealización y enseña la fragilidad humana.
A sus primeros trabajos los domina el
tema de la zoología; se inspiran en una cebra, una garza, un caballo primitivo.
Pero a riesgo de ser catalogado un surrealista, Freud pronto se concentra en el
retrato y el desnudo. Ahí encuentra «la esperanza, la memoria, la sensualidad y
el compromiso» que caracterizarán su evolución estilística. Estrecha amistad
con Francis Bacon, hace un retrato de su cabeza y, en general, plasma características
físicas no convencionales: sobrepeso, calvicie, senos grandes, genitales lánguidos.
Con y sin ropa, retrata a sus hijas, al performancero Leigh Bowery, a su
ayudante de estudio, a la reina Isabel.
«Me interesan mucho las personas en su
aspecto animal –señala. A eso se debe parte de mi afición a trabajar con ellos
desnudos. Pero puedo ver más. También resulta emocionante ver cómo se repiten
las formas a través del cuerpo y a menudo del rostro también. Me gusta que las
personas parezcan tan naturales y físicamente tan sueltas como animales, como
mi galgo inglés Pluto.»
Tanto el abuelo como el nieto de la
familia Freud son buenos analistas de la psique y la anatomía. Llegan al fondo
en sus investigaciones, tienen espíritu científico. «Para mí, pintar a la gente
desnuda, sean o no amantes, hijas o amigas, no supone nunca una situación
erótica –dice Lucian. El modelo y yo nos dedicamos a hacer un cuadro y no el
amor. A las personas que no son pintores les cuesta entender estas cosas.»
El aspecto humano
En el transcurso de nuestro análisis,
se realizó un sondeo para descubrir las reacciones ante la obra de Lucian
Freud. Tres personas observaron un libro de Taschen con el texto crítico de
Sebastian Smee. La portada es el famoso Doble
retrato de Susanna, la hija de Freud, con Joshua, el galgo.
El primer sujeto es mercadólogo; el
segundo, administrador de empresas. El mercadólogo reconoce que estas pinturas
rompen con el estereotipo publicitario de belleza. «No muestran los cuerpos
fuertes, sino personas vulnerables.» Al administrador le parecen grotescos, de
entrada, y prefiere no seguir hablando del tema. «Parece gente enferma.» Cierra
el libro.
Un contador público que ha visto morir
a los suyos hojea el mismo volumen. Pero los ojos del tercer sujeto enrojecen. «Cuando
encuentras cosas que te conmueven, disminuye el deseo de saber más al respecto.
Es como cuando te enamoras de alguien, no quieres conocer a sus padres»,
explica Freud con el sentido común de un sepulturero. No hay conclusión.
Reseña publicada en la columna EL MACAY EN LA CULTURA del Diario de Yucatán [09.01.2012]


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