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junio 20, 2026

baphomet asciende_hail satan?

 

Hail Satan?, de Penny Lane, documenta el auge del Templo Satánico en suelo estadounidense examinando sus provocadoras ideas y motivaciones contraculturales. 

 

Una curiosa retórica respalda el resurgimiento del satanismo en Estados Unidos. El documental Hail Satan? (2019), de Penny Lane, muestra cómo las iniciativas políticas del Templo Satánico han popularizado un movimiento que pasó de tres a 50,000 adeptos en sólo tres años. El caballo de Troya que formulan puede resumirse de la siguiente manera: si Estados Unidos inclina demasiado la balanza hacia la hegemonía cristiana, por contrapeso (dado que se trata de un país laico), debe haber prácticas religiosas diversas, incluso radicales, protegidas bajo la misma ley. La cristalización de este argumento es la estatua de Baphomet—con torso de Iggy Pop—instalada en el Capitolio de Oklahoma, junto a la tabla de los Diez Mandamiento (souvenir donado por la Paramount Pictures para promover la película de Cecil B. DeMille de 1956). 

 

La pregunta que flota en el aire es hasta qué punto los satanistas pueden ser agentes de cambio positivos, cuál es la acrobacia argumentativa que usan para validarse como un movimiento contracultural en medio de la crisis ideológica y política que la nación estadounidense atraviesa. Es justo lo que Hail Satan?, con su minimalista banda sonora compuesta por Brian McComber, explica mediante los testimonios de personajes clave, y lo hace como si representara la eterna persecución del correcaminos y el coyote. Por un lado, Lucien Greaves, fundador del Templo Satánico, sostiene que la organización no pretende glorificar la figura de Lucifer, sino reivindicar su condición de adversario, y colocarlo en el centro de la polémica en el debate entre Iglesia y Estado. Por el otro, los reaccionarios ponen el grito en el cielo.

 

Si bien es cierto que la clave de revival satanista es una contratendencia al pánico satánico de los años 70 y 90 que inundó los medios masivos, su popularidad reciente está relacionada con el activismo de Jex Blackmore, a cargo de la filial en Detroit, quien fue portavoz del movimiento durante 2014-2018. Basta escuchar sus fervientes discursos en pro del aborto o ver los performances de alto impacto celebrados en las misas negras para hacerse una idea del ímpetu que la nueva ola ha despertado. Lo inaudito es verlos en talleres extraescolares dirigidos a menores de edad, en manifestaciones disfrazados de bebés gigantes o reinterpretando pasajes bíblicos: cuando la serpiente se le aparece a Abraham antes de que culmine el sacrificio de Isaac, o al mismísimo Jesucristo en el desierto.  

 

Hail Satan? es tan panfletaria como educativa y tiene momentos de una lucidez casi epifánica. Fusiona el documental y la comedia surrealista de forma traviesa, desacraliza los dogmas religiosos y pone en ridículo a los radicales de cualquier índole, sean ultraconservadores o partidarios de Baphomet. 


Disponible en Amazon Prime Video.

 





Hail Satan?

Penny Lane

Magnolia Pictures, 2019



mayo 31, 2022

la abuela_el diablo está en los detalles


En La abuela, Paco Plaza dirige

un relato de horror minimalista.



La abuela (2021), de Paco Plaza, integra la colaboración de Carlos Vermut como guionista, con resultados que merecen un análisis de fondo. De entrada, podemos reconocer el influjo estilístico de Vermut en la atmósfera, la construcción psicológica de los personajes, el crescendo dramático que en esta ocasión gira hacia el terror, y los homenajes a la cultura pop explorados en Magical Girl (2014) y Quién te cantará (2018). La densidad estructural que ya se observaba en los filmes previos aquí se vuelve un artefacto narrativo con forma de matrioshka, muy bien ejecutado y cuyos hilos invisibles dejan un regusto agridulce al finalizar el metraje. La abuela es una pesadilla a dos manos ejecutada con las dosis justas de inquietud y ansiedad para convertirse en un auténtico ritual satánico. Es inevitable percibir un déjà vu al Polanski de El inquilino y El bebé de Rosemary, así como las obvias referencias al giallo de Argento y Bava. Sólo que en este caso, la estética minimalista rinde frutos novedosos. Plaza no inventa ningún hilo negro, pero el tratamiento inteligente de Vermut añade a La abuela un halo clásico que refresca el cuento de Caperucita Roja y le imprime una trascendencia vampírica. 


Elegante y de ritmo lento, La abuela toma distancia respecto a Verónica (2017) pero no deja de ser una historia enfocada en personajes femeninos que atraviesan momentos extraños de inminente caída en espiral. Si bien su contundencia se hace mayor hacia el último bloque, exhala un tono pausado, introspectivo, con detalles que parecen insignificantes y luego se vuelven indicios siniestros. Aquí el demonio es la vejez, como el mismo Plaza menciona, y subyace cautivo en el cuerpo, catalizador de miedos, fobias y angustias. El final no decepciona; ante las dudas de si veremos un drama o un filme de horror, La abuela está envuelta como un regalo engañoso que surfea entre géneros, pero detrás del disfraz inocente asoma el mal en estado puro. La relación simbiótica entre abuela (Vera Valdez) y nieta (Almudena Amor), donde memorias felices y tristes se entrelazan a ritmo de boleros y cumpleaños, funge como un señuelo que nos empuja hacia la oscuridad. Mediante un montaje austero, con una anciana que ha sufrido un derrame cerebral y no puede hablar, en una casa fúnebre donde el paso del tiempo reserva horas de soledad asistida, La abuela luce sus mejores ángulos para mostrarnos lo vulnerables que somos ante los seres que amamos. 


Filigrana de imágenes crudas en el desenlace.







enero 24, 2022

archivo 81_ocultismo analógico


La serie creada por Rebecca Sonnenshine despierta entusiasmo entre los amantes del horror analógico y las sectas ocultistas, conspiraciones incluidas.

 

Basada en el podcast homónimo, la serie Archivo 81 (2022) de Netflix parte de la premisa found footage para sumergirnos en una historia de sectas, dioses antiguos y edificios malditos. James Wan, conocido por sagas como Saw, Insidious y The Conjuring, produce esta serie desarrollada por Rebecca Sonnenshine. La historia gira en torno al hallazgo de unas videocintas de 1994 que contienen material inédito acerca del Visser, edificio neoyorkino que ardió en llamas bajo circunstancias misteriosas. Dan Turner [Mamoudou Athieacepta restaurar este material para seguir el rastro de Melody Pendras [Dina Shihabi], una estudiante de sociología en busca de su madre. Virgil Davenport [Martin Donovan], convencido de que Melody estuvo involucrada en la desaparición de su hermano Samuel [Evan Jonigkeit], le ofrece a Dan las cintas a cambio de trabajar para él en un laboratorio de las montañas Castskills. 

A lo largo de ocho episodios, Archivo 81 cumple con creces su promesa de sumergirnos en una trama obsesiva, de sellos ocultistas, dimensiones extratemporales, sacrificios paganos y atmósferas insanas. No es una serie de jump scares, sino de fenómenos paranormales, lo cual se agradece ya que apela más a la tensión psicológica que al ritmo cardíaco. Los espectadores de ojo crítico podrán identificar varias referencias en su metraje, desde El ministerio del miedo (1944) y Twilight Zone (1959) hasta Solaris (1972) y El proyecto de la bruja de Blair (1999), sin dejar fuera los guiños a Polanski, George A. Romero y John Carpenter. Otro de los atractivos de la serie es que rinde tributo a la nostalgia por los dispositivos audiovisuales analógicos, y lo hace de forma natural, intrínseca a los hilos argumentales. Revive el fetichismo por videocasetes en formato VHS, películas de 8mm, el clásico Walkman y demás parafernalia retro con una devoción alucinante.


Aparte de referencias cinematográficas y liturgia vintage, Archivo 81 introduce la presencia de Kaelego, un demonio cuya efigie hecha de kharonita, piedra extraída del cometa Kharon, es el centro en torno al cual giran las subtramas. Como en su momento Bughuul alimentó la mitología ocultista de Siniestro (2012), aquí volvemos a encontrar un sistema de ritos que involucra imágenes en movimiento y portales dimensionales. Lo que Dan descubre al restaurar las cintas de Melody se remonta a La Sociedad Vos, élite ocultista que sobrevivió en las entrañas del Visser gracias al esfuerzo de nuevos adeptos. Esta noción de continuidad del mal por medio del linaje también asoma en la novela Nuestra parte de noche (2019), de Mariana Enriquez. Como si el horror, para mantenerse vigoroso, exigiera sacrificios generacionales alineados con los astros. Nuevas víctimas que restauran sin saberlo un ciclo indestructible, entre videocaseteras y música ritual.