CONEJOBELGA

02 marzo 2018

bloodborne_balada de la luna carmesí


Bloodborne, de From Software, es un título de acción RPG indispensable para Playstation 4. Escapa de la pesadilla.


Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido.

Elias Canetti, Masa y poder


Como en el cristianismo, la mitología de Bloodborne (2015) gira en torno a la sangre, pero con matices opuestos. Si bien dentro del Nuevo Testamento el Mesías redime al hombre mediante un sacrificio simbólico, Hidetaka Miyazaki asigna un papel condenatorio y punitivo al consumo de esta sustancia vital. Es un agente activo del caos cósmico y la cacería humana. Allá donde alguna vez hubo luz, ahora se observan edificios victorianos/góticos a la sombra de un crepúsculo amoratado. El horror crece de forma progresiva en Yharnam. No encontraremos razones para tener esperanza o fe, sentimientos más bien absurdos e infantiles. Cada diálogo sostenido entre el cazador y los personajes secundarios nos permite imaginar el precipicio, la caída, el eco de cenizas crepitantes. Los enormes jefes con rasgos licantrópicos, que han sufrido mutaciones a raíz de la sangre contaminada, nos obligan a reconocer que estamos inmersos en un viaje fallido de antemano. Los dioses nos quieren destruir.

Bloodborne configura su narrativa, sistema de juego, atmósfera y desesperanza en torno a la sangre. Propone una estética gore que legitima la violencia y añade tintes de horror materialista. Lovecraft funge como profeta de una nueva religión, surgida en el seno de una sociedad claustrofóbica. A menudo se oyen risas feroces detrás de las puertas. Algunos sucesos nos confirman que el corazón humano está lleno de carroña. La atmósfera se recrudece a cada paso. Golpes de hacha y martillo encuentran eco en tumbas antiguas. La pesadilla del cazador es verdadera, tan real como un sendero de rocas donde ciertas lápidas nos transportan a mazmorras, castillos abandonados, edificios lectivos, bosques lóbregos y lagos de extraña iridiscencia. Caminaremos sobre aguas azules en un paisaje de alusiones judeocristianas. Las pulidas mecánicas no harán más fácil nuestra misión, pues a menudo moriremos en combate antes de masacrar a las bestias. ¿Quién rezará por nosotros?







Durante la travesía, una voz parece advertir: Nunca confíes en quienes te rodean. Abre los ojos, perfecciona tus sentidos, explora de nuevo los niveles que ya recorriste. Una sorpresa podría beneficiarte. O ser tu verdugo. La luna de Bloodborne se torna carmesí a medida que progresamos. Los fenómenos celestes anuncian que el fin es un mero trámite para las constelaciones. La dificultad empeora, las bestias alienígenas cuelgan de los templos, y el mal introduce su lengua en miserables orificios. Hombres lobo persiguen al protagonista sin piedad. Cúmulos de cadáveres expulsados del cielo buscan la forma de renacer. Un acto que Aleister Crowley aplaudiría. En el apartado sonoro, escucharemos a una orquesta de 65 instrumentos y un coro de 32 miembros—homenaje póstumo al compositor polaco Wojciech Kilar, cuya banda sonora del Drácula de Bram Stoker señala un referente valioso. La pesadilla del cazador posee disonancias estremecedoras. Despertar es el paraíso.

Quien visita Yharnam, comprende que la masacre se ha desatado. Bloodborne no es un título amigable. Su sadismo nos aplasta las narices contra el suelo tantas veces que ya podemos percibir el olor a óxido de la sangre vieja. Sin embargo, el atrevimiento de cruzar un puente, abrir un cofre oculto y aprovechar un atajo vale cada minuto invertido en la aventura. Las mejoras en armas no solo resultan estratégicas, sino imprescindibles. Útiles para eventos ominosos. Uno sabe que la frustración, el miedo a lo desconocido y las reiteradas muertes—algunas, completamente inesperadas—forman parte de un infierno de escala mayor. From Software ha sabido potenciar las virtudes de sagas anteriores (Demon’s Souls + Dark Souls), así que disfrutaremos de una producción equilibrada, que no te obsequia un solo atributo y no es condescendiente. A menos que vuelvas al sitio donde la muñeca de voz fina y rostro melancólico te declara su amor incondicional mientras llora por ti. Lástima que no respire, y tú estés destinado al sacrificio.