CONEJOBELGA

18 agosto 2021

nuestra parte de noche_línea de sangre



En su exploración del terror con elementos de crítica política y social, Mariana Enriquez crea un artefacto literario en sintonía con autores como Ernesto Sabato y Stephen King.


 

Nuestra parte de noche (2019), de Mariana Enriquez, relata la historia de una poderosa familia involucrada en sangrientos rituales, en el corazón de la selva argentina, y de cómo intenta perpetuar ese legado a través de un médium y su hijo. Es una novela de 667 páginas, dividida en 6 partes, que termina girando sobre su propio eje gracias a un ingenioso sistema de tiempo, espacio y acción. Los intereses temáticos que Enriquez dominaba en los dos libros de relatos publicados en Anagrama, espeluznantes como un par de mellizos malvados—Los peligros de fumar en la cama + Las cosas que perdimos en el fuego—, se amplían ahora en una polifónica estructura de voces alucinadas, donde muertos y desaparecidos por la dictadura argentina siguen flotando en pesadillas y trances. 


En Mariana Enriquez lo político es consustancial para fijar sus fobias y filias. No hay terror sin enfrentamiento con realidades turbias, muchas de las cuales ya se han documentado periodísticamente. En sus numerosas entrevistas, la escritora suele aportar datos complementarios, mencionar referencias. Como el caso de Omaira Sánchez, la niña colombiana cuya muerte a causa de un deslave volcánico fue televisada en 1985. El mecanismo mediante el cual se integran sucesos policíacos a tramas contiene tanto crítica social como pertinencia narrativa. La técnica, que también se observa en la producción de Stephen King, consiste en alternar varias capas de realidad a la ficción de manera dosificada. Hay suficiente elegancia en su modo de hacer sufrir a través de golpes emocionales.


Nuestra parte de noche incluye secuencias donde el terror seco, la violencia súbita y la angustia son tangibles. Aludir al terrorismo de estado durante la dictadura y ambientar el primer bloque de sucesos en un contexto turbio, de sonrisas ambiguas y falsas amabilidades, genera más miedo que un fantasma. También veremos fantasmas: todos los desaparecidos están frente a nosotros. Tras la muerte de Rosario, su esposa, Juan y el pequeño Gaspar viajan en auto hasta la casa donde Mercedes los recibirá en Puerto Reyes. Sabemos que el asunto terminará mal. La suegra es perversa; ella y la Orden están obsesionados con la inmortalidad—transferir su conciencia a otro cuerpo—y nosotros debemos caminar entre tinieblas, por senderos que recuerdan a las ilustraciones de Alfred Kubin.


La Oscuridad es un dios que solo Juan puede invocar, pese a sus problemas cardíacos. Esto lo convierte en un ser frágil, desconfiado. Enriquez consigue crear un personaje complejo, aislado socialmente, cuyo hijo heredará los mismos patrones. Ese legado inevitable convierte a Gaspar en un prisionero de una cárcel sin muros. Porque tiene a la Orden a sus espaldas, y aunque jamás los haya visto, es capaz de intuir el mal. La paranoia por una amenaza invisible lo está enloqueciendo: Gaspar huye de algo que está en su interior. Los dos bloques narrativos de sus aventuras con Vicky, Adela y Pablo, primero durante la infancia y luego en la adolescencia, son entrañables y tristísimos, nostalgia hardcore como en Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist. 


Pero aquí no hay vampiros, sino una casa que hace desaparecer a las personas. Quizá, también, los ecos de Shirley Jackson. Y mucha, muchísima sangre.  


Los homenajes remiten tanto al Informe sobre ciegos de Sabato como a It de King, pasando por Cumbres borrascosas de Brontë, dioses primigenios marca Lovecraft, imaginarios ocultistas del gótico inglés y canciones de Bowie, quien hace un par de cameos. Lo malo: en detrimento del ritmo, se acumulan demasiados nexos argumentales que eslabonan pasado y presente. Lo bueno: dado que se trata de un artefacto literario cerrado sobre sí mismo, como el reloj en Cronos de Guillermo del Toro, este monstruo sagrado se ha ganado un sitio de honor en la narrativa contemporánea. Sabato: “Existe una belleza trágica, que puede ser tenebrosa. La belleza tenebrosa de ciertos sueños, por ejemplo. Lo que pasa es que la palabra belleza es muy proclive a ser frivolizada. Porque lo lindo nunca puede ser trágico o tenebroso. La belleza, sí.” 


Desde ya les anticipo que el cierre es devastador.  


Nuestra parte de noche. Mariana Enriquez. Anagrama, 2019.

 

10 agosto 2021

landings 6 + 7_postal cubana


La Habana, Cuba. El 16 de Noviembre de 2007 se inauguraron las ediciones 6 + 7 de landings en dos espacios de Casa de las Américas, la Galería Latinoamericana y la Galería Haydée Santamaría, respectivamente. Artistas visuales de Cuba, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Puerto Rico, Belize/USA y México, orquestados por Joan Duran, concibieron los landings más elementales a partir del sonido y la electricidad.






Euforia


En un cuaderno amarillo tomaré nota de todo. 


Es un diez de noviembre de 2007. Llego a La Habana por la tarde, con Pepe y Alberto. Ya nos esperan en el aeropuerto y, tras el aterrizaje, somos trasladados a la residencia para estudiantes de Casa de las Américas (CA). El crepúsculo es tan hermoso como fascinante. En el malecón, Rubén, de unos treinta años, nos pide dulces para su hija. Intenta ir hasta nuestra habitación. Pepe lo trata con frialdad. 


Por la noche, caminamos a casa de Samuel, ubicada en El Cerro. Esperamos el autobús en un parque. El camión se llena todavía más. Vamos a una fiesta desconocida, felices. Gritamos. Será nuestra bienvenida, la primera y más apoteósica. Pepe, Alberto y yo volvemos en taxi a la residencia. Antes de subir al doceavo piso, paseamos de nuevo por el malecón. Hemos visto a Rubén. Le digo “acompáñame, te daré los dulces” y se queda en la entrada del edificio, esperando. Nunca lo volveremos a ver.


 

Publicidad


He visto aquí al menos tres tipos de carteles publicitarios: los de ideología comunista, los que acusan a Estados Unidos por el bloqueo económico y los que promueven la lectura. Burger King, Macdonald´s o Coca-Cola son franquicias ausentes. Se venden productos sustitutos. Una marca de cigarrillos cubanos se llama Hollywood. Víctor, artista de El Salvador, burlándose de la mercadotecnia, la piratería y la imitación de modelos norteamericanos, va a presentar una serie de películas apócrifas en la Galería Haydée Santamaría. Las portadas incluyen premios en festivales de cine que jamás existieron. Cuando abro los estuches, descubro que están vacíos. 


Por un lado, se montan todas las piezas que funcionan a base de energía solar y, por el otro, se instalan dispositivos de audio. Un par de chicos juegan en la terraza durante el montaje. El más grande camina de cabeza con las manos. El menor se contorsiona. Pepe y Alberto los fotografían. Mientras realizan su performance, alguien intenta vendernos una falsa moneda conmemorativa del Che Guevara. El vigilante les pide a todos que se marchen. Tres días después conozco a Franklin, un escritor de Nueva York, afuera de la galería. Hablamos sobre el silencio. Barremos hojas secas.


 

Lucky


Los edificios y las casas pertenecen a su propio tiempo. La arquitectura presenta corrosión. El agua carcome las paredes. Es fácil percibir el impacto de la sal sobre construcciones, aparatos eléctricos y escaleras. A lo anterior habría que añadir que tantos automóviles viejos imprimen una atmósfera de filme clásico a la escenografía. La vida en La Habana se detuvo. Los perros duermen, la ropa cuelga, las chicas viajan en autos antiguos y cada muro paga su tributo al mar. Pero los elementos en conjunto son increíblemente hermosos. 


Entre las jineteras, había una muchacha infectada de sida que tenía un perro llamado Lucky.


 

Episodio K


Desde mi llegada, intento resolver un problema con la tarjeta de débito que había comprado en Mérida. Alberto y yo recorremos más de tres cajeros y dos bancos, pero no logro retirar efectivo. Luego acudimos a la oficina de Caribbean Transfers. Esperamos un poco. La secretaria me entrega un número telefónico. “Habla con Viena”, me dice, como si se tratara de una operación secreta. Regreso a la residencia. Marco el número. Tras un par de llamadas, la mujer al otro lado del teléfono resuelve el asunto en media hora. La tarjeta se había bloqueado. El domingo, cuando intenté sacar dinero por primera vez, había tecleado incorrectamente mi clave tres veces. Error de memoria. “Ya la desbloqueamos, pero sea cuidadoso al escribir su número de identificación personal”, recomienda Viena. Ese mismo día, en otro lugar, a Karlo le duele una muela. Adislen lo acompaña a la clínica. Esperan, consultan. El médico prepara los instrumentos. Le pide a Karlo que tome asiento y abra la boca. Justo cuando van a intervenirlo, la operación se cancela porque no hay agua. 

 


De nada


Yulián es una chica de provincia que ha viajado a la capital con su amiga María porque necesita operarse los ojos. La he visto dos veces. La segunda ocasión, le regalo un libro de Bukowski. Nos hemos citado en un café. Platicamos media hora. De 7:10 a 7:45 PM. Acordamos reunirnos después, pero será imposible. No habrá tiempo de nada.


Tras una cena con el embajador de Taiwán en Belice, quien ha viajado con su familia para asistir a la inauguración de las exhibiciones, el grupo de artistas dará un paseo por la Habana Vieja. Pasadas las dos horas ocurre lo inevitable: el ánimo se desinfla. Pepe, Alberto, Franklin y yo seguimos caminando. Me recuesto sobre la banca de un parque, abro los ojos y recuerdo a Holden Caulfield. 


En Casa de las Américas, Joan Duran se refiere a landings como el guión de una película demencial y habla sobre las virtudes morales de los artistas que trabajan con él. Conozco muchos artistas hijos de puta y el 99.9 de los artistas de landings son valiosos como personas. Cada uno de nosotros antes de irse tiene que dejar este mundo un poco mejor. Jamás considero esto un trabajo. Lo considero una obligación.    


Un señor entre el público tira sus dardos. Ustedes, al realizar obras in situ, resuelven satisfactoriamente el dónde, ¿pero el qué y el cómo? ¿De qué manera resuelven el problema del contenido y la recepción del mensaje?. Los artistas balbucean. Anyel habla del espacio específico. Paulina solo alega lo difícil que resulta medir las reacciones del espectador si uno se va al día siguiente de la inauguración. 


Ana, furibunda, me dice que las piezas no han sido hechas para todo tipo de público, y que los artistas no pueden subordinarse a la inteligencia, o la falta de inteligencia, del espectador. En todo caso, admite, algunas obras no están hechas para el gran público, sino solo para cierto grupo de personas. No sé hasta qué punto la dificultad ha sido resuelta. Tras la conferencia del martes 13, el viernes 16 continúa el debate. 


Obras de gran pobreza material y mucha riqueza en cuanto a posibilidades. Ojalá la gente se lo tome a bien, comenta Joan Duran. El mar arroja su furia el día que se inaugura landings. L6: El salón sonoro de la Galería Latinoamericana, donde se mezclan voces en sentido contrario, de distintos tonos, parece el interior de una cabeza esquizoide. L7: Atiborrada de pupilas, la Galería HS exhibe obras realizadas en función de la energía eléctrica que producen los paneles solares Ecosol. 


Cerca de 500 asistentes, la mayoría jóvenes, sienten curiosidad cuando escuchan los audios promocionales desde las bocinas de dos FIAT, modelo Polski, a la entrada de cada edificio. landings se ha vuelto esclavo de sí mismo: la síntesis del dónde, el qué y el cómo sigue siendo escurridiza. No obstante, La Habana fungió como un excelente maestro de ceremonias. En medio de los festejos, camino al hotel. Fin de la transmisión.





El evangelio landings


Austeridad material, riqueza de espíritu, el mar rompiendo en el malecón a 90 metros: territorio landings. Proyecto ensamblado desde países donde los artistas han adquirido sensibilidad a base de carencias y limitaciones. landings es darle un giro a las adversidades. Su alcance guarda paralelismos con una revolución armada.


Si cada uno de los libros landings transmitiera una enseñanza profunda, éste, el blanco, el más metafísico de todos, hablaría sobre luz y tinieblas, sobre energías, pulsiones y fuerzas que transforman la realidad. La segunda lección moral del evangelio consiste en saber callar antes de emitir un sonido vano.


L6: casi a oscuras, los rostros de las personas perdían identidad y credibilidad, flotaban como partes desmembradas de cuerpos fantasmagóricos. Y quizás porque desconocemos los idiomas no escuchamos los gritos de auxilio, las afirmaciones irónicas o el tartamudeo de quien se ha cansado de esperar. La gente salía y entraba como si nada. Las ediciones 6 + 7 de landings cultivan el optimismo en tiempos de niebla y fanfarronería artística. Los elevados preceptos estéticos, inyectados en las venas de los 13 apóstoles, estructuraron un código lanzado desde el malecón en espera de buenos receptores. Una geografía de espíritu une las coordenadas y el gran momento ha de ocurrir a unos cuantos centímetros de las pupilas del espectador. Ceguera y luz metafóricas. En la isla está permitida la desilusión, la falta de fe.


L7: la electricidad a base de energía solar nos remite al descubrimiento del fuego. La solución está ahí. 1 disco de vinilo giratorio con 1 minúscula luz encima. 1 ventilador dirigiendo con sus bocanadas 13 rehiletes, 8 macetas con 13 + 13 plantas de maíz en crecimiento: sembrar, crecer, creer.


6 + 7 (13) elabora una metafísica de la energía eléctrica y solar, sublimándola hacia meditaciones de carácter sociopolítico a través de obras de una simplicidad y belleza desconcertantes. Definir conceptos no sirve de mucho para un proyecto eminentemente sensorial. Y ese es el propósito del presente volumen: acercarnos al instante de la magia que los voltios transmiten a las cosas, que las cosas transmiten a los seres y que los humanos llevan consigo hasta el momento del aullido final. Clic.


Christian Núñez

21 de Noviembre, 2007, Mérida, Yucatán 








 Imágenes: ConejoBelga + MID51 


entrevista con joan duran en dudumdush




17 julio 2021

uncharted 4: a thief's end_entre ladrones y asesinos




El título perfecto para llevarte a una isla desierta.




Adrenalina y cinemáticas


Terminé Uncharted 4: A Thief’s End hace unos días, gracias a una suscripción gratuita de PS Plus. En 2020, había concluido la trilogía remasterizada por Bluepoint Games, que me había enganchado lo suficiente durante la primera ola pandémica, bajo encierro pero rodeado de ladrones y asesinos, excelente compañía. 


Nathan Drake es carismático y de buen corazón; representa el ideal aventurero adolescente, las ganas de comerse el mundo a dentelladas. Héroe de historias exóticas en paisajes recónditos, en la cuarta entrega logramos entender cuál es el trasfondo de sus aventuras. La curva narrativa del personaje aporta cierta dimensión psicológica a sus motivaciones. Justo en la búsqueda de Libertalia, la ciudad fundada por el pirata Henry Avery, conoceremos más acerca del pasado de Nate: las relaciones a veces ríspidas con su hermano Samuel, los diarios de su madre, Cassandra Morgan, y otros hilos sueltos de su encantadora identidad. Naughty Dog consigue un título no solo entretenido, sino conmovedor y lleno de giros argumentales arriesgados. Una estructura que debe gran parte de su éxito al talento de Amy Hennig, quien fungió como directora creativa y guionista en los tres primeros títulos de la saga.


Nathan Drake no solo encarna los ideales de un personaje todoterreno, capaz de provocar una sonrisa en medio de las peores catástrofes. Ha sido también el caballo de Troya que le permitió a Naughty Dog crecer como estudio y abrirse paso a la saga The Last Of Us. La madurez se consigue a base de storytelling, gameplay, adrenalina y cinemáticas.

 


Arsenal de octava generación


Allí donde Nathan Drake encuentra un mapa, descubre un patrón oculto, enciende una cerilla, el peligro se recrudece. La sensación de cinematografía pura y dura hace recordar blockbusters hollywoodenses con ecos de Indiana Jones, épocas doradas de acción trepidante reviven a través del Dualshock. En sí mismo, Uncharted 4: A Thief’s End es ya un clásico en el catálogo del PS4 y demuestra los prodigios técnicos de la consola de octava generación. 


No deja de causar cierta nostalgia adentrarse en la isla donde Drake & Compañía—además del hermano perdido, regresan Elena Fisher y Victor Sullivan—enfrentarán de nuevo los obstáculos del entorno, persecuciones en vehículos terrestres y lanchas, sesiones improvisadas de buceo para evitar heridas de bala, sigilo entre la hierba, uso indiscriminado de armas en tiroteos y de sogas en acantilados. Todo lo que hace grande el legado del ladrón posee una pátina de nostalgia. 


Según la crítica, estamos ante la mejor entrega de Uncharted, con un desarrollo espléndido, el mejor apartado gráfico de toda la serie, excelente ritmo de acción y estrategia, diálogos brillantes y un epílogo en las costas de Yucatán que despertará ternura infinita. Para quienes todavía no conocen a la familia Drake, será una sorpresa. 


Fin de ciclo


Como suele ocurrir con los títulos imprescindibles, muchas veces la prueba del tiempo les otorga valor permanente. Ya en su lanzamiento, hacia 2016, Uncharted 4: A Thief’s End fue considerado una de las mejores exclusivas del PS4. Obtuvo calificaciones casi perfectas en medios especializados y, aún a la fecha, mantiene un sabor marítimo delicioso. Larga vida a la saga Uncharted.


Es el título perfecto para llevarte a una isla desierta.












04 junio 2021

el precio de la desigualdad_stiglitz, aquí y ahora



El precio de la desigualdad, ensayo divulgativo de Joseph Stiglitz,

Premio Nobel de Economía, mantiene una vigencia perturbadora. 

 

Un pequeño rodeo: Antes de adentrarme en temas financieros, simplemente revisaba noticias y le seguía la pista a ciertos canales de YouTube sobre economía global (CNN, The Economist, incluso Vice o los análisis de Martha Flich en el Huff Post). Quiero decir, nada sistemático ni demasiado intrincado. Aunque en sí misma la economía tiene cierto grado de complejidad, nunca me había detenido a profundizar en la relación causa-efecto de nuestro modelo económico. Sin duda, me interesaban varios temas: los recovecos de la burbuja inmobiliaria de 2008, principalmente después de haber visto Margin Call (J. C. Chandor, 2011); el escándalo Strauss-Khan, diseccionado en Welcome to New York (Abel Ferrara, 2014), y también recuerdo que en su momento conseguí En la orilla, una novela de Rafael Chirbes (Anagrama, 2013) sobre el impacto de la burbuja inmobiliaria en España. Lo más impresionante a nivel sensorial fue el hallazgo de un cuerpo en el pantano de Olba, metáfora de la descomposición moral que se precipita sobre los habitantes de aquella región tras la crisis. Dos perros se pelean por un trozo de carne que resulta ser una mano humana, y el trabajador que descubre el cadáver se siente culpable de haberlo encontrado. 


En suma, la narrativa en torno a la crisis financiera, particularmente cruda y descarnada, me fascinó.


Varios años después, la lectura de El precio de la desigualdad, de Joseph Stiglitz (Taurus, 2012) irradia un tufo similar. El economista analiza los motivos por los cuales la brújula moral de los estadounidenses ha perdido el norte. La radiografía del modelo económico neoliberal reporta un diagnóstico negativo, que en resumidas cuentas ha taladrado la democracia y provocado múltiples protestas ciudadanas. Stiglitz defiende la regulación gubernamental para garantizar un mejor balance entre la equidad y la justicia. Enfatiza la enorme desigualdad entre los ciudadanos ricos y pobres, y esta polarización le obliga a formularse una pregunta que intenta responder en los capítulos que componen su ensayo: ¿Por qué razón los ricos están haciéndose mucho más ricos, por qué la clase media se está despoblando y por qué está aumentando la cifra de personas pobres? Stiglitz integra varios elementos a modo de respuesta, y es abundante al aportar contexto, datos duros y analogías comprensibles. Estamos ante una obra divulgativa, de modo que el ritmo es ágil, aunque repetitivo y tedioso por momentos, como si corriéramos cien veces alrededor del mismo parque. Sin que suene a spoiler, nos dice que para los estadounidenses de abajo y de en medio, la inseguridad económica se ha convertido en una realidad cotidiana.


Un caso particular contra el cual Stiglitz lanza sus dardos es el de las entidades financieras. La falta de transparencia en los mercados, las imperfecciones o asimetrías de información (cuando alguien sabe algo relevante para una transacción que otra persona desconoce) y las contribuciones del sector financiero a las campañas electorales son solo algunas de las contribuciones a la desigualdad. No es un secreto que el crack de 2008 fue desencadenado por las pésimas gestiones del sistema financiero estadounidense: las hipotecas subprime arruinaron el mercado por años. «Nuestros bancos contaminaron la economía mundial con hipotecas tóxicas, y sus fallos llevaron a la economía mundial al borde de la ruina, lo que ha impuesto enormes costes a los trabajadores y a los ciudadanos de todo el mundo. En principio, algunos de esos fallos de los mercados son fáciles de corregir: se puede obligar a una empresa que está contaminando a que pague por la contaminación que está creando. Pero las distorsiones provocadas por la información imperfecta y asimétrica están presentes por doquier, y no son tan fáciles de corregir.» De allí la función reguladora del gobierno, que establece las reglas básicas del juego y hace cumplir las normas. Sobre todo porque, como el autor explica, la desigualdad económica hace temblar a la democracia.


Es completamente lógico. Cuando sabes que un banquero justifica su sueldo por la enorme contribución que le brinda a la sociedad, aun a expensas de que esa misma sociedad se ve afectada por sus malas gestiones, entiendes que el problema de fondo es de índole ético, y que movimientos como Ocuppy Wall Street poseen una gran dosis de verdad. «Gran parte de la desigualdad que existe hoy en día es una consecuencia de las políticas del gobierno, tanto por lo que hace el gobierno como por lo que no hace. El gobierno tiene la potestad de trasladar el dinero de la parte superior a la inferior y a la intermedia o viceversa (para determinar) lo que es una competencia justa o qué actos son los que se consideran anticompetitivos e ilegales, quién percibe qué en caso de quiebra, cuándo un deudor no es capaz de pagar todo lo que debe, qué prácticas son fraudulentas y están prohibidas.» Lo que se denomina virtud ciudadana, el derecho a ejercer el voto, es una versión hipermoderna del antiguo imperativo categórico de Kant—Obra de tal modo que tu acción sea tomada por ley universal—, y le da un giro inesperado al asunto: Si la convicción de que el sistema político está amañado y es injusto persiste, los individuos simplemente se sentirán liberados de las obligaciones de esa virtud ciudadana. Fácil y sencillo.


Vuelvo a una referencia literaria: The catcher in the rye, de J. D. Salinger. Al inicio del capítulo dos, el adolescente Holden Caulfield platica con uno de sus profesores antes de fugarse de la escuela. Este le dice que la vida es un juego y que uno debe jugar según las reglas. Holden responde que sí, pero en su monólogo interior piensa que esas reglas no siempre funcionan. No funcionan cuando estás del lado equivocado. No funcionan si por ahí los tiros simplemente no llegan. ¿De qué juego hablamos entonces? Algo de esto comprendió Mark David Chapman, quien llevaba una copia del libro cuando asesinó a John Lennon en 1980. Y algo de esto han comprendido también los manifestantes contra el 1% más rico de la población mundial y tantos otros apologistas de Mr. Robot. Como teórico de la crisis actual, Stiglitz describe la etiología, el diagnóstico y la cura de cierto tipo de cáncer. Entre líneas, sus reflexiones detectan una metástasis ominosa: lo fatal crece en capas mucho más profundas, a ritmo acelerado y burbujeante.


 


El precio de la desigualdad. Joseph E. Stiglitz. Taurus, 2012.


 

25 mayo 2021

macroeconomía_nuevas reglas del juego

 

La economía mundial se rige por dos fuerzas antagónicas:

Por un lado, Estados Unidos y su capitalismo privado. 

Por el otro, China y su capitalismo de estado. 

¿Dónde queda México en esta ecuación?   

 


Jugarse la vida 


“Life is a game, boy. Life is a game that one plays according to the rules.”

“Yes, sir. I know it is. I know it.”


Game, my ass. Some game. If you get on the side where all the hot-shots are, then it’s a game, all right—I’ll admit that. But if you get on the other side, where there aren’t any hot-shots, then what’s a game about it? Nothing. No game.


J. D. Salinger, The catcher in the rye



Estar en la jugada es una de esas frases que uno utiliza para describir cuándo alguien, además de encontrarse en el lugar correcto con las personas correctas, aprovecha las circunstancias para obtener beneficios propios. Así México, debido a su relación comercial con Estados Unidos y Canadá, renovada en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), puede salir beneficiado de su alianza estratégica. Sobre todo ahora que los tiempos de Donald Trump y sus sanciones arancelarias quedaron atrás. Y, principalmente, a la luz de los retos postCovid19, que son muchos y diversos. Ya hemos visto postales trágicas en los últimos meses, como el caso de India y las cremaciones al aire libre, pero también encontramos cierto alivio al otro lado de la moneda, con los festejos de Madrid por haber superado las restricciones más duras y alcanzar la nueva normalidad. Hacia esa nueva normalidad, que es de todo menos normal, avanza México, con poco más de 19 millones de dosis aplicadas a la población. 

 



Divide y vencerás


A menudo escucho todo tipo de críticas sobre el actual gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO a partir de ahora) y principalmente me preocupan las que señalan su torpeza o desconocimiento en asuntos financieros. Trato de omitir las consignas ideológicas, el fervor casi místico de sus defensores y detractores, unos por odio, otros por amor, ya que no construyen argumentos sino más bien segregan opiniones fervientes o descabelladas, según sea el caso. 


Dambisa Moyo es una economista zambiana que traza un análisis riguroso acerca de las paradojas y similitudes entre Estados Unidos y China, las dos fuerzas en oposición que lideran el mundo. Básicamente, son dos variantes de un modelo similar: en tanto EEUU ha crecido aplicando la fórmula de capitalismo privado más democracia, China lo consiguió con un capitalismo de estado que en los últimos 30 años le ha permitido un impresionante crecimiento económico en detrimento de la democracia.


La pregunta que Moyo se plantea es la misma que los habitantes de los mercados emergentes nos hacemos: ¿es la democracia un requisito esencial para el crecimiento económico? Más bien, China demuestra lo contrario: el crecimiento económico es el factor indispensable para la democracia. Aunque parezca un juego de palabras, esta incógnita alude a una tendencia cada vez más preocupante, que está deteriorando los derechos políticos e individuales en los países de economías emergentes. 


A menudo, y lo constato en mis conversaciones con amigos de otros países, la sensación de que China se está convirtiendo en una especie de potencia mundial admirable resulta incómoda porque todo mundo acepta que pisotear la democracia bien vale la pena con tal de conseguir avances más rápidos en períodos relativamente cortos de tiempo. Esa idea no deja de plantear serios cuestionamientos éticos. Aceleración versus razonamiento, eficacia contra derechos humanos.


En sintonía con Moya, el economista Yasheng Huang menciona el caso de China, asombroso sin duda, como resultado de una infraestructura robusta que el gobierno construye a base del patrimonio estatal. Sin embargo, concluye exactamente lo mismo: la consecuencia de este modelo es que la democracia termina siendo un obstáculo para el crecimiento económico. Sin caer en falsas generalizaciones, el México de AMLO, con sus paradojas y similitudes, ¿no tiene un poco de esto?

  



Brújula y burbuja


Por otro lado, ¿qué decir de Estados Unidos tras los primeros capítulos de El precio de la desigualdad, de Stiglitz? En realidad ya tenía un par de certezas blindadas por el análisis duro, y luego de revisar Margin Call o Inside Job, leerlo confirma el efecto mariposa que provocó la burbuja inmobiliaria de 2008. Sobre este asunto, Stiglitz hilvana una lúcida reflexión de reminiscencias kantianas. Cuando Kant afirma en el imperativo categórico que es posible intuir el bien absoluto y practicarlo—y lo expresa en el aforismo Obra de tal modo que tu acción sea tomada por ley universal—está aludiendo a nuestra brújula moral, al hecho de practicar el bien de forma no condicionada y libre, por voluntad propia. En la misma sintonía, Stiglitz advierte:

Algo malo le ha sucedido a la brújula moral de muchísima gente que trabaja en el sector financiero y en otros ámbitos. Que las normas de una sociedad cambien de forma que tanta gente llegue a perder el norte moral dice algo significativo acerca de esa sociedad. Si por lo menos los mercados hubieran cumplido de verdad las promesas de mejorar el nivel de vida de la mayoría de ciudadanos, todos los pecados de las grandes corporaciones, las aparentes injusticias sociales, las injurias a nuestro medio ambiente, la explotación de los pobres podrían perdonarse. Pero para los jóvenes indignados y los manifestantes de otros lugares del mundo, el capitalismo no solo no está cumpliendo lo que prometía, sino que está dando lugar a lo que no prometía: desigualdad, contaminación, desempleo y, lo que es más importante, la degradación de los valores hasta el extremo en que todo es aceptable y nadie se hace responsable. 


 


 

Haciendo match


Y es aquí donde se alinean los astros. El tema de la democracia se hace visible en el análisis de Stiglitz e incluso armoniza con las observaciones previas de Moya y Huang: La desigualdad de Estados Unidos tiene un coste adicional, más allá de esa pérdida del sentido de identidad y más allá de la forma en que está debilitando nuestra economía: está poniendo en peligro nuestra democracia. Es justo en esa intersección donde reconocemos el núcleo de tantas preocupaciones. Más allá de si el modelo neoliberal ha funcionado o no—sobran argumentos y réplicas para editar una enciclopedia con fotos a colores—, muchos economistas temen que a partir de sus estrepitosos fallos los valores de la democracia en Occidente comiencen a desmoronarse. De hecho, ya está ocurriendo. Porque si las reglas del juego no están funcionando, ¿para qué existen? ¿Por qué debemos respetarlas? 


Fue también Kant quien dijo: No somos libres por lo que tenemos, sino por lo que podemos hacer sin tener ningún recurso material. Eso es justamente lo que ocurrió en Estados Unidos con la burbuja inmobiliaria, cuyas consecuencias movilizaron a la gente. Una interpretación del largo retraso en la aparición de las protestas masivas era que, en los inicios de la crisis, la gente confiaba en la democracia, tenía fe en que el sistema político iba a funcionar, que iba a exigir responsabilidades a quienes habían provocado la crisis y a reparar rápidamente el sistema económico—sostiene Stiglitz. Pero varios años después del estallido de la burbuja, quedó claro que nuestro sistema político había fracasado, igual que había fracasado a la hora de evitar la crisis, de frenar el aumento de la desigualdad, de proteger a los más desfavorecidos, de evitar los abusos de las grandes empresas. Solo entonces los manifestantes se echaron a las calles.

 

 


Aceleración y simbiosis


Hoy el juego está cambiando, las reglas han sido reescritas. Quienes creían estar en el lugar correcto, con las personas correctas, simplemente podrían haber perdido la brújula, completamente desorientados. Cuando la aceleración turbocapitalista se une al control estatal surgen verdaderos monstruos. Cuando las burbujas financieras explotan, el ciudadano promedio cambia de dirección. Estar en la jugada adquiere nuevos sentidos. Será interesante descubrir la posición de México, con quiénes se jugará la vida, y si estará del lado correcto.