CONEJOBELGA

06 marzo 2019

quién te cantará_yo es otro


Con su tercer filme, Carlos Vermut profundiza en la vampirización y la pérdida de identidad.


1. Playa desierta. Sobre el cuerpo sin memoria de la cantante Lila Cassen [Nawja Nimri], Blanca, su agente [Carme Elías], aplica primeros auxilios. El mar ha enmudecido. Como sustituto dramático, escuchamos los arreglos de una banda sonora ascética, compuesta por Alberto Iglesias. Cuando Lila regrese a casa, no sabrá quién es. Iniciará un viaje. Una búsqueda fallida de su propia identidad. Un proceso de vampirización. Para encontrarse a sí misma, para llenarse nuevamente de sí misma, la diva crepuscular necesitará una imitadora, Violeta [Eva Llorach], que trabaja en un karaoke. En el proceso de trasvase, el drama y la tragedia unirán sus voces.

2. No ser nada ni nadie cuando se pretende lo contrario. No participar del mundo, renunciar a nuestros lazos afectivos. Perderse en el otro. Abismarse.

3. Quien te cantará, el tercer largometraje de Carlos Vermut, se aparta radicalmente de Magical Girl. Sin embargo, persiste la obsesión por desentrañar los dispositivos del pop, sus corrientes interiores, la nostalgia de un pasado irrecuperable, los nudos feroces entre simulacro y existencia. Vermut observa un dragón que se muerde la cola, en un filme eléctrico, de pausada simetría y golpes emocionales rotundos. Los zapatos, el mar, los barcos de papel fungen como símbolos de un artefacto de tortura preparado quirúrgicamente. Si la cámara es un bisturí, nosotros estamos en un quirófano marítimo. Oímos y vemos episodios subyugantes, de una crueldad oceánica.  

4. Morir y resucitar en la música. A través de la música, por la música. Desconectarse una y otra vez. Con aullidos y silencios.

5. Esquirlas en el piso. Por la mañana, cuando Violeta llega a su departamento, descubre el cristal roto de la puerta. Marta, su hija [Natalia de Molina], le hará un escándalo para conseguir dinero. Destrozará, incluso, el disco de vinil que Lila Cassen le había firmado, con una dedicatoria insípida. Más tarde, Violeta expulsa sus demonios a través del karaoke. Al imitar a Lila, se libera. El performance en el que interpreta Como un animal—en voz de Amaral—es de lo mejor que se ha visto, y será recordado como una profecía. Así funciona el cine de Vermut, sus rompecabezas emocionales cobran sentido en retrospectiva. Detectives de la miseria humana, hacemos rewind por masoquismo.

6. Vincularse a las mareas como un animal herido. Restañarse la hemorragia sin zapatos. Dejar atrás nuestras propias huellas. Desaparecer.

7. Quien te cantará ejerce su poder de atracción sobre quienes aman el cine intimista. No le canta a las masas, sino a los individuos. Lo hace a través de un código reconocible: composiciones arraigadas en nuestra educación sentimental, coreografías histriónicas, advertencias apenas disimuladas. En todo se observa una fuerte carga simbólica y diabólica. Vermut describe tal prodigio como una nube con truenos dorados. Al principio, planeaba rodar una película de fantasmas en la que una mujer poseía el cuerpo de otra. Pero el horror ha mutado a un juego de identidades fragmentadas. Diva e imitadora avanzan, retroceden, bordean la catástrofe, se diluyen hasta la extinción. El mar será testigo.






Quién te cantará, 2018
Carlos Vermut
Apache Films + Caramel Films
 

26 febrero 2019

édgar velasco_los yerros galopantes



Fe de erratas, de Édgar Velasco:
un breviario bestiario del pensamiento mágico.




Si decís: Esto es real, el mundo es real, lo real existe (yo lo he encontrado), nadie ríe. Si decís: Esto es un simulacro, no somos más que un simulacro, esta guerra es un simulacro, todos se parten de risa. Con una risa de conejo y condescendiente, o convulsiva, como ante una broma pueril o una proposición obscena. Todo lo que se refiere al simulacro es tabú u obsceno, al igual que lo que se refiere al sexo o a la muerte. Sin embargo, lo que es obsceno es más bien la realidad y la evidencia. La verdad es lo que tendría que darnos risa. Cabe imaginar una cultura en la que todos rían espontáneamente cuando alguien dice: Esto es verdad, esto es real.


Jean Baudrillard, El crimen perfecto


La paradoja del mentiroso

1. Fe de erratas es un libro accesible, artefacto conveniente para irse a la playa, hacer tiempo en una plaza comercial o procrastinar un domingo por la mañana, en vez de ir a misa. Leerlo en lugares públicos activa la crítica social; basta con mirar de reojo la falda de la chica sentada frente a nosotros—con el pretexto del texto—o prestar atención al francés iracundo en el autobús turístico que vocifera a 35 grados de temperatura. Es un libro que indaga en los miedos recurrentes de una sociedad que por creer en todo, termina creyendo en nada. Repara en el error de cálculo al momento de interactuar con el cosmos. Capta nuestras propias ideas equivocadas, nuestros yerros galopantes. Nuestro gran simulacro.

2. En este volumen desfilan un par de ojos sádicos en el cuerpo del donante, cenizas de progenitores adictos al béisbol, mujeres devotas que le rezan a una virgen hastiada, viudas vampíricas y ancianos vengativos. Las tramas, hilarantes o esperpénticas, dramáticas o sensacionalistas, sirven como termómetro de la locura humana, siempre dispuesta a pellizcarnos. Una niña en un pony de plástico cabalga junto a mí, en este momento. Un par de adolescentes me venden chocolates para el viaje imposible de su amigo imaginario. El anuncio de la plaza comercial, con lenguaje académico, informa: La realidad es solo percepción. Y ahora Fe de erratas se apropia del mundo, según veo.


Relativismo y traición

3. Édgar Velasco abre las ventanas a lo religioso, a lo indecible, de forma sarcástica, como si lo místico fuera una acrobacia de la imaginación, un resbalón patafísico. Ridiculiza los prejuicios de una sociedad mexicana que transita entre la nota roja y el puritanismo, el fútbol y los secuestros. Quizá no los retrata en tono moralizante, quizá no ejerce ninguna catarsis trágica. Más bien afila un sentido del humor malicioso, pero al mismo tiempo desesperado, negro y amarillo. Y dispone de recursos que aderezan su imaginario con giros fantásticos. Un pez nihilista, un perro cínico. La fauna nos mira, recelosa. Fe de erratas es un libro sobre los errores de juicio, la incredulidad y el bestiario de lo cotidiano.

4. Por un lado, acomete contra sesgos, obsesiones y lecturas fallidas. Por el otro, deja en manos del lector la posibilidad de conmoverse ante situaciones-límite de personajes tristísimos. En filosofía, Karl Popper introdujo el término falsacionismo para designar el proceso de blindaje de toda teoría científica. Basta con refutarla mediante un contraejemplo, y observar en qué punto de la racionalidad nos encontramos. Lo curioso aquí es cómo el autor mexicano atribuye a los procesos mentales de sus criaturas un arsenal de creencias surrealistas, capaces de moverlos hacia el delirio por la vía racional. ¿Cuál será el próximo puñetazo de nuestras ficciones? ¿En las narices de quién quedará estampado? Etcétera.


(M)ateo 17:20

5. Si, a final de cuentas, la realidad nos abofetea con sus ridículos simulacros a toda hora, Velasco contraataca mediante el humor ácido, las historias truculentas y el sabor de la desgracia real—como lo haría un sepulturero. Y le cobra diente por diente cada gancho, cada rasguño, a través de un espejo nada promisorio, con destellos periodísticos. Eso, en el caso de que la realidad sea el punto de partida. Si las historias aquí reunidas son ficciones puras & duras, casualmente inspiradas en sucesos que superaron la barrera del amarillismo en pro de un mejor futuro, bienvenidas sean. En ciertos ámbitos, la provocación mueve montañas. A unos cuantos metros, la idílica niña del pony está vomitando. Por fin.


Fe de erratas
Édgar Velasco
Paraíso Perdido, 2018

 

19 febrero 2019

simona vinci_el cuerpo como objeto


En todos los sentidos, como el amor, de Simona Vinci, rastrea las pasiones de la piel.

 
1. La soledad del cuerpo. Su vergüenza y degradación. En él habitan los sentidos y con ellos se vive el amor. El amor es como una hoja afiladísima que hiere al cuerpo, lo desdeña.

En los trece cuentos que conforman En todos los sentidos, como el amor, Simona Vinci nos presenta la voz de personajes que aman. Alejada de una postura moralista, la autora nos habla del amor que existe en la apreciación de un cadáver, en el incesto, en el suicidio, en prácticas que nos negamos a ver como sinónimos de belleza. Habla de las pasiones de la piel. No se inmuta, sus letras caminan sin miedo.

2. El cuerpo conduce a la inmersión, es el guía y el objeto donde se desarrolla cada historia. Para hablar del amor se habla del cuerpo y viceversa. En la esfericidad del libro, no pueden prescindir uno del otro. 

“La extraña dirección que adopta el amor algunos días”—frase de Agosto negro, primer cuento del libro—es una de las tantas que proponen una descripción única. “El amor es una solución atmosférica, es potasio y yodo, es delirio” o “el amor sin sentido es un vértigo” son otro par de momentáneas definiciones. Pero el propio texto responde que no hay una sola forma de erotismo. Cada personaje lo vive de modo diferente y lo lleva al precipicio de sus propios límites.

3. Escribe la autora italiana: “no conozco definiciones del amor, no conozco ninguna forma de detectarlo con seguridad. Al amor nos acercamos con símiles, puesto que no poseemos una fisonomía clara de él. He intentado salir de mí misma para atisbar la verdad de los otros. He intentado sentir las obsesiones que nos acompañan en los tiempos que vivimos y en el fondo de todas, o casi, he encontrado el cuerpo. El cuerpo, residuo último de la vitalidad y de la posesión; todos tenemos un cuerpo, quizás el único poder que nos queda. Cuando ya no queda nada sobre lo que actuar, siempre queda el cuerpo.”

La narrativa de Vinci sobresale por la construcción de ambientes. El olor de un hospital, las paredes de una casa, los ingredientes de una sopa, son elementos simultáneos a la sensación de los personajes. El color ocre surge de manera fresca y luminosa, nivela las percepciones amargas que pueden generar las historias. Como una forma de decir: esto también es belleza, es amor.


En todos los sentidos, como el amor
Simona Vinci
Anagrama, 2001