El impacto a nivel de crítica y público de Los domingos se explica por su aproximación salomónica a los misterios de la fe.
The only way to save us
Is through divine intervention
Rosalía, Berghain
Los domingos (2025), de Alauda Ruiz de Azúa, obtuvo el premio Goya a Mejor Película en su edición 40ª y la Concha de Oro en la 73ª edición del Festival de San Sebastián. La favorable recepción crítica y el excelente desempeño en taquilla obedecen principalmente a que logra integrar una perspectiva equilibrada sobre duelo, fe y autodeterminación sin sesgar el material mostrado. No lo sesga a favor ni en contra, y esta es una de sus grandes virtudes en un mundo que tiende a polarizar complejidades. Es también una película que sabe integrar los nodos que unen y separan a las generaciones españolas actuales con las pasadas, mostrando sus contradicciones más descarnadas con respecto al fenómeno religioso.
Los domingos retrata un tema con varias aristas en medio de una crisis familiar. A sus diecisiete años, a punto de concluir el instituto, Ainara (Blanca Soroa) ha decidido enclaustrarse en un convento de monjas. Expone sus intenciones tanto a Iñaki, su padre (Miguel Garcés), como a su tía Maite (Patricia López Arnaiz), quienes no ven con agrado la vocación religiosa de la adolescente. La familia suele reunirse cada domingo en casa de la abuela Lila (Mabel Rivera), y las conversaciones en la mesa van de un tema a otro acumulando tensiones y un ambiente cargado de silencios, miradas equívocas e intenciones secretas. Frente a ello, Ainara, huérfana de madre, encuentra refugio entre las monjas y su mundo frugal.
El tono realista del filme se distancia del melodrama, y la contención emocional en escenas cruciales resulta de lo más logrado. Se plantea una batalla ideológica entre la fe de Ainara, el ateísmo rencoroso de Maite y la imparcialidad pragmática del padre, todo bajo el contexto de las legendarias comidas dominicales. La mirada íntima que disecciona los pleitos de familia, el peligro de las herencias ideológicas y los prejuicios personales conduce la trama con solvencia, transformando la simple anécdota en un colapso generacional. Mención aparte merece la secuencia del coro juvenil interpretando una versión gloriosa de Into My Arms, de Nick Cave and the Bad Seeds. Góspel puro.
Como en una epifanía, Los domingos vale por lo que muestra y lo que expresa silenciosamente. En el apartado técnico, varias de sus viñetas deslumbran a nivel sensorial y fundan un evangelio propio. Pero cuidado: la película no hace propaganda religiosa. Tampoco intenta desacreditar el catolicismo. Sabe repartir salomónicamente sus virtudes y algunos mínimos vicios: tanto quienes la defienden como sus detractores la han calificado como demasiado sutil o terrorífica, según el caso. Que un debate sobre un filme coming of age resuene extramuros indica no sólo la pertinencia del tema, sino la necesidad de abrir la conversación, examinar traumas colectivos y desinfectarse las heridas. Lo demás es proyección psicológica.
Los domingos
Alauda Ruiz de Azúa
BTeam Pictures, 2025