CONEJOBELGA

23 febrero 2015

los infiernos lógicos


A partir de la relación oblicua entre un hombre herido, una niña con un ataque de asma y una pareja de recién casados, El incidente desafía el cine comercial a favor de un ejercicio de ciencia ficción en sintonía con Philip K. Dick. La opera prima de Isaac Ezban, exhibida hace unos meses en el festival de Cannes, se presentó durante el marco del Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán 2015.
 
Termina la función de El incidente (2014), de Isaac Ezban, y siento un impulso furioso de ir corriendo a comprarme la narrativa completa de Philip K. Dick para empezar de inmediato su lectura. O por lo menos, la novela que tantas veces veremos a lo largo del filme: Time Out Of Joint.  Tengo más preguntas que respuestas, y la sensación de circularidad persiste, además de que he tomado nota sobre un buen número de pistas falsas. Misterios que en todo caso serían lynchianos, pues dudo que arrojen luz sobre lo que he visto: un sofisticado mecanismo de ciencia ficción nada frecuente en el cine nacional.

Estos guiños crean una amalgama que los amantes de los infiernos infinitos y las aporías lógicas sabrán disfrutar. Desde los dibujos imposibles de Escher a la Nadja de Breton, El incidente podría remitir también a los relatos malsanos de Mario Bellatin o a las situaciones pesadillescas de Alejandro Jodorowski, a El jardín de senderos que se bifurcan de Borges o a La historia según Pao Cheng de Elizondo. Reconozco tantas conexiones que enumerarlas parecería un performance de autista. Sin olvidar que A puerta cerrada de Sartre, donde los actos están condenados a repetirse una y otra vez bajo una monstruosa circularidad punitiva, sería otro referente útil. Un infierno doméstico.


Pero más allá de las referencias intertextuales y los guiños a voyeurs clavados en la textura, percibo una intención explícita de fundar un lenguaje que desafíe la racionalidad, y que la traicione a partir de reglas absurdamente racionales. La trama es muy sencilla. Dos hermanos atrapados en un edificio cuyas escaleras no conducen a ninguna salida parecen relacionarse con una familia que viaja por una carretera sin fin—y en los márgenes de la historia, con unos amorosos recién casados. Un leitmotiv los persigue: todos son víctimas de incidentes desastrosos. Y en algún punto, las parábolas adquieren tintes metafísicos por la sensación de no poder huir.

Lo que vendrá después me hace pensar en el discurso de los esquizofrénicos y la divergencia mental de los paranoicos, en los clochards de Beckett y la sensación de fracaso generalizado. Esta opera prima—probablemente ya una obra de culto—destila una especie de amargura intelectual que se lame las heridas en el espejo. No le falta humor mutante que se transforma en ironía cósmica—como el cuerpo de Stephen Hawking en suspensión gravitatoria. Es evidente una fijación por las contradicciones lógicas, los laberintos matemáticos y el delirio articulado de forma verosímil. Justo lo que uno necesita un viernes por la noche para sentirse feliz. 



 El incidente
Isaac Ezban
Cine Caníbal, 2014