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agosto 26, 2026

un poeta_las luciérnagas fantásticas

 

Crónica de un escritor fracasado y su intento de redención, Un poeta pone el dedo en la llaga sobre la literatura y su fauna hipnótica.

 

Varios momentos incómodos hacen de Un poeta (Simón Mesa Soto, 2025) un performance difícil de olvidar:

  

Cuando Óscar (Ubeimar Ríos), ahogado en alcohol, recita el Nocturno III de José Asunción Silva de forma estruendosa, y aterriza en el suelo urbano, como un aeda caído en desgracia, o mejor: un esperpento.  

Cuando Óscar asiste a un programa televisivo y lo invitan a leer un poemita de amor, junto a un alcalde senil y un reguetonero que promociona Mójame el jacuzzi, sencillo con 80K vistas en YouTube. 

Cuando Óscar descubre en el baño a Yurlady (Rebeca Andrade) vomitando después de la ceremonia inaugural del festival de poesía y la lleva casi a rastras, de madrugada, hasta su domicilio. 

Cuando Óscar, más allá de toda persuasión, rechaza participar en el soborno a la familia de Yurlady para librarse de las acusaciones que recaen sobre él, discute con los colegas que intentan ayudarlo, y grita.   

 

El realismo documental que muta en humor descarnado es una de las grandes virtudes que Un poeta destila en sus mejores secuencias. No hace concesiones al mostrar el inframundo de la poesía: los pactos fáusticos entre instituciones culturales, el doble discurso de los artistas, la miseria humana que hay detrás de cada premio. Quizá por esa amalgama de irreverencia y humanismo desesperado la película ha obtenido varios reconocimientos en el circuito de festivales, como el de Una cierta mirada en Cannes 2025 y el de Horizontes Latinos en el de San Sebastián del mismo año.  

Ubeimar Ríos, experimentado profesor, protagoniza su primer largometraje con una actuación vibrante, excesiva; lo mismo provoca ternura que carcajadas. Y el resto del reparto hace lo suyo: vemos desfilar poetas decadentes, amigos estafadores, oportunistas culturales, jóvenes desorientados que se aferran a la poesía como a una bandera desgarrada. Usted es lo más predecible que hay en el mundo, ya va a salir a emborracharse, ¿cierto? ¡Despierte! ¡Salga de ese hueco!, le recrimina su hermana en uno de los frecuentes enfrentamientos contra la realidad que el poeta debe resistir.

 

En palabras de Alejandro Zambra: Da lástima verlos junto al teléfono, esperando la noticia de un premio, de una pensión del gobierno, de un homenaje, de un viajecito al sur, lo que sea. Parecen niños asustados, y en el fondo eso son: niños asustados, adolescentes ya muy viejos para suicidarse. A veces algún reportero compasivo les pregunta para qué sirve la poesía en este mundo deshumanizado y consumista. Ellos suspiran y responden lo que han respondido siempre: que sólo la poesía salvará al mundo, que hay que buscar, en medio de la confusión, palabras verdaderas y aferrarse a ellas. Lo dicen sin fe, rutinariamente, pero tienen toda la razón.

 

Como radiografía de un fenómeno circense—exhibición de atrocidades versión LATAM—, Un poeta gozará cada vez de mayor popularidad. Su abordaje del escritor fracasado es a la vez un homenaje y un epitafio, el vampiro y la estaca. No hay elogio que valga para tantas verdades juntas. Disponible en HBO Max.

  



Un poeta

Simón Mesa Soto

Luxbox, 2025

 

agosto 19, 2026

muertos s.l._explotar de risa

 

La cuarta y última temporada de Muertos S.L. pisa el acelerador para cerrar el ciclo de la mejor manera posible.

 

 

Creada y dirigida por los hermanos Alberto + Laura Caballero, en asociación con un equipo de colaboradores siempre inventivos, Muertos S.L. cerró su ciclo con el estreno de la cuarta y última temporada, disponible ya en Netflix. La despedida es triste, pero intensa. Basada en los incidentes de la funeraria Torregrosa y su personal, la serie eleva el humor negro a unos niveles de absurdo desternillantes. Mediante diálogos ágiles, los seis episodios de la entrega final aceleran el crescendo de las situaciones hasta llevarlas a un punto de no retorno donde la estampida de carcajadas resulta burbujeante. Como si el equipo de guionistas pisara el acelerador de madrugada, en una noche de fiesta, el impacto del desenlace aturde la respiración. 

 

En su intento por ocupar la dirección de la funeraria, Dámaso (Carlos Areces) y Chemi (Diego Martín) entran a una dinámica del coyote y el correcaminos frenética. A su vez, mientras Abel (Gerald B. Fillmore) se vincula sentimentalmente con una anciana, Olivia (Aitziber Garmendia) descubre que la adivina del tarot es una estafadora confesa, y Manuela (Adriana Torrebejano) se obsesiona en aclarar las circunstancias del accidente donde falleció su novio y la maldición que recae sobre sus pretendientes. Sin dejar fuera la ingenuidad de Nieves (Ascen López), a quien se rinde homenaje póstumo, la astucia de Nino (Salva Reina) o la inefable sumisión de Morales (Roque Ruiz), en el negocio nada funciona como debería y el caos reina de principio a fin.

 

La música original, compuesta por Pedro Barbadillo, añade otra capa de sarcasmo al conjunto. Muertos S.L. juega a ser un divertimento y, desde la ligereza, aviva una reflexión sobre las ambiciones humanas en el breve tránsito de la cuna a la tumba. Y nosotros, simples mortales, explotamos de risa ante lo fatal. Toda vez que crisis, como dice Chemi, significa oportunidad en chino, vale la pena darse una vuelta por el tanatorio de Torregrosa y diseccionar el mayor de nuestros temores a ritmo de jazz. 

 


 

junio 20, 2026

baphomet asciende_hail satan?

 

Hail Satan?, de Penny Lane, documenta el auge del Templo Satánico en suelo estadounidense examinando sus provocadoras ideas y motivaciones contraculturales. 

 

Una curiosa retórica respalda el resurgimiento del satanismo en Estados Unidos. El documental Hail Satan? (2019), de Penny Lane, muestra cómo las iniciativas políticas del Templo Satánico han popularizado un movimiento que pasó de tres a 50,000 adeptos en sólo tres años. El caballo de Troya que formulan puede resumirse de la siguiente manera: si Estados Unidos inclina demasiado la balanza hacia la hegemonía cristiana, por contrapeso (dado que se trata de un país laico), debe haber prácticas religiosas diversas, incluso radicales, protegidas bajo la misma ley. La cristalización de este argumento es la estatua de Baphomet—con torso de Iggy Pop—instalada en el Capitolio de Oklahoma, junto a la tabla de los Diez Mandamiento (souvenir donado por la Paramount Pictures para promover la película de Cecil B. DeMille de 1956). 

 

La pregunta que flota en el aire es hasta qué punto los satanistas pueden ser agentes de cambio positivos, cuál es la acrobacia argumentativa que usan para validarse como un movimiento contracultural en medio de la crisis ideológica y política que la nación estadounidense atraviesa. Es justo lo que Hail Satan?, con su minimalista banda sonora compuesta por Brian McComber, explica mediante los testimonios de personajes clave, y lo hace como si representara la eterna persecución del correcaminos y el coyote. Por un lado, Lucien Greaves, fundador del Templo Satánico, sostiene que la organización no pretende glorificar la figura de Lucifer, sino reivindicar su condición de adversario, y colocarlo en el centro de la polémica en el debate entre Iglesia y Estado. Por el otro, los reaccionarios ponen el grito en el cielo.

 

Si bien es cierto que la clave de revival satanista es una contratendencia al pánico satánico de los años 70 y 90 que inundó los medios masivos, su popularidad reciente está relacionada con el activismo de Jex Blackmore, a cargo de la filial en Detroit, quien fue portavoz del movimiento durante 2014-2018. Basta escuchar sus fervientes discursos en pro del aborto o ver los performances de alto impacto celebrados en las misas negras para hacerse una idea del ímpetu que la nueva ola ha despertado. Lo inaudito es verlos en talleres extraescolares dirigidos a menores de edad, en manifestaciones disfrazados de bebés gigantes o reinterpretando pasajes bíblicos: cuando la serpiente se le aparece a Abraham antes de que culmine el sacrificio de Isaac, o al mismísimo Jesucristo en el desierto.  

 

Hail Satan? es tan panfletaria como educativa y tiene momentos de una lucidez casi epifánica. Fusiona el documental y la comedia surrealista de forma traviesa, desacraliza los dogmas religiosos y pone en ridículo a los radicales de cualquier índole, sean ultraconservadores o partidarios de Baphomet. 


Disponible en Amazon Prime Video.

 





Hail Satan?

Penny Lane

Magnolia Pictures, 2019



mayo 29, 2026

rogue flight_polvo de estrellas


Gráficos que destilan nostalgia pura, música inmersiva y gameplay adrenalínico. Si eres apasionado de los shooters espaciales tipo arcade, Rogue Flight te dejará sin aliento.

 

Rogue Flight, del estudio indie Truant Pixel, entra por ojos para estremecer tus pupilas. Su estética retro influenciada por el anime (con efectos opcionales de VHS y grano en la imagen) es un claro homenaje a series ya legendarias como Neon Genesis Evangelion y Gundam. Por supuesto, el doblaje en japonés e inglés, a cargo de actores de sagas icónicas, te volará la cabeza. También sabe cómo inducir a un trance de riffs alucinantes con su excelente OST, por cuenta de Fat Bard. La música, compuesta por un puñado de temas vertiginosos y rítmicos, abreva del metal progresivo y además incluye un intro original de la artista de J-Pop Itoki Hana y música adicional de Rinn. 

La historia sigue a Nadia Sawas, una piloto de carga sin experiencia en combate, que asume el mando de la nave Arrow para enfrentarse a una inteligencia artificial conocida como ARGUS. Debe actuar a contrarreloj, pues únicamente tiene 72 horas para concluir su misión. A través de un mapa distribuido en tres distintas rutas—alfa, beta y gamma—, tu objetivo será desactivar el núcleo del sistema centinela y neutralizarlo de forma categórica. Para ello, tendrás a tu alcance un arsenal de armas y dispositivos que mejorarán el desempeño de la nave: desde misiles autodirigidos y giros barrel roll hasta ametralladoras y disparos de onda, láser o plasma.

El sistema de juego invita a completar cada iteración para desbloquear la ruta más completa y el final verdadero. Además, a medida que progreses obtendrás mejoras para la nave y diseños cosméticos. Los mandos DualSense resultan muy responsivos al encadenar combos, en las batallas contra jefes de nivel implacables y a nuestro paso por el Sistema Solar a través de paisajes galácticos y biomas extremos. La acción termina volviéndose frenética, y el sabor a experiencias doradas de shooters clásicos se siente viva. En resumen, el control pulido, las cinemáticas hechas de nostalgia pura y su envolvente diseño sonoro hacen de Rogue Flight un título imprescindible.

Como dato extra, el desempeño en PlayStation 5 alcanza la resolución en 4K a 60 fps.

Con autonomía y originalidad, Rogue Flight construye una trama sólida, despojada de diálogos ociosos. Debido a su premisa mínima, directa y de tono dramático, se aparta del estándar y pisa el acelerador hacia un cierre apoteósico. Nadia Sawas a bordo de la Arrow posee un carácter estoico más cercano a Rei que a Sizuka, y eso no le resta carácter. Por el contrario, la vuelve una heroína capaz de transmitir expresividad con apenas un gesto mínimo desde su cabina o una respuesta lacónica a sus interlocutores. Al final—también ella lo ha intuido—todos somos polvo de estrellas. Así que no lo pienses tanto, y emprende esta aventura antes de que sea demasiado tarde.

 





abril 30, 2026

los domingos_lección de góspel para ateos

 

El impacto a nivel de crítica y público de Los domingos se explica por su aproximación salomónica a los misterios de la fe.

 

The only way to save us

Is through divine intervention

 

Rosalía, Berghain

  

Los domingos (2025), de Alauda Ruiz de Azúa, obtuvo el premio Goya a Mejor Película en su edición 40ª y la Concha de Oro en la 73ª edición del Festival de San Sebastián. La favorable recepción crítica y el excelente desempeño en taquilla obedecen principalmente a que logra integrar una perspectiva equilibrada sobre duelo, fe y autodeterminación sin sesgar el material mostrado. No lo sesga a favor ni en contra, y esta es una de sus grandes virtudes en un mundo que tiende a polarizar complejidades. Es también una película que sabe integrar los nodos que unen y separan a las generaciones españolas actuales con las pasadas, mostrando sus contradicciones más descarnadas con respecto al fenómeno religioso. 

 

Los domingos retrata un tema con varias aristas en medio de una crisis familiar. A sus diecisiete años, a punto de concluir el instituto, Ainara (Blanca Soroa) ha decidido enclaustrarse en un convento de monjas. Expone sus intenciones tanto a Iñaki, su padre (Miguel Garcés), como a su tía Maite (Patricia López Arnaiz), quienes no ven con agrado la vocación religiosa de la adolescente. La familia suele reunirse cada domingo en casa de la abuela Lila (Mabel Rivera), y las conversaciones en la mesa van de un tema a otro acumulando tensiones y un ambiente cargado de silencios, miradas equívocas e intenciones secretas. Frente a ello, Ainara, huérfana de madre, encuentra refugio entre las monjas y su mundo frugal.

 

El tono realista del filme se distancia del melodrama, y la contención emocional en escenas cruciales resulta de lo más logrado. Se plantea una batalla ideológica entre la fe de Ainara, el ateísmo rencoroso de Maite y la imparcialidad pragmática del padre, todo bajo el contexto de las legendarias comidas dominicales. La mirada íntima que disecciona los pleitos de familia, el peligro de las herencias ideológicas y los prejuicios personales conduce la trama con solvencia, transformando la simple anécdota en un colapso generacional. Mención aparte merece la secuencia del coro juvenil interpretando una versión gloriosa de Into My Arms, de Nick Cave and the Bad Seeds. Góspel puro.

 

Como en una epifanía, Los domingos vale por lo que muestra y lo que expresa silenciosamente. En el apartado técnico, varias de sus viñetas deslumbran a nivel sensorial y fundan un evangelio propio. Pero cuidado: la película no hace propaganda religiosa. Tampoco intenta desacreditar el catolicismo. Sabe repartir salomónicamente sus virtudes y algunos mínimos vicios: tanto quienes la defienden como sus detractores la han calificado como demasiado sutil o terrorífica, según el caso. Que un debate sobre un filme coming of age resuene extramuros indica no sólo la pertinencia del tema, sino la necesidad de abrir la conversación, examinar traumas colectivos y desinfectarse las heridas. Lo demás es proyección psicológica. 





Los domingos

Alauda Ruiz de Azúa

BTeam Pictures, 2025

 

febrero 09, 2026

the plague_run away and save your life

 

The Plague, de Charlie Polinger, es un dispositivo de angustia adolescente. Monstruo bicéfalo que fusiona coming of age 

y body horror con incisivo tinte político.

  

Charlie Polinger dirige The Plague (2025), opera prima que ha cautivado en su recorrido por festivales de cine independiente, recibiendo varios premios en diversas categorías. El soundtrack, a cargo de Johan Lenox, es deslumbrante: coros de intensidad trágica y ludismo siniestro se yuxtaponen con ritmos sincopados de una carga eléctrica que paraliza, y a ratos recuerdan las piezas experimentales del Medúlla de Björk o Le Fil de Camille. Mención aparte merecen las tomas subacuáticas cuyas coreografías remiten al David Lynch de cortometrajes como Six Men Getting Sick, The Alphabet o The Grandmother. 

The Plague aborda la ansiedad social y el acoso juvenil en el contexto de un campamento de waterpolo. Ben (Everett Blunck) debe enfrentarse a las burlas de Jake (Kayo Martin) y compañía por su timidez y mala pronunciación de la letra t, lo que le obliga a decir Sop en lugar de Stop, y recibir el apodo de Soppy. Este casi humorístico incidente va en crescendo y destruye todo a su paso. Eli (Kenny Rasmussen), otro preadolescente que padece dermatitis atópica, es el blanco de las burlas más feroces. Ambos chicos terminan por compartir desgracias, de modo que la atmósfera se vuelve más insoportable y tribal. 

La trama, un monstruo bicéfalo que fusiona coming of age y body horror, se sostiene por las actuaciones sobresalientes de los jóvenes, equilibrados por la figura del entrenador (Joel Edgerton), cuya presencia paternal y protectora resulta fallida, pese a todo. No obstante, The Plague tiene la rara cualidad de no atrincherarse en un solo género y, particularmente, de no aleccionar sobre lo que muestra. De ahí su elegancia, pues cuando parece moverse en una dirección específica—digamos, Carrie—, desvía las coordenadas y sorprende de forma positiva empleando un lenguaje propio, sin la sensación de macguffin. 





Desde que vemos al desdichado Eli sentado aparte, con los audífonos reproduciendo Run Away de Real McCoy, podemos intuir que The Plague nos romperá el corazón. El horror es crecer, dejar atrás la infancia para hacerse mayor, sobrellevar ese proceso doloroso. Por momentos las imágenes del filme remiten a los episodios más crudos de Las partículas elementales, de Houellebecq, cuando Bruno sufre abusos en el instituto, y nada puede borrar ese recorrido vergonzoso hacia la adultez. Que las hormonas jueguen en contra nuestra, que haya eccema donde uno esperaba piel luminosa, que las chicas sientan asco en medio de una erección involuntaria.

Como dispositivo de angustia adolescente, La Plague pone el dedo en la llaga y lo hunde, pero la herida sigue abierta porque el filme concluye de un modo poético y se desvincula de cualquier moraleja hipócrita. Su mensaje sugiere un incisivo tinte político, aunque tal lectura no opaca la experiencia estética de sumergirse en el miedo a ser distinto, a la marginación casi ontológica, terrorífica. El núcleo del conflicto no es tanto la disculpa protocolaria sino el miedo primitivo al otro, a lo que imaginamos antes de lanzar la primera piedra. La acumulación de burlas, agresiones físicas e insultos desembocan en una catarsis capaz de iluminarnos en un sentido más profundo. 

Advertidos están.


The Plague

Charlie Polinger

IFC Films, 2025



octubre 06, 2025

alien earth_el origen de las especies

 

La criatura ya está aquí, entre nosotros. Dale un vistazo a nuestra reseña de Alien: Earth. 

 

 

Something’s inside me

Unborn and unblessed

Disappears in the ether

This world to the next

Disappears in the ether

One world to the next

Human kindness

 

PJ Harvey, When Under Ether

 

Explorando Nunca Jamás

Alien: Earth juega a contarnos una fábula retrofuturista que plantea los antecedentes de la primera película filmada por Ridley Scott cuyo estreno en 1979 provocó un cisma en la cultura popular. El tono maduro, la tensión creciente y el diseño del xenomorfo marcaron tendencia. Sus efluvios establecieron un modelo de artificio audiovisual dirigido a un público maduro, en las antípodas de Star Wars, y crearon la franquicia que ahora aterriza en Disney+. Bajo la inventiva de Noah Hawley, quien como showrunner se encarga del guión y la dirección, la precuela integra elementos tanto del filme original como de Peter Pan, la novela de James Matthew Barrie. 

El argumento no puede ser más sencillo: 

En el futuro, la inmortalidad podrá conseguirse a través de tres modos: a) cíborgs o humanos modificados cibernéticamente; b) sintéticos o seres con inteligencia artificial, y c) híbridos o sintéticos dotados de conciencia humana. Un grupo de menores con enfermedades terminales, bajo la tutela de Boy Kavalier (Samuel Blenkin), el joven fundador y director ejecutivo de Prodigy Corporation, terminarán adoptando las personalidades de los niños perdidos descritos en la novela de Barrie. Entonces un día, mientras el equipo científico de Kavalier dirige sofisticados experimentos en la paradisíaca isla Neverland, la nave espacial Maginot, propiedad del consorcio Weyland-Yutani, impacta contra un edificio de Ciudad Siam tras la fuga de un xenomorfo. De inmediato, seis híbridos adolescentes acuden para desempeñar actividades de búsqueda y rescate, entre ellos Marcy Hermit, rebautizada como Wendy (Sydney Chandler), quien coincide allí con su hermano gemelo, Joe Hermit (Alex Lawther), a quien dejó de ver cuando sus padres la cedieron a Prodigy para transferir su conciencia a un cuerpo perfecto. ¿Se nos escapa algo?

 

Estábamos más seguros en el espacio

Además, la trama involucra la presencia de Kirsh (Timothy Olyphant), sintético a cargo de las unidades híbridas, y Morrow (Babou Ceesay), el feroz cíborg custodio de la nave Maginot y las criaturas alienígenas que viajan en su seno. Al xenomorfo se suman garrapatas, moscas, vainas de plantas y un carismático pulpo con ojo—claramente, el mejor de todos—que harán acto de presencia a medida que los acontecimientos de la fábula se embrollan hasta un punto crítico. Entre sus aciertos, Alien: Earth teje vasos comunicantes con el origen de la saga, y estos son tan claros que incluso recrea la película fundacional en su quinto episodio. 

Los alegatos contra las cinco megacorporaciones que gobiernan el planeta (junto a Weyland-Yutani y Prodigy están Lynch, Threshold y Dinamyc) parecen apenas trasunto de los consorcios tecnológicos que hoy en día rigen el ritmo macroeconómico. Un insight aún más provocador reside en la pregunta sobre la identidad: lo que nos hace humanos y hasta qué punto dejamos de serlo para transformarnos en monstruos. En consecuencia, y porque cada capítulo ejecuta una visceral canción de rock en sus créditos finales—de Black Sabbath a Tool, pasando por Queens Of The Stone AgeAlien: Earth merece un visionado cuidadoso, diría Charles Darwin.

 





Lee AQUÍ la reseña de Alien Romulus.