29.1.21

30 monedas_legado de judas

 

30 monedas: el mejor Álex de la Iglesia 

regresa con una serie demoníaca.


 

Sabemos que Judas traiciona a Jesús, se cuelga de un árbol y las treinta monedas de su traición se dispersan por el mundo. Pero siglos más tarde, en Pedraza, Elena (Megan Montaner) asiste a una vaca durante su parto y, en lugar de un borrico, el animal da luz a un bebé. Paco, el alcalde (Miguel Ángel Silvestre) se involucra en el fenómeno y hay sospechas de que el padre Vergara (Eduard Fernández), exorcista y ex boxeador en el destierro, está vinculado al incidente. De qué modo, corre por cuenta del espectador averiguarlo.


30 monedas, la serie de HBO Europa dirigida por Álex de la Iglesia, funciona como un clúster de obsesiones en clave de horror. Cada episodio se presenta de forma independiente y con identidad propia, subordinada al ambicioso guión que el director español ha coescrito con Jorge Guerricaecheverría. Dupla creativa que ha liberado legítimas joyas, prácticamente una filmografía completa desde El día de la bestia (1995) hasta Perfectos desconocidos (2017), y ahora esto. Estamos ante un Álex de la Iglesia en estado puro, dice la crítica, y vaya que es verdad.


¿De qué va 30 monedas? De la lucha entre el bien el mal con el trasfondo de un complot religioso internacional. Si bien Álex de la Iglesia insiste en haber filmado una serie de horror puro y duro, la producción es tan alucinante que en varios segmentos emití de forma involuntaria una especie de risa nerviosa y ambigua. No siempre vemos desfilar bestias que rinden tributo a Lovecraft, posesiones y dobles malditos, espejos dimensionales, resucitados por hechicería y sacerdotes que argumentan con demonios. 

  

 

Ejercicio radical de cultura pop que consigue alturas hiperbólicas, uno se ríe desde su asiento y termina preguntándose: ¿pero qué estoy viendo? Sin embargo, esta densidad friki no es para todos, y habrá quienes consideren a 30 monedas como una descomunal acrobacia para urdir tramas de cine B mediante guiños, gags y trucos de mago. Pero vaya que si entras al universo retorcido que propone, te acostumbras a sus blasfemias, giros diabólicos y personajes excéntricos, estimarás en su justa medida más de una tesis teológica, cuestionarás el dogma.


Porque Álex de la Iglesia no escatima en recursos técnicos ni diálogos para explicarnos que quizá Judas fue, dentro del plan divino, el apóstol perfecto: obedeció al pie de la letra el designio mesiánico para irse al infierno. Por ende, Satanás formaba parte de una obra de teatro metafísica, donde el mal había sido orquestado por el bien, y practicarlo era perfectamente admisible, incluso admirable. Satánico en estado de gracia, no apto para minimalistas ni monjes tibetanos. Veas lo que veas, niégalo.