CONEJOBELGA

02 julio 2020

roger torres agüero_el amor, esa energía



Pensar el amor, amar el pensamiento son los ejes

que activan este breve tratado filosófico.

 

 

A modo de novela filosófica, Hoy he vuelto a escribir, de Roger Torres Agüero describe un encuentro virtual que más tarde será decisivo en la vida del protagonista. Tamara, a quien está dedicado el libro, actúa como interlocutora de una intensa reflexión sobre el amor, la verdad y la realidad. El tratamiento es narrativo y conceptual a partes iguales, como una confesión íntima sobre la naturaleza platónica de las almas, el sentido de la existencia o la armonía de los opuestos. Asuntos que demandan, quizás, el buscador de Google a la mano.

 

Bajo el abrigo de intelectuales como Jaspers o Heidegger, el pensamiento fluye y lo que parece prolegómeno muta hacia la epístola, expande sus alas con fragmentos de prosa poética: adquiere una textura flexible, por momentos tan espontánea y sinuosa como un álbum de jazz. Una de las características más notables del texto es la formulación de preguntas que, a reserva de quien las responda, plantean un juego donde la ficción y la no ficción se traslucen. El narrador desmonta las palabras, observa sus mecanismos internos, la energía detrás de todo lo que es creado.

 

 
 

Esa cualidad de ensamblaje lingüístico—armar y desarmar ideas, frases, aporías, sistemas—le imprime al texto una función crítica: la de analizar supuestos y, solo entonces, adquirir saberes atemporales sobre la naturaleza del ser amado, el sentido último del cosmos y la metafísica que subyace en los límites de la nada. Las respuestas no son tan importantes como esclarecer nuestro pathos existencial. El cogito, ergo sum cartesiano se tropieza con Protágoras: el amor se manifiesta vía Facebook.

 

Pensar el amor, amar el pensamiento son los ejes que activan este breve tratado filosófico. A veces como novela, otras como ensayo, el cauce de las emociones proyecta un testimonio genuino. «Y el alma no conoce de tiempos ni de espacios. Solo conecta seres (dondequiera que estén) y les transmite esa energía», afirma la voz de un internauta impetuoso frente al teclado de la computadora. Hormigueos súbitos, emojis extravagantes, dudas y escepticismo. Quien no haya intentado semejante conexión de almas por wifi que arroje la primera piedra.

 

 
Disponible en Amazon

 

Hoy he vuelto a escribir, 2020

Roger Torres Agüero

Fondo Editorial Cultura Peruana

 

 

Imágenes: Unsplash I Calum Macaulay




30 junio 2020

possessor_cuerpos invadidos



El segundo filme de Brandon Cronenberg

destila refinamiento visual y gore filosófico.

   

Precious and fragile things

Need special handling.

 

Depeche Mode

 

 

Possessor (2020) concentra los elementos gore de Antiviral (2012), el acercamiento mórbido a la sangre y la reflexión filosófica sobre los alcances éticos de la neurociencia. Con honestidad y perversión a partes iguales, Brandon Cronenberg sienta las bases del argumento en los primeros minutos y las lleva a sus últimas consecuencias dramáticas mediante un zoom introspectivo. Hurga en las heridas de sus personajes hasta, literalmente, desquiciarlos. Y no lo hace por afán de efectismo, sino por la lógica y el tono que sus historias exigen, cargadas de nihilismo y soledad.

 

A través de implantes cerebrales, Vos [Andre Riseborough] controla cuerpos inocentes para cometer asesinatos de alto nivel. Es decir, a modo de parásito manipula mentalmente a los autores materiales de tales crímenes. Dirigida por Girder [Jennifer Jason Leigh], regresa al mundo real con secuelas psicológicas que le hacen cuestionar su identidad y la desorientan emocionalmente. La situación se complicará cuando invada el cuerpo de un traficante de drogas [Christopher Abbott] para matar a su suegro [Sean Bean], dueño de una empresa tecnológica.

 

El argumento detona escenas crueles que provocan un crescendo emocionante. Hay elegancia cinematográfica en los homicidios a sangre fría y una construcción de personajes diseñada con frialdad quirúrgica. Todo lo que ocurre en un plano físico, el curso de la acción pura y dura, tiene un trasfondo psicológico que pone en perspectiva la relación causa-efecto, pero a la vez desestabiliza las percepciones del espectador. La identidad como máscara, la hipervigilancia corporativa o los límites de la ciencia aplicada son las esquirlas que se nos clavan en el cuello.

 

Possessor bebe de fuentes conocidas—el cine de Cronenberg Padre, los futuros distópicos de J. G. Ballard, la fragmentación de la realidad llevada al límite por Philip K. Dick—y, sin embargo, fluye en sus 104 minutos, no se dispersa en vanas ambiciones. Los hilos conductores tejen una elaborada trenza hi tech: desde la crítica a la hegemonía del cuerpo hasta el control de los monopolios empresariales, pasando por la fragmentación del yo y el peligroso influjo de la tecnología en el ámbito privado. Aquí Cronenberg Hijo brilla con luz propia.

 

Vale la pena mencionar que, si bien no es excluyente, la trama se dirige a cierto tipo de espectador salvaje que no se arredra con la contemplación de vísceras pero sobrevuela el ámbito del gore en busca de narrativas tortuosas y cerebrales. Si ya has disfrutado los episodios más subversivos de Black Mirror o las pesadillas sanguinolentas de Mariana Enríquez, adelante: lo que verás oscila del asesinato reflexivo a la violencia descarnada sin aburrir, sin adoctrinar. Y eso, en tiempos de Covid19 y caretas de Anonymous, ya es ganancia.





 


28 mayo 2020

a perfect circle_a 20 años de mer de noms



Analizamos la vigencia de un álbum fascinante a dos décadas de su lanzamiento.

 

Con letras más bien crípticas y elaboradas atmósferas sonoras, A Perfect Circle lanzó Mer de noms el 23 de Mayo de 2000. Un álbum importante en todos los sentidos, titulado así por la cantidad de nombres que se incluían a modo de títulos de canciones. Los seguidores de Maynard James Keenan, el vocalista de Tool que ahora se fusionaba con el guitarrista Billy Howerdel, esperaban un disco con la misma tesitura rítmica; sin embargo, esta pieza de arte respira bajo un clima esotérico de resonancias emocionales intensas. Más que derivar en un trabajo de metal progresivo, la primera placa de APC siembra las raíces de una estética misteriosa, sensitiva y mística. Poco a poco, a lo largo de su trayectoria, se consolidará como un proyecto sólido e independiente de la fuente madre.

 



Además de Keenan + Howerdel, el quinteto estaba integrado por Josh Freese (percusiones), Paz Lenchantin (violín) y Troy van Leewen (guitarras). El apartado visual también cosechó un séquito de admiradores que veían en los símbolos rúnicos la oportunidad para tatuarse mensajes ultraestilizados. Mer de noms puede ser apreciado como una obra de arte íntegra, ramificada en imágenes, conciertos, colaboraciones insólitas y una calidad musical sobresaliente. En Febrero de 2019, la prestigiosa revista Metal Hammer comentó que «Mer de noms es más instantáneo, accesible y frágil que cualquier cosa a la que Tool le haya puesto su nombre, pero comparte el mismo tono elegante, la soberbia composición de las canciones y, obviamente, la poderosa voz de su icónico líder.»

 

 

Temas como The Hollow, Magdalena, Orestes, 3 Libras, Renholder o Thomas gravitan alrededor de un planeta desconocido, rojizo, insoportablemente magnético. Exploran los límites del erotismo, la religión, las tragedias griegas y la melancolía de los amores imposibles. No obstante, el conjunto final es más que la suma de sus partes, adquiere un estrato superior debido a la madurez compositiva, el nivel de inmersión emocional y el desesperado encuentro con la belleza. Luego vendrían tres placas más, Thirteenth Step (2003), Emotive (2004) y Eat the Elephant (2018). Con el paso del tiempo, APC deja atrás la disonancia por la armonía, abandona sus consignas trágicas a favor de la protesta política y abre nuevos círculos en búsqueda de la perfección, quizá inalcanzable.

 

En retrospectiva, Mer de noms será su mejor apuesta.