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abril 30, 2026

los domingos_lección de góspel para ateos

 

El impacto a nivel de crítica y público de Los domingos se explica por su aproximación salomónica a los misterios de la fe.

 

The only way to save us

Is through divine intervention

 

Rosalía, Berghain

  

Los domingos (2025), de Alauda Ruiz de Azúa, obtuvo el premio Goya a Mejor Película en su edición 40ª y la Concha de Oro en la 73ª edición del Festival de San Sebastián. La favorable recepción crítica y el excelente desempeño en taquilla obedecen principalmente a que logra integrar una perspectiva equilibrada sobre duelo, fe y autodeterminación sin sesgar el material mostrado. No lo sesga a favor ni en contra, y esta es una de sus grandes virtudes en un mundo que tiende a polarizar complejidades. Es también una película que sabe integrar los nodos que unen y separan a las generaciones españolas actuales con las pasadas, mostrando sus contradicciones más descarnadas con respecto al fenómeno religioso. 

 

Los domingos retrata un tema con varias aristas en medio de una crisis familiar. A sus diecisiete años, a punto de concluir el instituto, Ainara (Blanca Soroa) ha decidido enclaustrarse en un convento de monjas. Expone sus intenciones tanto a Iñaki, su padre (Miguel Garcés), como a su tía Maite (Patricia López Arnaiz), quienes no ven con agrado la vocación religiosa de la adolescente. La familia suele reunirse cada domingo en casa de la abuela Lila (Mabel Rivera), y las conversaciones en la mesa van de un tema a otro acumulando tensiones y un ambiente cargado de silencios, miradas equívocas e intenciones secretas. Frente a ello, Ainara, huérfana de madre, encuentra refugio entre las monjas y su mundo frugal.

 

El tono realista del filme se distancia del melodrama, y la contención emocional en escenas cruciales resulta de lo más logrado. Se plantea una batalla ideológica entre la fe de Ainara, el ateísmo rencoroso de Maite y la imparcialidad pragmática del padre, todo bajo el contexto de las legendarias comidas dominicales. La mirada íntima que disecciona los pleitos de familia, el peligro de las herencias ideológicas y los prejuicios personales conduce la trama con solvencia, transformando la simple anécdota en un colapso generacional. Mención aparte merece la secuencia del coro juvenil interpretando una versión gloriosa de Into My Arms, de Nick Cave and the Bad Seeds. Góspel puro.

 

Como en una epifanía, Los domingos vale por lo que muestra y lo que expresa silenciosamente. En el apartado técnico, varias de sus viñetas deslumbran a nivel sensorial y fundan un evangelio propio. Pero cuidado: la película no hace propaganda religiosa. Tampoco intenta desacreditar el catolicismo. Sabe repartir salomónicamente sus virtudes y algunos mínimos vicios: tanto quienes la defienden como sus detractores la han calificado como demasiado sutil o terrorífica, según el caso. Que un debate sobre un filme coming of age resuene extramuros indica no sólo la pertinencia del tema, sino la necesidad de abrir la conversación, examinar traumas colectivos y desinfectarse las heridas. Lo demás es proyección psicológica. 





Los domingos

Alauda Ruiz de Azúa

BTeam Pictures, 2025

 

diciembre 10, 2023

la mesías_el reino y sus demonios

 

Una familia enclaustrada. Una madre mesiánica. Música pop y sectas familiares. Reseñamos La Mesías, de Javier Ambrossi & Javier Calvo, la serie más alucinante del año.




Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,

una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,

mi alma, mi alma: y repito esa palabra

no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,

en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente

para hacer ver que no tiene sentido.


Leopoldo María Panero, El circo


 

Vivimos invadidos por la ideología, los discursos maniqueos, el simulacro digital. Hubo una época previa, embrionaria, en la que Internet no era la máquina de ficciones que es hoy. Un paraíso perdido de estética kitsch, genuina por sus carencias, idealista. Y en aquella caverna de sombras platónicas, ¿qué tan fácil resultaba mentirle a las audiencias, improvisar realidades distorsionadas, condicionar al rebaño con argumentos falaces? Antes de la posverdad, ¿cómo operaba el montaje colectivo, la melodía triste del flautista de Hamelín? 


El encierro en casa, laboratorio en miniatura de tiranías sociales, engendra seres anómalos. Una madre que bordea la psicosis, frustrada, y un padrastro dominante, vetusto. Una camada de hijas que bajo restricciones y amenazas descubren el cine como vía de escape. “A mamá no le habla Dios. Mamá está loca”, expresa Enric, el hermano mayor, ahora rebautizado como Isaías, mientras Resurrección (antes Irene) recibe órdenes como por mandato divino bajo el asfixiante yugo de lo familiar y lo siniestro. Bienvenidos a la España profunda.


Los traumas de infancia también producen monstruos. Alienadas por el dogma, las relaciones de poder originan culpa, resentimiento, incertidumbre. El cristianismo funda una moral de esclavos. Si a lo anterior añadimos una pátina de cultura pop dosmilera, una madre mesiánica tricéfala y un grupo musical de chicas entonando versos delirantes, la fórmula se convierte en experiencia religiosa. Justo lo que Javier Ambrossi & Javier Calvo han logrado amalgamar en La Mesías (2023), serie de 7 episodios transmitida por Movistar Plus+.


Las coordenadas visuales que los Javis cruzan son múltiples y ambiciosas, desde la estética low fi, con claras alusiones al estilo Almodóvar, hasta la saga de Flos Mariae, el grupo musical de hermanas frikis cuyos videos inspirados en la Virgen María llegaron a viralizarse con miles de reproducciones en YouTube. Sin olvidar el alucinante homenaje coreográfico a Cantando bajo la lluvia y la figura espectral de Carlos Saura y su Mamá cumple cien años. Un vórtex de influencias que incluye alienígenas y música original de Hidrogenesse. 


Lo que cambia, respecto a su filmografía anterior, es la complejidad (el arco narrativo abarca tres bloques cronológicos) y el tono (salvo interludios, casi no hay humor, sino drama con añadidos ufológicos). Quienes lleguen a La Mesías por el recuerdo de La llamada, Paquita Salas o Veneno, van a sorprenderse ante la metamorfosis que supone este nuevo mundo, la sofisticada base psicológica de sus personajes, la tesitura de los conflictos trenzados con virtuosismo formal, y el ritmo galopante en sus momentos más desgarradores.


La Mesías sabe surfear temas polémicos con determinación y madurez. En tanto ficción, revierte el juicio unilateral del fanatismo religioso. La advertencia del autoengaño y la búsqueda legítima de redención oscilan en ambos extremos de la fe. Quizás por ello su crescendo alcanza la cúspide en el sexto capítulo, y el séptimo sirve como epílogo para restañar heridas del pasado y asimilar el trauma. Su mensaje llega claro y conciso. En el reino de Dios, la rebeldía se torna soledad y silencio. Pero vale la pena alzar la voz, revertir el pecado, fugarse al mundo.


Las tres versiones de Montserrat, interpretadas por Ana Rujas, Lola Dueñas y Carmen Machi, son brillantes. Perfilan un personaje voluble, contradictorio, terrorífico. Los hermanos mayores, Enric e Irene, en sus distintas capas, ejercen contrapeso dramático. Los roles adultos corresponden a Roger Casamajor y Macarena García. El reparto de las niñas/adolescentes concentra un rango expresivo hipnótico, con Amaia entre filas. Albert Pla como padrastro fanático transmite desasosiego. Cecilia Roth en su odisea ufoespiritual es la cereza del pastel.


La Mesías incluye una escena realizada con Inteligencia Artificial en la que Irene visita la casa de su infancia, y en un viaje de ketamina fusiona pasado y presente de modo fantasmagórico, mientras la música de Stella Maris resuena: escuchamos sintetizadores ominosos en un trance de criaturas lisérgicas, ángeles caídos y vírgenes nocturnas. “Pom, pom, toc, toc, queremos entrar en el reino de Dios”, entonan las niñas, luciendo vestidos de princesas. El mundo es una rave llena de voces infantiles. No hay sentido. No hay salida. 

Sólo el vacío de nuestra inmersión emocional.

 











noviembre 01, 2023

temporada de huracanes_traducir la catástrofe

 

En La Matosa, un grupo de adolescentes encuentra el cadáver en descomposición de La Bruja, epicentro de una trama donde lo prohibido y las pasiones humanas tejen existencias turbias. Reseñamos Temporada de huracanes.

 


Dirigida por Elisa Miller, Temporada de huracanes (2023) se basa en la novela homónima de Fernanda Melchor. Los ambientes opresivos, el lenguaje procaz, un tejido perfecto de tramas/personajes y el análisis frontal de situaciones límite dan como resultado una película honesta con su fuente de origen, destacada por sus valores de producción, y si bien pacta con el espectador a través de las atmósferas, sacrificando la admirable plasticidad del texto, consigue transmitir el mismo desconcierto y la náusea subyacente a los hechos que despliega. En tal sentido, como traducción visual funciona: puede generar el interés suficiente para atraer a los fans de Melchor hacia el libro, y si ese es el caso, recrudecer la experiencia estética. Como producto de consumo masivo de Netflix, el filme amplía su radio de acción, y es fácil darse cuenta que sin hacer concesiones al imaginario sórdido, ejecuta una condensación técnica y, sin embargo, lo que se muestra es legítimo: el retrato casi documental de las condiciones de vida en zonas rurales de México, la transfobia/homofobia/misoginia que impera en el aire, el profundo desencanto por las instituciones de estado y ese sabor acre de la violencia sistémica que lo pudre todo. En esto, la victoria es indiscutible. La capacidad de involucrar al voyeur y abofetearlo merece aplausos unánimes. Quizás la potencia del manuscrito se extravía, su nivel inmersivo se diluye, porque llevar a la pantalla el torbellino lingüístico de Melchor francamente resulta imposible (casi como adaptar Tala de Bernhard). Y sí: la esencia permanece, aunque tal vez a un ritmo menos frenético. El trazo de urgencia en el destino trágico de los protagonistas, las motivaciones, la grotesca telaraña de actos y consecuencias. Como tal, el veneno sigue ahí. 


Destacan las actuaciones de Paloma Alvamar (Yesenia), Edgar Treviño (Luismi), Kat Rigoni (Norma), Ernesto Meléndez (Brando), Gustavo Morales (Munra) y Conchi León (Chiquis), y la fotografía de María Secco. Por su trabajo, Elisa Miller recibió el Premio a Mejor Guión de Largometraje Mexicano de Ficción en la edición 21 del Festival de Cine de Morelia.


Disponible en Netflix.









septiembre 07, 2023

venus_departamento lovecraftiano

 

Venus, el filme protagonizado por Ester Expósito que inauguró Sitges 2022, se añadió recientemente al catálogo de HBO Max. 

 

La fuga de Lucía


Venus (2022), de Jaume Balagueró, pertenece a la colección The Fear Collection, que integra en colaboración a Sony Pictures, Amazon Prime Video y Pokeepsie Films, la productora del director español Álex de la Iglesia + Carolina Bang. 


Basada en el cuento de Lovecraft Los sueños de la casa de la bruja, la película relata la experiencia límite de Lucía [Ester Expósito], una bailarina en fuga con una bolsa deportiva llena de LSD, quien se dirige al antiguo departamento de su madre fallecida—el Edificio Venus—en busca de ayuda para reencontrarse con su hermana Rocío [Ángela Cremonte] y Alba [Inés Fernández], su pequeña sobrina. 


Allí ocurre lo innombrable. 


Dentro del edificio existe registro documental de extraños acontecimientos vinculados con el ocultismo y la antropofagia; en los últimos años, varios inquilinos han desaparecido. Mientras un trío de ancianas frikis [Magüi Mira, Aten Soria, María José Sarrate] hilvana un rito para encarnar a Lamashtu, Lucía debe enfrentarse por igual a fuerzas desconocidas y un grupo de mafiosos tras su cabeza. 


 

Collage y frottage


Si bien a nivel temático el guión del propio Balagueró y Fernando Navarro navega entre drama, survival horror y thriller con alusiones al Polanski de Rosemary’s Baby o Lords of Salem de Rob Zombie, la fusión alcanza un clímax narrativo burbujeante y se independiza de sus referentes con un desenlace sangriento y optimista que reivindica el salvajismo de Ester Expósito como nueva scream queen. 


Estímulos sensoriales aparte, las escenas sanguinolentas y de pesadilla se restriegan contras las pupilas dilatadas del espectador en un tour de force efectivo, a veces efectista, siempre visceral y grotesco, con cierta nostalgia vintage que recuerda a la Verónica de Paco Plaza; nada que no se haya visto antes, y sin embargo con algo aún capaz de seguir sacudiendo.


Sobre el entramado de fondo/forma parece levitar la trilogía de Las tres madres de Dario Argento, y las brujas terminan inspirando una mezcla de terror y ternura, en el aire se percibe un olor a paredes antiguas, cuando se abren las heridas familiares hay hemorragias visibles y la sangre metafórica se alinea con el eclipse que despertará el horror cósmico en clave femenina.



Lección cero


Lejos de las tramas flojas que orbitan las principales plataformas de streaming, con un sólido arsenal dramático, Venus ondea un final ambiguo y, no obstante, refresca el género en virtud de su ritmo frenético. Una ristra de imágenes fantásticas permanece en la memoria visual de quien transite sus departamentos lovecraftianos. Disponible en HBO Max.








mayo 03, 2023

succession_yo guío a los lobos

 

La saga de los Roy ilustra el theatrum mundi en tiempo real. Entre la risa absurda y el horror financiero, larga vida al rey.



Alguna sinopsis debería decirlo. Succession es Shakespeare. Logan Roy se sabe víctima de una conspiración orquestada por sus hijos, su propia sangre. Y tampoco quiere herederos imbéciles. Los parásitos intentan sabotearlo, hundir la daga mientras sonríen. Son abominables, pero él también: lo sabe perfectamente, pues los educó así. Carroñeros, oportunistas, traidores. Por si acaso, intenta proyectar una larga sombra sobre el conglomerado Waystar Royco hasta sus últimos días. Se afianza, blasfema, arroja cientos de Fuck off! a diestra y siniestra. Es un tirano en la caída final. Solitaria derrota. Y de ahí la tragedia, que se vuelve inmediatez y encapsula la vida de los multimillonarios que pierden el sentido de la realidad. Al menos Logan sabe de dónde vino, sus orígenes humildes lo mantienen sobre la tierra, pero va a morir, y esa tierra entrará por sus ojos, le cubrirá las fosas nasales. Tal vez por ello lo vemos enojado, irritable, voluble. Es demasiado humano. Sus defectos nos parecen sublimes. Nos enternecen primero, después nos horrorizan. El horror financiero como categoría dramática encuentra un tratamiento admirable en esta serie creada por Jesse Armstrong. 


A nivel mediático, Succession sigue sorprendiendo. Los 10 capítulos de la cuarta temporada se han ido liberando domingo tras domingo, en una especie de liturgia obscena, entre yates, jets privados y acciones en la bolsa de valores neoyorkina. Sus vericuetos argumentales inspiran memes, bromas escatológicas, tweets perversos. Nadie duda que entre lobos siempre habrá sangre. Y mantener en forma a la jauría exige sacrificios. Pero qué ocurre cuando los hermanos empiezan a darse puñaladas. O si uno de ellos, subrepticiamente, mantiene comunicación estrecha con el padre. Es el riesgo, es la esencia, es el sine qua non de cada episodio. Los cuchillos voladores. Y la risa absurda, la paradoja del efecto cómico: nos reímos ante el espanto, lloramos frente al arlequín. Succession tiene resonancias de theatrum mundi, con simetrías filosóficas en medio de la masacre. Por eso se ha ganado el aplauso, las mejores calificaciones de los sitios que recomiendan contenidos bajo demanda. Es asquerosamente popular y elitista, si cabe el oxímoron. Las referencias a la política estadounidense y el jet set son estrafalarias, esperpénticas. No se toman en serio, ni siquiera cuando invocan la agenda woke.


Succession se ríe de todo y de todos. Practica un absurdismo democrático. Vale la pena disfrutarla mientras dure, recordarla como una de las mejores series de HBO. Lo que hacen Brian Cox, Kieran Culkin, Alan Ruck, Sarah Snook y Jeremy Strong por sus personajes eleva el drama a la categoría de teatro absurdista en tiempo real. Donde Shakespeare y Ionesco se dan la mano, beben champaña juntos y vomitan sobre sus outfits de moda silenciosa. Existe una cantidad enorme de aspectos a explorar sobre lo que hablan, visten, critican y reproducen los vástagos de Logan Roy. Tal enumeración llevaría demasiados e innecesarios párrafos. Lo que Kendall, Roman, Siobhan y Connor destripan es la esencia del poder, la ambición y la avaricia. Logramos empatizar con ellos, abrazarlos en sus derrotas, reírnos en sus narices y conmovernos ante las equivocaciones que les pasan factura. Nos emocionan por la fragilidad interna que su padre les heredó. Más cuando intentan hacerse fuertes, emputarse, fanfarronear. Amamos la imperfección de verlos hundirse inexorablemente, hasta el cuello, en los últimos capítulos de su tragicomedia. Como dignos sucesores del rey.

 





marzo 15, 2020

the act_cenicienta en silla de ruedas



La primera temporada de The Act
documenta el caso de Gipsy Blanchard.


Deja de fingir
Compuesta de 8 episodios, The Act ~ Season 1 es una serie true crime autoconclusiva protagonizada por Patricia Arquette y Joey King en los papeles de Dee Dee Blanchard y Gipsy Blanchard. Madre e hija mantienen una relación basada en el engaño, fingiendo que la chica padece múltiples condiciones y enfermedades para atraer donativos y otros beneficios económicos. El sitio Rotten Tomatoes le otorga una calificación de 89% por parte de la crítica y un 92% por parte del público.

Visualmente, la serie aprovecha el discurso de la niña enferma—de aspecto tierno y delicado, pero no tan joven—para desplegar un asfixiante estilo kitsch, con muñecos de peluche, atuendos en tonos rosas, pelucas multicolores y demás parafernalia girlie. Las actuaciones son destacables; Arquette obtuvo un premio como Mejor actriz de reparto en miniserie y King fue nominada como Mejor actriz en miniserie en los Primetime Emmy Awards 2019.

El drama se inspira en hechos reales, y con solo un par de clics podrás darle seguimiento a las noticias. Dee Dee Blanchard fue asesinada por Nicholas Godejohn, el novio de Gipsy, el 14 de Junio de 2015. La chica fue condenada a diez años de cárcel, y el muchacho a cadena perpetua por asesinato en primer grado. El documental Gipsy’s Revenge (2018) funge como epílogo y comentario crítico a la ficción dramatizada.






Memorias de un parricidio

El caso de Gipsy escarba en los dolorosos vínculos filiales y las connotaciones psicológicas del control ejercido sobre el cuerpo del otro. Dee Dee Blanchard le había hecho creer a medio mundo que Gipsy padecía leucemia, asma, distrofia muscular y daño cerebral. Nada de eso era cierto. Cuando la chica descubre que puede caminar, consumir azúcares y burlarse de la sobreprotección materna, gestiona los medios para su liberación. A esas alturas, su rabia es enorme.

La fuga de Gipsy, el encuentro con su frágil protector, a quien ella le había conferido rasgos de príncipe azul, recuerda cierta clase de relatos alimentados por un optimismo falaz, típico de los cuentos de hadas, que más tarde se resquebraja debido al peso insoportable de la realidad. The Act recrea la narrativa ingenua de la infancia para subvertirla con una pátina de crudeza. El arco argumental dibuja la trayectoria de un arcoíris desteñido. Cenicienta absurda en silla de ruedas.

Si te gustan las series con elementos dramáticos que ilustran personajes complejos psicológicamente, The Act puede llenar tus horas muertas con un parricidio ejemplar, entretenido y edificante como novela de Dostoyevski. Disponible en Amazon Prime Video.