CONEJOBELGA

03 febrero 2015

universo björk

 
Intuiciones de una madurez conmovedora.

El universo interior de Björk [sería limitado decir mundo, porque no ha dejado de expandirse] apela constantemente al pensamiento divergente, a la imaginación caprichosa y desbordada. Desde su etapa inicial, violentamente feliz, hasta los exabruptos de Hunter/cabeza rapada o la hondura maternal de Cocoon/leche de pezones roja, NADIE pensaría que a esta islandesa le gusta pasar desapercibida. Lo suyo es la extravagancia, el reino de la imprudencia impredecible. Tirar la casa por la ventana—¡o comprarse un barco!

Si, como alguna vez dijo Susan Sontag, el artista moderno ejemplar es un traficante de locura, Björk se lleva las palmas—recordemos su impresionante interpretación de Selma en ese bizarro musical que fue Dancer In The Dark (2000), dirigido por otro excéntrico: el señor Lars von Trier de Dinamarca. Pero fuera de cualquier apelativo ingenioso, nos encontramos frente a una artista que ha sabido expandir su lenguaje sonoro, la mayoría de las veces con virtuosismo y alto factor de riesgo. Música para el cuerpo y la mente y lo que hay en medio. Vitamina espiritual. 

¿Es posible perfilar una taxonomía del trabajo de Björk? No sería descabellado, no sería imprudente sentar las bases. Human Behaviour y Earth Intruders son como hermanas con varios años de diferencia. Isobel, Joga, Pagan Poetry, Stone Milker y Black Lake—las dos últimas piezas, de su nuevo material, Vulnicura (2015)—podrían formar un quinteto emotivo hasta las lágrimas. En el centro del cosmos musical, brillarían temas como Hidden Place, New World, Cosmogony. Y ya en plan de feminismo eléctrico, sería necesario prestar atención a tres furias: Pluto, Declare Independence y NotGet.

El registro vocal de Björk y su enérgica introspección explosiva, junto a una sorprendente audacia fashionista, la convierten lo mismo en un referente de la música experimental que en una simpática girl scout en las montañas de su tierra natal, vendiendo galletas verdes a los gnomos, persiguiéndolos con delicadas puntas de hielo triste. Y no es realismo mágico.

Vulnicura destila sentimientos de fragilidad y desesperación, imágenes de ambientes glaciales, intuiciones de una madurez conmovedora. Björk vence a sus propios demonios con cantos de sirena, muy bien producidos, eso sí, por ella misma + Arca + The Haxan Cloak. La fusión de cuerdas y sintetizadores [especial atención al dueto con Antony Hegarty, en Atom Dance] entona un dramatismo de lo más extraño, pero sumamente disfrutable. La reina del hielo despertó adolorida. Pasen y oigan.

Vulnicura
Björk
One Little Indian, 2015