ConejoBelga
entrevistó
a Bob
Starship,
diseñador gráfico especializado en arte lowbrow,
teorías de conspiración y
autores subversivos.
CAPILLA
Un
día, cuando ya había renunciado a la agencia de publicidad en la que trabajaba,
lejos de Mérida, pensé: En algún momento de mi vida, voy a tener un Rothko,
y lo primero que voy a hacer es ponerle un altar, porque la fe es abstracta.
¿Y sabes qué pasó? Después me enteré que él tenía una capilla.
MERCADOTECNIA
No
es necesario que la obra artística te transmita algo, pero sí que tenga algún
mérito. Mi idea en realidad es llegar a un público joven, millennials y centennials.
Para los viejos tengo pintura, algo que ellos puedan pagar.
Estoy
usando la mercadotecnia para hacer mi arte. Aquí es donde me molesta Damien
Hirst, porque hace cosas estúpidas. Considero que muchas obras de arte
contemporáneo son chistes, son gags de artistas para artistas. Pero un
artista no te va a comprar tu arte. ¿Entonces a quién le tienes que llegar? Al
público. ¿Y cómo lo tienes que hacer? Pues identifícate con el público.
SURREALISMO
POP
Lo
que está de moda ahorita con los tatuajes, por ejemplo—los animalitos feos e
imágenes perturbadas—, se está volviendo famoso gracias a los raperos. Es arte
fácil. Como Dalí, que no vendía pintura sino su propia personalidad.
Últimamente
he revisado una tendencia interesante, el lowbrow. Todos sus artistas se
alimentan del pop, los chistes, los sarcasmos, se burlan tanto de los
feministas como de los machistas. Ahora, estoy clavadísimo con el surrealismo
pop.
Por
cierto, ¿ya viste la caricatura Over the Garden Wall? Cabrón, vas a
llorar. Es una serie de 10 capítulos. Elijah Wood hace la voz. Ahorita, mi man
crush es Elijah Wood [risas]. Lo amo.
DESTRUCCIÓN
Es
una contradicción cabrona, porque necesito entrar a todos los círculos para ver
en cuál me quedo, en cuál me aceptan, pero, al mismo tiempo, me cagan todos los
círculos, porque ya están muy maleados. Entre sí los miembros ya se tiran
mierda, y no es constructivo. Yo igual lo hago, todos los hacemos, pero coño,
si vamos a intentar hacer que Mérida sea un nido de artistas, tampoco debería
haber tanta destrucción.
Te
puedo decir que soy ególatra, pero celoso no. Si me preguntas cómo hice algo,
te respondo Cabrón, mira, vamos a hacerlo. Comparto conocimiento.





AUTORES
Ni
siquiera soy tan inteligente, ni siquiera soy un genio, pero a veces me cuesta
trabajo hablar con las personas de Mérida. ¿Por qué los hijos de puta como
Johnny Cash, Ian Curtis, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse, es más,
hasta Simón Bolívar—chinga su madre—sabían que eran herramientas para cambiar
lo que estaban viviendo? A ese punto quiero llegar.
¿Sabes
qué me afectó mucho? Una madre que me dijiste de Fernando Pessoa, esa madre de
que se quiso desaparecer, y que su apellido significa persona. He tenido
varias catarsis durante estos meses—y todavía tengo un chingo de cargas. La
verdad es que he estado encerrado desde hace mucho tiempo, así que el único que
me puede comprender soy yo [risas].
TEORÍA
PUNK
No
uso óleos, no sé cómo usarlos. Pinto con acrílicos, que no cuestan demasiado.
Estoy trabajando sobre una misma pieza en distintos formatos: pintura,
ilustración, tatuaje. Quiero estar experimentando. De hecho, por eso quiero
estudiar una licenciatura en Artes Visuales. Quiero teoría.
Toda
mi vida cabe en una caja de 60 x 90 cm, y encima hay una pirámide de libros.
Eso es todo. En la Ciudad de México, me clavé leyendo a ciertos autores como
Kerouac, Bukowski, Burroughs y Pizarnik. Todo muy punk.
NOVELA
NOIR
Quiero
hacer una novela noir, en seis tomos. Ya tengo la premisa. Es sobre un escritor
que ha publicado libros como The Lord of the Rings, pero ya está
en el declive de su carrera; su último título no tuvo nada de éxito. En una
entrega de premios, le dicen que sus obras son obsoletas. Y un día recibe una
carta a su dirección postal que era para el FBI. El remitente es una mujer
llamada Sherly Thompson, quien le advierte de un complot, un conflicto equis
que destruirá a la humanidad. El vato se clava con la carta, empieza a
investigar y descubre que el contenido de la misma tiene sentido, pero la
persona no existe. Sigue investigando, acude a los lugares mencionados y al final
resulta que la mujer era una esquizofrénica. Él queda loco, y ella termina
matando a su esposo.
STAND
UP
En
algún momento quise hacer stand-up. Pero luego entendí que eso ya es mi
vida [risas]. Si eres publicista y no quieres llamar la atención, estás
jodido. Entra a un claustro, a la verga.
Bob Starship / Mentiras peludas
Edición de textos: Christian
Núñez
Imágenes: Cortesía
Bob Starship + ConejoBelga
MOM
HAS
MANY FACES
Bob Starship Visuales
ConejoBelga Textos
Deer
Encima de la mesa de los niños cantores
El incendio de las cosas materiales
Los lápices ardiendo tenuemente
Cajas de libros
Viento.
Dear
Hablábamos de ti aquella noche.
Escuché disparos y corrí a la cocina.
Entonces mi propio cadáver resucitó.
Y dijo desde la puerta:
Vete.
Dürer – Melancholia
Nadie se imagina lo que representa
Moverse a dos pies
Abrazados
Ella encima de mí
Poseída por el demonio.
Vintage
Recuerdo
a mi padre gritando en medio de una multitud de hormigas. Vomitaba sangre y no
sabíamos qué hacer. Si llamar a la policía, pedir una ambulancia o dejar que la
locura lo destruyera. Pusimos un disco de Roberto Carlos.
Fado
Tristeza me preguntó qué haré el fin de semana.
Voy a seguir vivo, le dije.
En ese caso me voy, respondió.
Pero sigue aquí.
Gift
El día de su cumpleaños, recibe un telegrama.
Los padres venden sus juguetes, la canalizan con profesionales. Cierra los
ojos, le piden, incluso. Cuando los abre de nuevo, está en un campo de
concentración.
Little ninja
Floto entre dientes de león
Y toda esa belleza
Me abandona.

Lost suitcases
El
ambiente de la oficina era más bien saludable y a nadie podía serle demasiado
molesto. La mesa tampoco era demasiado grande ni estaba saturada de cosas. Nada
era demasiado. En ocasiones de fulminante aburrimiento, si no había muchos
pendientes, fumaba con un amigo en el patio. El amigo solía comprar cigarros y
los compartía con él. Platicaban quince minutos. En verano, las nubes altas,
pavorosamente limpias, eran taladradas por pequeñas aves negras. Si volaban más
allá se perdían, mientras el sol iba repartiéndose por el mundo. Diariamente
leía el periódico en su computadora, cuyo procesador vomitaba la misma crisis.
Y se conectaba a las redes sociales, pese a no tener demasiados amigos. Era un
tipo normal. Cuando entraba al baño casi nunca usaba el inodoro. Prefería
orinar en el lavabo. A menos que cagara. Cuando tenía dolor de estómago,
prefería reportarse y hacerlo en casa. Lo había hecho en ciertas ocasiones,
cagar, en su casa, en su inodoro, para que nadie oyera sus pedos. A veces ponía
música. Pequeños placeres. También eso era un atenuante. No sabía exactamente
contra qué o contra quiénes. La música, la mierda, el trabajo. Con sus padres
mantenía una relación de respeto y distancia. Con sus antiguas novias
únicamente de distancia. Consigo mismo no mantenía ninguna relación.
Demoraba
en conciliar el sueño. En su juventud pensaba en la muerte. Ahora pensaba en el
vacío. Un dormitorio vacío. Una casa vacía. Un corazón vacío. Soñaba con
cientos de agujeros imposibles de llenar con tierra. Que sus padres lo
abrazaban y le decían: feliz cumpleaños. Que su perrita, en traje sastre de
rombos, se despedía para ir al trabajo y jamás la volvía a ver. Soñaba que
debía contabilizar muchos cuadrados negros, parecidos a los cubos de Rubik,
memorísticamente. Y se confundía. Y se confundía. Y se confundía. Soñaba que su
primo, muerto hace varios años en un accidente automovilístico, le hablaba de
la lluvia en una camioneta. Y que la madre de su primo le obsequiaba sus
pantalones de mezclilla, sus calcetines, pero sin llorar. Desquitaba el
insomnio escribiendo. Encendía la computadora, se masturbaba. El psicólogo le
dijo que él era un huérfano, una pequeña herida de la que nadie se hizo cargo.
Fumaba sin afligirse, sin la sensación de que sus músculos le degollarían de algún
modo en una conspiración universal. Sus venas con las maletas preparadas y los
ojitos vacilantes. Un día le confesaron que se habían enamorado de él. Recibió
una carta, luego otra, diez cartas idénticas. De pronto se interrumpieron. Se
olvidó del asunto y siguió con su vida. Tenía las cosas bajo control. Aquella
tarde se convirtió en pájaro.

Antes de que te diagnostiques con depresión
o baja autoestima, primero asegúrate
de no estar rodeado de idiotas.
Sigmund Freud