CONEJOBELGA

30 diciembre 2014

un matamarcianos fascinante


Los peces robóticos están de vuelta.

La mayoría de los juegos de naves para PS3 pésimos. De hecho, no hay muchos. Además de haber visto unas cien películas de terror, me he pasado los últimos dos años de mi vida intentando encontrar algún shoot ‘em up que valga la pena. Aunque sea uno. Un solo matamarcianos que alce la voz y diga: yo soy el bueno, como una especie de Jesucristo intergaláctico. Uno solo que afirme: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, soy el maldito hijo pródigo. En su Tratado de historia de las religiones, Mircea Eliade dice que el ser humano empezó creyendo en ciertas entidades sobrenaturales que explicaban los fenómenos de la vida cotidiana. Así nacieron las religiones uranas, que en realidad son un intento por explicar el mundo postulando la existencia de un elemento celestial que sobrepasa el ámbito doméstico: la lluvia, el sol, el viento, las constelaciones. Cuando ves Prometeo de Riddley Scott te queda clarísimo. Quizá las religiones del futuro nos laven el cerebro con matamarcianos y ciencia ficción. 

En 2012, un amigo me ayudó a conseguir Gradius V, que en sus días fue lanzado para la PlayStation 2. Lo desarrolló Treasure, el mismo equipo de Ikaruga y Radiant Silvergun, por encargo de Konami. Lamentablemente, el PS2 que me vendieron no lograba leer el disco y, tras muchas tribulaciones, tuvimos que devolver el producto. Era el segundo intento por jugarlo, ya que unos días antes había instalado en mi laptop un emulador de esta consola, pero no arrancaba al 100% y la compu empezó a fallar. Se recalentaba, se apagaba repentinamente y decidí abortar la misión. Más tarde descargué una maravilla de Digital Reality + Grasshopper Manufacture, Sine Mora, en la PlayStation Store de Sony. Un magnífico título multiplataforma, que ahora está disponible para dispositivos IOS con un joystick virtual, por cierto. La historia gira en torno a una tropa de mamíferos humanoides rebeldes que viajan por el tiempo, todo ambientado con una preciosista estética diesel punk. Muy bonito y difícil y deslumbrante y con un gran apartado sonoro, creo que no tiene defectos, aunque requiere mucha concentración.




Más allá de Sine Mora—y un par de contadas excepciones; los dos Söldner X por ejemplo—, el panorama de los matamarcianos en las consolas actuales no ofrece gran variedad. El público meta es en todo caso un reducido nicho de gamers nostálgicos que succionan básicamente los remakes de viejas franquicias. Dariusburst Second Prologue, que Taito puso en circulación para IOS, sigue esta lógica. Se trata de un port del original lanzado para PSP, y no veo nada de malo en ello, pues resulta de lo más entretenido y cuenta con un score de puta madre, cortesía de Zuntata. Revisando por aquí y por allá, te enteras que estos chicos se inspiran en otra agrupación japonesa fantástica, un poco más soft, la Yellow Magic Orchestra. Los peces robóticos del espacio exterior que desfilan en Dariusburst SPson fascinantes. Podrías dejar que te destripen para seguir oyendo la música—los coros en particular—y memorizarla. En cuanto a jugabilidad, resulta fluido y retador (intenta el modo hard) y, a diferencia de los títulos de Cave, los de Taito proponen un shmup refinado, que sintetiza el espíritu de un género ya en peligro de extinción.