CONEJOBELGA

03 enero 2015

destino holbox



Explora el paraíso.

Holbox es todavía una isla virgen, con poca afluencia; la mayoría de los turistas se han ido a Cancún y Playa del Carmen. Desde que bajé del ferry—con la espectacular vista del amanecer y el silencio monástico de los turistas extranjeros—, me dirigí directamente y por pura intuición al mar, y he recorrido la playa en un gran tramo, hasta llegar a una especie de paraíso privado—a mi paso, una pareja alemana en bicicleta, y luego, unos franceses más misteriosos—, donde tomé un par de fotos evocadoras. El agua es fresca y transparente, con un tono verde jade que se irá tornando azul intenso, y nunca sientes deseos de salir de allí. Es como hacer el amor con una chica apenas conocida, una y otra vez, infatigablemente, con el furor de la novedad y el entusiasmo adolescente.


A la hora de mi exploración, muy temprano, he visto dos o tres atletas extranjeras corriendo por la costa en ropa deportiva. La segunda me ha sonreído inesperadamente: sabe que soy nuevo. Un grupo de practicantes de yoga se concentraba en sus posturas imposibles, varios lancheros hacían los preparativos de su jornada diaria y dos niñas rubias recogían caracoles, en un performance idílico y real. Hacia el mediodía he sentido hambre y sed, y a mi paso, de regreso, hago escala en La Diosa Kali, un hotel y club de playa con varias mesas vacías. Las galletas Dondé que acompañan el coctel de camarón son un gesto inesperado a mis orígenes yucatecos. El mesero es un chico que no pasará de veinte años y me ha preguntado: “¿Está bueno, cuate?” mientras le doy el primer bocado a esta delicia con una Bohemia oscura que el gringo de enfrente también querrá tomar en su segunda ronda. La música varía de las baladas pop a los grandes éxitos de Juan Luis Guerra y cierra con un eléctrico homenaje a Selena, la reina del tex-mex. Razón suficiente para ser feliz. A las tres de la tarde pienso ir a la playa otro rato, antes de volver a Chiquilá en el ferry. 


En cuanto a costos, el destino resulta bastante accesible. Me he informado que existen hoteles, cabañas, hostales y posadas que varían en comodidad y precio. Holbox será durante algún tiempo un edén anónimo, antes de que la infraestructura económica del complejo ecoturístico que se ha previsto edificar lo convierta en blanco seguro de springbreakers y personajes de Grand Theft Auto. Me entusiasma ser testigo de ello, porque se transformará irremediablemente, no sé si para bien o para mal, y tendrá un espíritu distinto. Pero, como dijera Heráclito, lo único que dura es el cambio. 

Imágenes: CONEJOBELGA