CONEJOBELGA

18.12.18

libia lizama_poesía y tabú


Un poemario a lo Rulfo, donde
la vida y la muerte bailan desnudas.


Cerca del nuevo fin
Tabú, fuego y dolor
La selva se abrió a mis pies
Y por ti tuve el valor
De seguir.

Gustavo Cerati



1. Doce de Diciembre, 12 del día. Entro al mítico Café Pop y ordeno un jugo de naranja + un flan napolitano. Abro el libro de Libia Lizama Crespo, A mis sesenta y más, para sintonizar el foco de nuestra entrevista. Su poemario, dividido en tres partes [Oruga, Metamorfosis y Libertad] se lee de un tirón. Tiene esas cualidades: ser homogéneo, expresivo, insolente. Además, el subtítulo—Poesía que rompe tabúes—resulta una declaración de principios. Libia describe su práctica como una invitación y un atrevimiento. Rápidamente, activo la reportera, ese REC tan sigiloso. Platicamos durante dos horas y le digo que no suelo hacer demasiadas colaboraciones en Mérida. Más bien evito las capillas literarias, me mantengo en los márgenes. Salvo excepciones.   

2. Libia estudió la carrera técnica de creación literaria en el Centro Estatal de Bellas Artes durante el tiempo que impartí varias materias. Ella y su hermana Olda eran las primeras en llegar y las últimas en irse. Hacían preguntas, de todo tipo, algunos sumamente específicas, lo cual habla de su espíritu indagador. Fue durante aquellas sesiones que compartimos experiencias literarias/estéticas que rehuían el protocolo. Y, claro, revisión de textos, comentarios, sugerencias. Luego perdimos contacto varios meses, hasta la publicación de su libro. A la distancia, tras leerlo, reconozco que la obra despliega un pulso lírico estable. Eleva una voz personal entre verso y verso. Las experiencias urden metáforas; hay un lenguaje, un código, una ruta simbólica. En fin.




3. Decir que Libia explora temas universales como el amor, la libertad y el deseo sería simplista. Lo mismo que orientar su discurso hacia el feminismo. Lo primero, porque la voz poética desborda lo abstracto para enaltecer todos los sentidos. Lo segundo, porque no hay protesta en su obra, sino celebración de la carne. Una fiesta que no excluye amarguras. Una fiesta que no descarta episodios trágicos. Una fiesta a lo Rulfo, donde la vida y la muerte bailan desnudas. Lo innovador de su estilo consiste en decir Yo puedo en un circuito artístico que no es precisamente inclusivo. Ella misma señala: Alguien de Bellas Artes me dijo: «¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Eres una alumna, estás saliendo de la escuela, tienes más de sesenta años y—la palabra mágica—eres mujer

4. A mis sesenta y más cuestiona el establishment yucateco. Es un primer trabajo inteligente. Un caballo de Troya para la ciudad blanca. La literatura no solo consiste en enseñar retórica, sino (quizás) en revertirla contra el patriarcado, la violencia del aparato cultural obsoleto, y lo que venga. Por otro lado, ante el diagnóstico de que ya nadie lee poesía porque es completamente inútil hacerlo, Libia ha escrito un poemario. Y me dice, mientras formulo esto en mi cabeza, que vienen más proyectos. «Estoy planeando otro libro, pero será variado. Incluirá un monólogo, un ovillejo a la manera de Cervantes, varias sorpresas.» Entonces lee algunos versos, en una libreta de espirales, y sonríe, mientras se oye una canción de Los pasteles verdes al fondo.
  

A mis sesenta y más
Libia Lizama Crespo
Edición de autor, 2018