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junio 23, 2025

maggie taylor_surrealismo adobe



La nostalgia es onírica.   


Maggie Taylor y sus mundos oníricos habitados por objetos de uso cotidiano extienden la vigencia del surrealismo en la ilustración digital. Si el inconsciente está estructurado como un lenguaje, según Lacan, Taylor se ha rodeado de arquetipos infalibles para darle sustancia a su discurso—desde la Alicia de Lewis Carroll hasta los peces de Magritte, recorriendo los ambientes bucólicos de Remedios Varo, la pulcritud artesanal de Max Ernst y la subterránea consistencia de lo absurdo en los ambientes rurales de la Norteamérica decimonónica. Fascinante genealogía fundada con apariciones de conejos, huesos de pájaros a lo Jan Svankmajer, señoras solemnes que deambulan con cisnes en los jardines y hombres enterrados a mitad del campo nebuloso. Las dislocaciones de sentido cultivan metáforas graciosas, dotadas de misterio y anacronismo lúdico, de tal suerte que éstas bien podrían ser las amables pesadillas de Amélie Poulain. Nada oscuro hallaremos al otro lado del espejo, y si acaso la contemplación de los paisajes agita el mecanismo de la nostalgia, bastará sintonizar una vieja estación radiofónica en la que suene un organillo para mantener las pequeñas lágrimas en suspenso. 

El surrealismo deja en suspenso las definiciones, pero la libertad que predicaba difícilmente era gratuita. Nuestro inconsciente funciona con reglas y bastará una revisión a sus precursores para saber que el delirio y la técnica ejecutaban un emotivo vals en las pinturas más célebres del movimiento. Giorgio de Chirico tenía dotes de urbanista y sus plazas desiertas con leones y esculturas híbridas dejaron lecciones valiosas a los videntes del futuro. Lacan en su explicación del nudo borromeo dice que el sujeto está constituido sólidamente por los registros de lo real, lo imaginario y lo simbólico. En el tercer círculo se ubica el lenguaje, a través del cual se genera el pensamiento y la identificación del yo con la cultura. Lo real no puede conocerse. Lo real se transita pero jamás lo aprehendemos, es «lo que no cesa de no escribirse». Nuestro pensamiento se construye mediante representaciones de lo real a través de lo simbólico y las imágenes/conceptos como una cámara fotográfica. Lo simbólico abre puertas, entra en contacto con el deseo y su inmediatez. De tal modo que cuando miramos un pez, podemos recordar a nuestra madre y remitirnos a la famosa frase de William Faulkner en Mientras agonizo. El surrealismo es una disección espiritual. 

La obra de Maggie Taylor acelera la eficacia poética de las neuronas. Sus paisajes funcionan como vendas en una operación a corazón abierto y párpados cerrados. Magia y misterio practican un sabbath con texturas vintage donde lo femenino se manifiesta en la paleta de colores, las escenografías, los personajes y los incomprensibles entornos. En el sitio web de la ilustradora su trabajo se divide en 5 series (LadiesGentlemenBoys & GirlsThis & That y Almost Alice) y 4 libros de impecable diseño editorial. Sin embargo, se echa de menos la perspectiva más arriesgada del surrealismo. La de Buñuel y Dalí imaginando sacerdotes arrastrados por pianos; la de Bataille haciendo apología de los huevos y los ojos en sus novelas eróticas; la de Lautréamont en las orillas del crimen y la locura; la de Artaud y su exaltación de la crueldad. El suyo es un surrealismo enlatadito como la Sopa Campbell, muy digerible en términos comerciales y creativos. Ideal para freaks que no lo parecen. Comentario al margen: su marido, el fotógrafo norteamericano Jerry N. Uelsmann, también hace incursiones en el inconsciente sin recurrir a la paleta de colores. El reino del blanco y negro le sienta bien.  



Welcome, freaks.


Publicado originalmente en El MACAY en la cultura
Diario de Yucatán [12.12.2011]



febrero 07, 2019

bob starship_mentiras peludas


ConejoBelga entrevistó a Bob Starship,
diseñador gráfico especializado en arte lowbrow, teorías de conspiración y autores subversivos.

 

CAPILLA
Un día, cuando ya había renunciado a la agencia de publicidad en la que trabajaba, lejos de Mérida, pensé: En algún momento de mi vida, voy a tener un Rothko, y lo primero que voy a hacer es ponerle un altar, porque la fe es abstracta. ¿Y sabes qué pasó? Después me enteré que él tenía una capilla.
  
MERCADOTECNIA
No es necesario que la obra artística te transmita algo, pero sí que tenga algún mérito. Mi idea en realidad es llegar a un público joven, millennials y centennials. Para los viejos tengo pintura, algo que ellos puedan pagar.  

Estoy usando la mercadotecnia para hacer mi arte. Aquí es donde me molesta Damien Hirst, porque hace cosas estúpidas. Considero que muchas obras de arte contemporáneo son chistes, son gags de artistas para artistas. Pero un artista no te va a comprar tu arte. ¿Entonces a quién le tienes que llegar? Al público. ¿Y cómo lo tienes que hacer? Pues identifícate con el público.
 
SURREALISMO POP
Lo que está de moda ahorita con los tatuajes, por ejemplo—los animalitos feos e imágenes perturbadas—, se está volviendo famoso gracias a los raperos. Es arte fácil. Como Dalí, que no vendía pintura sino su propia personalidad.

Últimamente he revisado una tendencia interesante, el lowbrow. Todos sus artistas se alimentan del pop, los chistes, los sarcasmos, se burlan tanto de los feministas como de los machistas. Ahora, estoy clavadísimo con el surrealismo pop.

Por cierto, ¿ya viste la caricatura Over the Garden Wall? Cabrón, vas a llorar. Es una serie de 10 capítulos. Elijah Wood hace la voz. Ahorita, mi man crush es Elijah Wood [risas]. Lo amo.
 
DESTRUCCIÓN
Es una contradicción cabrona, porque necesito entrar a todos los círculos para ver en cuál me quedo, en cuál me aceptan, pero, al mismo tiempo, me cagan todos los círculos, porque ya están muy maleados. Entre sí los miembros ya se tiran mierda, y no es constructivo. Yo igual lo hago, todos los hacemos, pero coño, si vamos a intentar hacer que Mérida sea un nido de artistas, tampoco debería haber tanta destrucción.

Te puedo decir que soy ególatra, pero celoso no. Si me preguntas cómo hice algo, te respondo Cabrón, mira, vamos a hacerlo. Comparto conocimiento.









AUTORES
Ni siquiera soy tan inteligente, ni siquiera soy un genio, pero a veces me cuesta trabajo hablar con las personas de Mérida. ¿Por qué los hijos de puta como Johnny Cash, Ian Curtis, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse, es más, hasta Simón Bolívar—chinga su madre—sabían que eran herramientas para cambiar lo que estaban viviendo? A ese punto quiero llegar.

¿Sabes qué me afectó mucho? Una madre que me dijiste de Fernando Pessoa, esa madre de que se quiso desaparecer, y que su apellido significa persona. He tenido varias catarsis durante estos meses—y todavía tengo un chingo de cargas. La verdad es que he estado encerrado desde hace mucho tiempo, así que el único que me puede comprender soy yo [risas].


TEORÍA PUNK
No uso óleos, no sé cómo usarlos. Pinto con acrílicos, que no cuestan demasiado. Estoy trabajando sobre una misma pieza en distintos formatos: pintura, ilustración, tatuaje. Quiero estar experimentando. De hecho, por eso quiero estudiar una licenciatura en Artes Visuales. Quiero teoría.

Toda mi vida cabe en una caja de 60 x 90 cm, y encima hay una pirámide de libros. Eso es todo. En la Ciudad de México, me clavé leyendo a ciertos autores como Kerouac, Bukowski, Burroughs y Pizarnik. Todo muy punk.


NOVELA NOIR
Quiero hacer una novela noir, en seis tomos. Ya tengo la premisa. Es sobre un escritor que ha publicado libros como The Lord of the Rings, pero ya está en el declive de su carrera; su último título no tuvo nada de éxito. En una entrega de premios, le dicen que sus obras son obsoletas. Y un día recibe una carta a su dirección postal que era para el FBI. El remitente es una mujer llamada Sherly Thompson, quien le advierte de un complot, un conflicto equis que destruirá a la humanidad. El vato se clava con la carta, empieza a investigar y descubre que el contenido de la misma tiene sentido, pero la persona no existe. Sigue investigando, acude a los lugares mencionados y al final resulta que la mujer era una esquizofrénica. Él queda loco, y ella termina matando a su esposo.


STAND UP
En algún momento quise hacer stand-up. Pero luego entendí que eso ya es mi vida [risas]. Si eres publicista y no quieres llamar la atención, estás jodido. Entra a un claustro, a la verga.
   
Bob Starship / Mentiras peludas
Edición de textos: Christian Núñez
Imágenes: Cortesía Bob Starship + ConejoBelga

 


  MOM HAS
MANY FACES
 Bob Starship Visuales
ConejoBelga Textos  




 Deer
Encima de la mesa de los niños cantores
El incendio de las cosas materiales
Los lápices ardiendo tenuemente
Cajas de libros
Viento.
 
Dear
Hablábamos de ti aquella noche.
Escuché disparos y corrí a la cocina.
Entonces mi propio cadáver resucitó.
Y dijo desde la puerta:

Vete.
  
Dürer – Melancholia
Nadie se imagina lo que representa
Moverse a dos pies
Abrazados
Ella encima de mí
Poseída por el demonio.



 Vintage
Recuerdo a mi padre gritando en medio de una multitud de hormigas. Vomitaba sangre y no sabíamos qué hacer. Si llamar a la policía, pedir una ambulancia o dejar que la locura lo destruyera. Pusimos un disco de Roberto Carlos.
 
Fado
Tristeza me preguntó qué haré el fin de semana.
Voy a seguir vivo, le dije.
En ese caso me voy, respondió.

Pero sigue aquí.
  
Gift
El día de su cumpleaños, recibe un telegrama. Los padres venden sus juguetes, la canalizan con profesionales. Cierra los ojos, le piden, incluso. Cuando los abre de nuevo, está en un campo de concentración.
 



 Little ninja
Floto entre dientes de león
Y toda esa belleza
Me abandona.




 Lost suitcases
El ambiente de la oficina era más bien saludable y a nadie podía serle demasiado molesto. La mesa tampoco era demasiado grande ni estaba saturada de cosas. Nada era demasiado. En ocasiones de fulminante aburrimiento, si no había muchos pendientes, fumaba con un amigo en el patio. El amigo solía comprar cigarros y los compartía con él. Platicaban quince minutos. En verano, las nubes altas, pavorosamente limpias, eran taladradas por pequeñas aves negras. Si volaban más allá se perdían, mientras el sol iba repartiéndose por el mundo. Diariamente leía el periódico en su computadora, cuyo procesador vomitaba la misma crisis. Y se conectaba a las redes sociales, pese a no tener demasiados amigos. Era un tipo normal. Cuando entraba al baño casi nunca usaba el inodoro. Prefería orinar en el lavabo. A menos que cagara. Cuando tenía dolor de estómago, prefería reportarse y hacerlo en casa. Lo había hecho en ciertas ocasiones, cagar, en su casa, en su inodoro, para que nadie oyera sus pedos. A veces ponía música. Pequeños placeres. También eso era un atenuante. No sabía exactamente contra qué o contra quiénes. La música, la mierda, el trabajo. Con sus padres mantenía una relación de respeto y distancia. Con sus antiguas novias únicamente de distancia. Consigo mismo no mantenía ninguna relación.

Demoraba en conciliar el sueño. En su juventud pensaba en la muerte. Ahora pensaba en el vacío. Un dormitorio vacío. Una casa vacía. Un corazón vacío. Soñaba con cientos de agujeros imposibles de llenar con tierra. Que sus padres lo abrazaban y le decían: feliz cumpleaños. Que su perrita, en traje sastre de rombos, se despedía para ir al trabajo y jamás la volvía a ver. Soñaba que debía contabilizar muchos cuadrados negros, parecidos a los cubos de Rubik, memorísticamente. Y se confundía. Y se confundía. Y se confundía. Soñaba que su primo, muerto hace varios años en un accidente automovilístico, le hablaba de la lluvia en una camioneta. Y que la madre de su primo le obsequiaba sus pantalones de mezclilla, sus calcetines, pero sin llorar. Desquitaba el insomnio escribiendo. Encendía la computadora, se masturbaba. El psicólogo le dijo que él era un huérfano, una pequeña herida de la que nadie se hizo cargo. Fumaba sin afligirse, sin la sensación de que sus músculos le degollarían de algún modo en una conspiración universal. Sus venas con las maletas preparadas y los ojitos vacilantes. Un día le confesaron que se habían enamorado de él. Recibió una carta, luego otra, diez cartas idénticas. De pronto se interrumpieron. Se olvidó del asunto y siguió con su vida. Tenía las cosas bajo control. Aquella tarde se convirtió en pájaro.



Antes de que te diagnostiques con depresión
o baja autoestima, primero asegúrate
de no estar rodeado de idiotas.

Sigmund Freud