9.6.13

ROGELIO GUEDEA: 41 balazos



 ROGELIO GUEDEA: 41 balazos

Rogelio Guedea platica sobre 41, su segunda novela policiaca publicada por Random House Mondadori, que en perspectiva se complementa con su trabajo anterior, Conducir un tráiler, y su siguiente obra, El crimen de los Tepames. Incesto, pedofilia, pornografía infantil, drogadicción, homofobia son piezas que conforman el tejido policiaco de 41, protagonizada de nueva cuenta por los agentes Sabino y Román, además del Japonés, el Ferras y una serie de personajes mal vibrados que entretejen dos tramas alternas en tiempo y espacio. Un solo final, un solo crimen incómodo —el del hermano de un prominente político priísta— dan sentido a esta historia basada en hechos reales.   


Christian Núñez (CN): 41 es una novela enérgica. ¿Cómo le transmites al lector la sensación de que todo lo que leemos se representa con seres de carne y hueso?
Rogelio Guedea (RG): Los personajes de mis novelas (incluyo, por supuesto, Conducir un tráiler) son, en realidad, personas. Los conozco, he convivido con ellos y, por tanto, los he visto de frente y de perfil, por arriba y por abajo, con sus días buenos y sus días malos. Eso me ha ayudado mucho a darles no sólo verosimilitud sino una especie de verdad que está más allá de lo puramente ficcional. Quizá por eso, como puede verse, es posible que unos personajes rudos como Sabino y Román, los judiciales, pueden también ser, en determinados momentos, blandos, ingenuos e, incluso, inofensivos, como lo somos los seres humanos de toda especie, que no siempre somos malos ni buenos sino que siempre oscilamos en los diferentes matices del gris, del blanco y del negro.


CN: ¿Qué problemas técnicos enfrentaste al trasladar la realidad a la ficción y bajo qué criterios reconstruiste los acontecimientos?
RG: La realidad siempre fue nada más la base sobre la que se fincaron algunas de las líneas temáticas que yo quería tratar en la novela. Temas que tienen que ver, en mayor medida, con los males endémicos de México y que pueden atisbarse en aspectos como la pedofilia, la represión contra criminales, el incesto, las drogas, la intolerancia, la corrupción, las redes de poder, la pornografía infantil. Todos estos temas fueron sedimentos a la hora de construir los entramados ficcionales, a la hora de darle a la realidad una dimensión ficcional. No tuve, por tanto, demasiados problemas técnicos puesto que siempre me interesaron más las líneas temáticas que salían de esa realidad, que la realidad misma que las expresaba. Ya una vez que pude definir el plan narrativo, entonces fui dándole orden a la historia que quería contar y a la forma en que quería contarla, todo ello pensando en que el lector formara parte esencial de la misma.

CN: Has comentado que 41 pertenece a una trilogía, antecedida por Conducir un tráiler y a la que le sigue El crimen de los Tepames, sobre dos familias muy famosas que se viven matando. ¿Desde un principio conformaste tu novelística en un ciclo de tres bloques?
RG: Desde un principio, sí, tuve ese esquema narrativo. Las tres novelas no sólo me van a servir para conformar un fresco sobre el México contemporáneo y sus peores males, sino también para crear un universo ficcional en donde todos los personajes van a tener un lugar importante en la historia. El lector podrá conocerlos de cerca y podrá, así, quedarse con aquellos que le parezcan más entrañables. Me interesa, además, que toda la historia sea una gran historia que esté dividida por tres grandes momentos: los primeros crímenes (Conducir un tráiler), la captura del autor material o de uno de los autores materiales (41) y la captura o conocimiento de los autores intelectuales (El crimen de los Tepames). ¡No quiero adelantar más para no darle todo en las manos al lector!

CN: Tu talento como poeta ha sido reconocido en más de una ocasión. ¿A partir de qué punto decidiste lanzarte a la narrativa?
RG: Se fue dando de forma natural. Yo empecé haciendo una poesía que tenía algunas inclinaciones narrativas. Luego esta poesía fue tendiendo cada vez más a la narratividad. Posteriormente me interesó el poema en prosa. Luego, este poema en prosa fue incluyendo algunos elementos narrativos. De aquí surgió la minificción, y luego inmediatamente después empecé a escribir cuentos. Estos cuentos reunidos tenían, me di cuenta después, unidad temática, y eran como una novela fragmentada. Entonces no me fue difícil entrar a la novela. Un buen día me encontré narrando una historia larga larga, llena de capítulos y más capítulos, y cuando me di cuenta ya tenía Conducir un tráiler, que había estado en mi cabeza durante más de diez años.

CN: En Mérida, explicabas que una de las películas que más te han cautivado es La ventana indiscreta, de Hitchcock. Mencionaste la escena de la mujer que se inventa un compañero para una cena de amor. Con esta imagen de fondo, se puede estructurar una poética de la narrativa, dijiste. ¿Es 41 una novela cinematográfica?
RG: Totalmente cinematográfica. Se puede ver, mientras se lee (eso creo), en la pantalla de un cinematógrafo. Y si no es cinematográfica, es mi error, porque yo la escribí viéndola en la pantalla de un cinematógrafo.

CN: ¿Por qué ahora te interesas por el caso de un asesino de homosexuales?
RG: Me dio pie, como te digo, para hablar de algunos temas que me interesaban. Algunos males del México contemporáneo, como ya lo mencioné antes. De forma que creí que entrando por esa puerta se me facilitaba de forma natural el entronque con esas temáticas y con esas formas estilísticas que me interesaba también poner al servicio de la historia. Porque a mí lo que más me interesa es contar. Soy un contador de historias sin dejar a un lado, ni un segundo, mi compromiso con el lenguaje. Básicamente es esa mi poética: que el compromiso con el lenguaje no le dé la espalda al compromiso social o de la realidad, y que de esta tensión surja mi propuesta literaria.

CN: Crudeza de lenguaje y contenido cáustico son rasgos que hacen de éste un libro con miras a volverse tan obligatorio como las novelas De los niños nada se sabe (Simona Vinci) o El fin de Alice (A. M. Homes). ¿Estamos ante una nueva ola de autores que reivindican el realismo criminalista?
RG: Yo creo que estamos definitivamente ante una nueva realidad que no será desoída por un grupo de autores de vocación realista, como yo. Habrá siempre quien considere esta postura errática, pero yo creo que no lo es. Yo acepto a los escritores literarios, con universos bien definidos, casi sin ningún arraigo con la realidad más concreta. Los acepto e, incluso, los admiro. Pero yo no soy así. Es otra mi formación. Son otras mis convicciones estéticas. Ser así es negar todo lo que he sido y soy yo mismo como persona y, a veces, narrador de mis novelas.

CN: Yuri Herrera es autor de dos obras que también escudriñan las difíciles condiciones de vida en México, y desde México al extranjero. Es notorio que ninguno de los dos radique en el país, pero aparte de eso ¿hay vasos comunicantes entre ambos?
RG: Bueno, Yuri es un gran novelista que ha tratado también de pintarnos un fresco del México contemporáneo a través de sus novelas. Ya radica en México, aunque estuvo fuera mucho tiempo. Evidentemente, hay vasos comunicantes entre nuestras obras en tanto que, como lo decía anteriormente, nuestras narrativas tienden a abrevar en la realidad más inmediata (aunque esta inmediatez no quiero que se malentienda como pelicanismo u oportunismo). Nace de la realidad de la época, pues, y desde ella se tiende a decirla y a conceptualizarla.

CN: ¿Qué perspectivas a futuro distingues en la literatura latinoamericana?
RG: Creo que predominará una literatura cercana a la realidad, como casi siempre ha sido. Latinoamérica siempre ha sido una zona de conflicto y esto no deja indemne a los artistas o escritores. Donde hay conflicto, donde hay crisis, siempre hay una literatura que o se alejará de ella (como fue el caso de Lezama Lima en Cuba, y con esto no quiero decir que Lezama Lima le haya dado la espalda a su realidad, no, sino que la mostró de una forma más alegórica) o se acercará a ella. Entre estas dos vertientes se encuentran las líneas narrativas de la futura literatura latinoamericana.

CN: ¿Guedea escritor y Guedea académico son el mismo?
RG: Son diferentes, como diferente es el Guedea papá, el Guedea poeta, el Guedea ensayista, el Guedea microrrelatista, el Guedea traductor, etcétera. Pero no hay problema: todos conviven siempre en sana paz y se la llevan muy bien.
[Foto: Cortesía Rogelio Guedea]