CONEJOBELGA

13 marzo 2018

colectivo dziga vertov


Man with a movie camera:
la cinta rusa y el soundtrack electrónico.
 
FUERZA SÚPER-NOSTÁLGICA
En mis intenciones de reseñar material cinematográfico experimental, conseguí Man with a movie camera, la cinta clásica de Dziga Vertov filmada en 1929. La había visto en casa de un amigo, con pizza y cerveza, y desde aquella vez quedé fascinado. Vertov creó una escuela, por decirlo así, que perseguía el retrato de la vida cotidiana tal cual. En sus ideas había una importante carga marxista; en su estilo, una predilección hacia el vanguardismo futurista. La obra, inscrita dentro de la serie Kino-Pravda (Cine-Verdad), da rienda suelta a su teoría del Cine-Ojo, según la cual intentaba captar el entorno sin actores profesionales, decorados ni guiones preestablecidos, con plena confianza en la cámara, en su ojo inhumano y certero. El ritmo del filme ondula con imágenes de la rutina diaria moscovita. Más de un fotograma inspira un vago sentimiento de melancolía retrospectiva. Una fuerza súper-nostálgica por el esplendor de la Rusia naciente.

Lo fundamental: usar la cámara como un ojo fílmico más perfecto que el ojo humano para explorar el caos de los fenómenos visuales que llenan el universo, diría Dziga Vertov.

En mi afán de explorar a fondo el tema, conseguí el soundtrack de The Cinematic Orchestra, ensamble que musicalizó la película durante el acto inaugural de la ciudad europea de la cultura en 2001, año de Porto. Fundada por Jason Swinscoe en 1999, la banda fusiona jazz con trip-hop, soul, funk, drum and bass y electrónica. Un tándem entre discurso visual y sonidos creados ex profeso. «Le estábamos dando muchas vueltas al nuevo disco cuando nos llamaron del Festival de Cine de Porto ofreciéndonos la posibilidad de musicalizar la película. Era algo diferente, que podíamos hacer con mucha libertad, y por eso nos resultó atractivo. Nos encerramos durante cuatro días en el estudio con un televisor y un vídeo trabajando sobre las imágenes y grabando en directo con la película de fondo. Es algo completamente distinto a cuanto habíamos hecho antes, acorde a nuestras nuevas ideas musicales», señala Swinscoe.
 


FIGURA Y MOVIMIENTO
Producida bajo el régimen de Stalin, Man with a movie camera (del ruso Celovek kinoapparatom) se construye con pulso hipnótico y pertenece a la tradición de las sinfonías de grandes ciudades, como ciertas películas de Ruttman, Ivens o Murnau. The Cinematic Orchestra grabó una banda sonora vanguardista sorprendente. El tracklist, de 17 temas, recicla del álbum Every day (2002) varias melodías con arreglos nuevos y sin voces. Destacan The awakening of a woman (Burnout), Evolution (Versao portuense), Work it! (The man with a movie camera), Theme de Yoyo y All things. Por sí solo, el filme envuelve un lirismo desbordante y el score, editado por Ninja Tune en el 2003, lo exalta.  

En La mirada perdida-Elogio del cine mudo, Houellebecq afirma: «El cine mudo veía abrirse ante él un inmenso espacio: no era solo una investigación de los sentimientos humanos; no solo una investigación de los movimientos del mundo; su mayor ambición era constituir una investigación de las condiciones de la percepción. La distinción entre el fondo y la figura es la base de nuestras representaciones; pero también, de modo más misterioso, nuestro espíritu busca su camino en el mundo entre la figura y el movimiento, entre la forma y el proceso que la engendra; de ahí esa sensación casi hipnótica que nos invade delante de una forma inmóvil engendrada por un movimiento perpetuo, como las ondas estacionarias en la superficie de un charco. ¿Que ha quedado de todo esto después de 1930? Algunas huellas, sobre todo en las obras de los cineastas que empezaron a trabajar en la época del cine mudo (la muerte de Kurosawa es más que la muerte de un hombre); algunos instantes en películas experimentales, en documentales científicos, incluso en series (Australia, estrenada hace unos pocos años, es un ejemplo). Es fácil reconocer esos instantes: en ellos, cualquier palabra es imposible; la música misma se vuelve un poco kitsch, pesada, vulgar. Nos convertimos en pura percepción; el mundo aparece en su inmanencia. Nos sentimos muy felices, con una felicidad extraña. Enamorarse también puede provocar esa clase de efectos.»

Dato curioso: el verdadero nombre de Dziga Vertov era Denis Arkadievitch Kaufman.