CONEJOBELGA

05 marzo 2012

Las mujeres decentes de la 58




Martínez + Ramírez + Rasmussen:
Las mujeres decentes de la 58 ¡Por  nuestros hijos!

Elogio de la vida fácil
Hace menos de un mes, la chica con la que estoy saliendo y yo fuimos al centro a ver opciones de departamentos económicos. Subimos a un edificio cerca del parque de San Juan, donde nos confundieron con una pareja de amantes ocasionales. Nos informaron que allí rentaban habitaciones por día y por mes. La mujer que atendía nos miró como si pensara: ya sé a lo que vienen. Le preguntamos por una dirección, y nos indicó que bajáramos las escaleras y dobláramos en la esquina. Ella siguió con sus uñas falsas y nosotros seguimos caminando, hasta llegar a un pasillo con paredes desgastadas, maloliente, viejo. Como de una película de Ripstein; pienso principalmente en Así es la vida, para no desentonar.

Había una anciana, olor a basura, moscas, un gato y unos departamentos no muy grandes en 1,400 pesos. Después de analizar la situación, crucé con la chica con la estoy saliendo al parque de San Juan y vimos a las palomas encima de una estatua manchada de excremento. La gente del parque, cansada y aburrida, con el calor de una ciudad abstraída en el pasado más decadente, recorría el lugar como si a su paso dejara una estela de moho dulzón. La jornada concluyó en un Oxxo, a donde entramos para comer sopas instantáneas. La escena final es sublime: nosotros, en las escaleras del autoservicio, un poco hartos y con ganas de dormir.   


Preguntas antropológicas
Las mujeres decentes de la 58 ¡Por nuestros hijos! de Elena Martínez (bordados), Gabriel Ramírez (dibujos) y Christian Rasmussen (entrevistas + fotografías), en las salas 4 y 5 del MACAY aprisiona el ritmo de la ciudad, su fetidez y el clima de incertidumbre en varios puntos del Centro Histórico. En Mérida vivimos una especie de paz de cementerio, donde parece que todo está bien, pero nada funciona. La paz del status quo, respaldada por un cacicazgo estratificado que deja fuera un buen número de historias excepcionales. Nuestra verdadera prostitución es la doble moral practicada por decreto. Paciencia. La exposición no sólo pone el dedo en la llaga. También hurga, explora heridas profundas.

Rasmussen, de profesión antropólogo, se encarga de entrevistar a 22 mujeres que trabajan en este oficio. Ramírez las garrapatea con su estilo ya conocido de dibujar cuerpos nerviosos. Martínez desnuda el interior existencial con los hilos de sus lienzos bordados. Así, los tres configuran una muestra de carácter social, con preguntas antropológicas incluidas, y golpes emocionales. Los testimonios parecen cuentos de Rulfo en versión yucateca, donde el mal no existe y nunca pasa nada. Y lo que realmente pasa, no pasa, se queda debajo de las rocas, con las hormigas del conservadurismo y la doble moral.
 

Cita a ciegas en la calle 58
«El día de hoy voy a contarte de mi vida —dice Ángela. Yo en mi niñez fui violada, fui maltratada, fui pisoteada, y sin embargo ya como mujer no siento resentimiento a la persona que me lo hizo.» En el recorrido, el espectador podrá leer los testimonios de las prostitutas y sus tragedias personales como si presenciara sesiones psicológicas. Sus recuerdos transmiten la sinceridad de quien no tiene absolutamente nada que perder, porque lo ha perdido todo. Hay que pensar en eso mientras caminamos en las calles de Mérida. Cuestionarnos si realmente vivimos en la mejor ciudad del país, la más tranquila, la que compite en bienestar de vida con Suecia. Por nuestros hijos y por sentido común. 

–Christian Núñez
[Imágenes: cortesía del MACAY]



Nota publicada en la columna EL MACAY EN LA CULTURA del Diario de Yucatán [05.03.2012]