CONEJOBELGA

16 diciembre 2014

informe mórbido



La quinta edición del Festival de Cine Fantástico y de Terror Mórbido Mérida 2014 se realizó del 10 al 14 de diciembre pasado. Sangre, vísceras, moho y demás atrocidades fueron exhibidas en las pantallas del Teatro Armando Manzanero y La 68 Casa de la Cultura durante cinco días. Aquí una crónica de CONEJOBELGA.

[10.12.2014]
Día uno. Increíble pero cierto: en el lobby del Teatro Armando Manzanero todavía conservan un póster del Otoño Cultural en su edición 2010. Ahí se anuncia un homenaje a nuestro cantautor más universal, sonriente y con sombrero de mestizo. Una vez leí un artículo en Replicante que hablaba de Manzanero, Roberto Carlos y otros baladistas naïf como cursis y golpeadores a partes iguales. También llama mi atención el retrato al óleo de Tufic Charruf Baduy, quien fundó este recinto un 9 de diciembre de 1949. 65 años después, a punto de inaugurarse el Festival Mórbido 2014, quinta edición, veo cruzar a la viuda de Carlos Enrique Taboada, Rocío Amézquita de Taboada, junto al director del documental Jirón (2014), Christian Cueva. La conferencia da inicio diez minutos después.


Jirón emprende la búsqueda de la última película de Taboada, Jirón de Niebla, que por extrañas razones nunca pudo ver la luz. Se trata de un material oportuno para este momento en el que nuestro Duque del Terror experimenta un revival, tanto por los remakes de su famosa tetralogía [Hasta El Viento Tiene Miedo, El Libro De Piedra, Más Negro Que La Noche y Veneno Para Las Hadas] como por el séquito de jóvenes que lo consideran un director de culto. Toda vez que revelar algunos detalles del documental implicaría spoilear los resultados de la investigación, es necesario decir que Christian Cueva desempeña una labor periodística solvente. Nos muestra conmovedores testimonios del equipo que participó en el rodaje, con anécdotas deliciosas, incluso del mismo Taboada. Las dificultades económicas que enfrentaba en cada una de sus producciones, sus vaticinios sobre el cine de los próximos años, la apuesta por hacer una obra decididamente personal son elementos circunstanciales que contextualizan Jirón de Niebla, la película maldita de su filmografía. Pero el terror aún está gestándose.


[11.12.2014]
El segundo día del festival llego a un lobby con más público. Aunque el target es diverso, entre los jóvenes se reconocen características comunes. Algunos podrían ser personajes de Álex de la Iglesia, o de Sion Sono. Me da gusto ver cómo se han multiplicado los frikis en esta ciudad. Se diría que me siento feliz, radiante como una albóndiga. La primera película de hoy será The Creeping Garden (2014), un documental de Tim Grabham y Jasper Sharp que ha ganado múltiples premios en su recorrido por las muestras de cine independiente. Le tenía mucha fe, y he quedado satisfecho por su tono pedagógico para explicar las aplicaciones del moho del fango en los terrenos de la ciencia, el arte, la planeación urbanística y la bioinformática. Algunos expertos opinan que este organismo—un auténtico guerrero de color amarillo fosforescente—posee inteligencia primitiva. Otros prefieren hablar sólo de comportamiento. Como sea, el moho mucilaginoso se aferra a la vida en situaciones extremas, consigue alimento y sobrevive. El tono, el ritmo y la narrativa de The Creeping Garden son pausados, con una pizca de humor cerebral y una evidente motivación científica. Es ahí precisamente donde radica su fuerza. De ahora en adelante ya nadie podrá decirnos que bajo las piedras habita una entidad residual, un huésped inútil de la naturaleza en descomposición. Sus ramificaciones nerviosas lo han reivindicado. El moho es el rey.




Viene Por Ti (2008), del director tailandés Banjong Pisanthanakun, sigue con esta nueva ola de cintas malditas. La historia de una película de terror cuyo fantasma persigue a los empleados de un cine hasta atraparlos en la pantalla no es demasiado original, realmente. Aun así, me presto al juego. La trama es la siguiente: Con la ayuda de un amigo, Shane (Chantavit Dhanasevi) ha vendido una copia ilegal del próximo estreno de la temporada—una cinta de terror que incluye el asesinato de una vieja espantosa—, lo que desencadena una ola de crímenes a discreción. Som (Vorakarn Rojjanavatchra), la ex novia de Shane, al principio no le cree nada ya que el tipo solía consumir drogas. Aun así, lo acompaña hacia la segunda mitad del filme para descubrir una verdad que pretende sacudirnos. No obstante, el verdadero cine de terror nunca llega, los gags se acumulan entre guiños cómicos y la resolución final carece de dramatismo. Es una lástima, porque Shutter (2004) me pareció un buen debut. Aquí en cambio se echa de menos la atmósfera, el misterio creciente. Esperaba algo más hardcore.


La última película de esta ronda, Perdidos (2014) de Diego Cohen, se construye a partir del material encontrado en las cámaras de cuatro chicos que se aventuran a pasar una noche en los baños de un edificio abandonado en la Ciudad de México. Sin duda, la carta fuerte de la noche. Si han jugado The Last Of Us, sabrán que un lugar en decadencia que emite sonidos guturales puede ser más inquietante que ver la cara del demonio. Porque el terror lo creas tú, a partir de las sombras, las ambigüedades, los indicios, el pánico. Ese pánico es contagioso. Lo que no se ve tiene una potencia sugestiva enorme. Y en Perdidos, la aparente informalidad, el tenue hilo entre lo que no ha pasado y lo que está ocurriendo justo ahora, los audios de exorcismos auténticos, cumplen un solo objetivo: incomodarte. Una vez que intuyes de qué va el asunto, empiezas a ponerte nervioso, sientes un ligero cosquilleo en la nuca y, como los protagonistas, entras en paranoia. Perdidos tiene muy mala vibra, en el mejor sentido de la palabra.
Seguiremos informando.

Lo que las masas adulan por encima de todas las cosas es la imagen del mal impune.
Michel Houellebecq

[12.12.2014]
Tercer día. Las cosas están poniéndose muy sabrosas. Para hablar en términos gastronómicos, el menú de hoy incluye carne, sangre, vísceras y nudillos sangrientos. No sé si les ha pasado que llegan al cine con la sensación de que no saldrán sintiéndose de la misma manera, de que en el transcurso de esa noche van a ir descendiendo paulatinamente hasta el inframundo. Existe un tipo de espectador que siempre pide más, que se atreve a explorar los bajos fondos, aunque luego necesite un día de playa o comerse un helado. Soy un poco así. Los límites me entusiasman. Las emociones fuertes aderezan el glorioso sinsentido del calendario. Como diría mi abuela Margarita: hay que ponerle cuchillo a la garganta.

Cannibal Fog (2014), de Jonas Wolcher, representa lo más under del cine de terror en Suecia. Nos relata en un lenguaje experimental y performático la vida de Michael (Linus Karlgren), un joven dedicado a ligar por el chat y grabar sus encuentros sexuales intermitentes, y Albin (Malte Aronnson), un chef de carne humana que sabe cómo consentir a sus comensales. Ciertamente, tratándose de una película indie, este filme lleva la filosofía del do it yourself muy en alto, pero en ciertos momentos carece de fluidez y verosimilitud, generando un humor involuntario y actuaciones fallidas. Es como si un director bicéfalo compartiera las cabezas de John Waters y Hannibal Lecter, y no supiéramos cuál de los dos nos matará. Lo menos que podríamos hacer es reír o llorar de forma simultánea, y por las mismas razones. Canibalismo, sátira social y pornografía son los tres ingredientes principales que se fusionan en el teatro del absurdo de Jonas Wolcher. ¡Bon appétit!  



Sonno Profundo (2013), de Luciano Onetti, rinde homenaje al giallo setentero con la historia de un misterioso personaje que asesina mujeres. Lo interesante aquí es cómo se emplea la cámara en primera persona, depurando al máximo la narrativa y los recursos de producción. Un buen conocedor de las características de este subgénero disfrutará el trabajo de Onetti, construido de forma minuciosa, casi artesanal. Sin embargo, ciertas deficiencias técnicas empañan lo que pudo haber sido un excelente regreso de la criminalidad italiana en tonos amarillos. Lo rescatable: la música, los ambientes y la sensación de nostálgico déjà vu que recorre cada escena del filme. Su devoción a la esencia del giallo es innegable, y vas a sentir que Mario Bava y Darío Argento te dan una palmadita en la espalda.

Bloody Knuckles (2014) reúne lo mejor del gore, el cómic y la comedia negra en un solo paquete. Matt O’Mahoney dirige un alegato contra la censura en el que la mano de un dibujante de historietas, Travis (Adam Boys), cobra vida tras haber sido mutilada por un mafioso chino (Kasey Ryne Mazak), lo que despierta la curiosidad de una guapa periodista (Gabrielle Giraud). La narrativa y las interpretaciones ofrecen un buen balance, y en general se nota una integración fondo/forma aderezada con mucha sangre y american way of life. Eso sí, la película está diseñada para devolverle a los medios su importancia como portavoces de la libertad de expresión, y esta premisa como telón de fondo nos hace pensar en una especie de fábula moral simplista. Aunque son encantadores, los personajes no tienen una dimensión psicológica profunda; hablan, actúan y resuelven las situaciones como teenagers acartonados. No obstante, el producto final tiene un sabor único. Bloody Knuckles cumple su noble propósito: divertir y aleccionar con sangre en los nudillos.



Feed The Light (2014) es la cinta más lovecraftiana de este ciclo. Dirigida por el sueco Henrik Möller, construye una metáfora sobre los totalitarismos y la muerte donde la luz y el color adquieren significados perturbadores. Sara Hansson (Lina Sundén) emprende la búsqueda de su hija Jenny (Ingrid Torstensson) haciéndose pasar por intendente en un complejo de túneles pesadillescos. En su camino, recibirá la ayuda de un conserje (Martin Jirhamm) para evadir las pesquisas de la jefa del lugar (Jenny Lampa). Las extrañas restricciones de quienes trabajan ahí, los hallazgos de Sara y la creciente dimensión dramática de los acontecimientos conducen al espectador hacia un desenlace pesimista. Feed The Light apuesta por una vertiente psicológica del horror, cuyo eje se construye a base de intuiciones científicas terribles. El verdadero enemigo del hombre es la velocidad de la luz. No entres al túnel.

Atención: en este momento me dirijo a lo que podría ser uno de los últimos referentes del gore extremo. Quienes deseen abandonar la sala, háganlo ahora. 

Visceral (2013), de Felipe Eluti, no deja indiferente a nadie. Posee la suficiente misoginia para que feministas y defensores de los derechos humanos alcen los brazos en señal de protesta y coman brócoli. Es tremendamente gráfica, violenta y lacerante. Casi no hay diálogos en ella, sino un desfile de torturas brutales—eso sí, perfectamente ejecutadas. La anécdota de un boxeador frustrado, que activa la trama, podría servir como mero pretexto. Y sin embargo hay algo que nos dice: Tienes que remontarte al pasado de este hombre, comprender su mente, explorar su forma de asimilar el fracaso, sus reacciones ante la adversidad, su enorme resentimiento, su ira. Visceral mezcla el tremendismo visual con la parafernalia fetichista del sadomasoquismo, y es una prima lejana de Irreversible y Solo Contra Todos de Gaspar Noé. Tira sus golpes desde el primer minuto, y puede noquearte. Sobre advertencia no hay engaño. 


[13.12.2014]
Día cuatro. Preguntarnos desde cuándo existe la violencia en nosotros es tan difícil como rastrear los orígenes de la especie. No obstante, para reducir temporalidades, podemos recurrir a un antecedente cronológico específico. Michel Houellebecq, en Las partículas elementales, analiza el problema a partir del movimiento hippie y sus consecuencias en la cultura de masas. En el capítulo titulado La hipótesis Macmillan, señala que una vez destruidos los valores morales entre las décadas de los 60’s y los 90’s del siglo pasado, sobrevino una época de mayor relajamiento y búsqueda del placer, que desembocó en una crueldad explícita. «En ese sentido—anota—, los serial killers de los años noventa eran los hijos bastardos de los hippies de los años sesenta. Charles Manson no era ni mucho menos una desviación monstruosa de la experiencia hippie, sino su desenlace lógico.» ¿Ustedes qué opinan?

Ser o no ser vegano, ésa es la cuestión. Naturaleza muerta (2014), dirigida por el argentino Gabriel Grieco, cuestiona el veganismo a través de una historia donde el suspenso y la sanguinolencia se estrechan las manos. Jazmín Alsina (Luz Cipriota) se lanza a investigar la desaparición de Julia Cotonese (Mercedes Oviedo) en un pueblo argentino cuyo conflicto entre ganaderos y agricultores resulta ser una pieza clave. Sus hallazgos la colocan tras la pista de una extraña criatura que ha decidido castigar a los consumidores de carne animal. Aquí tenemos una película muy bien realizada, con una historia que maneja los tiempos a la perfección, y construye su propio modus operandi. La excelente dirección de arte y un argumento funcional nos ponen a prueba como espectadores llevándonos hacia pistas falsas, con la figura de un asesino moviendo los hilos invisibles. Naturaleza muerta: un thriller sofisticado de primer nivel.
 


SZM (2014) es el acrónimo para Socialisticky Zombi Mord, una fiesta de zombis comunistas dirigido por Rastislac Blazek + Peter Cermak + Zuzana Paulini. No diré que la cinta sea mala, pero definitivamente empieza con el pie izquierdo y continúa su camino hacia el barranco. Puede funcionar como mero entretenimiento adolescente, pero en todo momento pone en evidencia su calidad de pastiche. De entrada, la historia de unos estudiantes contagiados por un virus de la URSS en su propia preparatoria, y perseguidos por hordas de muertos vivientes no suena tan mal. Sin embargo, el tono de broma infantiloide y un argumento mínimo la vuelven difícil de digerir. A pesar de su envoltura sugerente, sus falditas provocadoras y los diálogos pretendidamente ingeniosos, SZM deja una pálida imitación de pintura como souvenir en las retinas de los espectadores. Si Rambo les gustó, adelante.
Por suerte, found. (2012) salva la noche. El magnífico trabajo de Scott Schirmer—inspirado en la novela homónima de Todd Rigney—es justo lo que esperaba: una historia madura sobre un niño que descubre una cabeza humana en la habitación de su hermano, y lo que desencadenará ese incidente. Martin (Gavin Brown) es un estudiante inadaptado que ama el cine de terror y dibujar historietas; su hermano Steve (Ethan Philbeck) posee una personalidad mucho más reservada. Últimamente se ha vuelto evasivo, discute con el padre a la menor provocación, su umbral de tolerancia se encuentra por los suelos; en fin, que está un poco harto de las reglas domésticas. Con finos trazos y una voluntad narrativa impecable, Rigney evidencia lo que ocurre en el interior de la familia norteamericana convencional y, capa tras capa, desvela su lado perverso. Lo que found. consigue rotundamente no es inquietarnos por su despliegue de sangre y asesinatos impactantes, sino por el móvil que activa esa violencia desmedida. Piensa en ello, querido lector.

Continuará.

[14.12.2014]
Mórbido ya está cerrando, y en el transcurso de la tarde la afluencia irá en aumento. En un breve intermedio antes de la última cinta se han entregado tres premios: el del público a la mejor película (found., de Scott Schirmer), el de cortometraje universitario (al director Luis Arteaga por Advertencia) y el de cuento universitario (a Brayant Sandoval por Tiembla la carne). En los próximos días veré ciertas conferencias budistas a modo de ejercicios espirituales para que este paisaje de sangre y horror se difumine.

Mar Negro (2013), de Rodrigo Aragao, va de zombies costeños en una provincia brasileña, y pertenece a una trilogía precedida por Mangle Negro (2008) y La Noche del Chupacabras (2011). Perfectamente construida, con guiños a la cultura local y notables actuaciones, la cinta reflexiona sobre los hábitos de un grupo de pueblerinos con mucho carisma. La variante del contagio es la mordedura de un pez a uno de ellos, que diseminará la peste. En su filme, Aragao muestra las profundas motivaciones de estas personas; sus defectos, carencias y alegrías, sus formas de hablar y rechazar al otro. Mar Negro maneja un trasfondo social que enriquece la trama, y este atributo folklórico le da una especificidad única. El tema musical introductorio—Indiara, de Joao MacDowell—tiene un magnetismo de extrañas resonancias. Queda claro que esta película no trata sólo de muertos vivientes, sino de amenazas culturales, de problemas subyacentes a los seres marginados, de los monstruos de la ignorancia y el oscurantismo. Hacia el final, sobreviene un giro en el curso de las cosas digno de serie B. Larga vida al cine independiente de zombis.



En Sólo Dios Perdona (2013), Nicolas Winding Refn continúa la ruta estética de Drive, con Ryan Gosling nuevamente como protágonico. Tenemos aquí un filme sobre la venganza cuya acción transcurre en exóticos parajes tailandeses, sumamente contemplativo, pausado y minucioso. Cuesta encontrarle un defecto, porque desde la primera toma seduce al espectador, pero quizá no sea para todo tipo de público. El director danés ha encontrado la manera de contarnos cierto tipo de historias subterráneas prescindiendo del tono hollywoodense, con un estilo visual deslumbrante. Por lo demás, en el desarrollo de la historia subyace un determinismo casi místico: Billy (Tom Burke) ha matado a una prostituta menor de edad y su hermano Julian (Ryan Gosling), que administra un club de thai-boxing, debe enfrentarse a Chang (Vithaya Pansringarm), un policía retirado conocido como el Ángel de la Venganza. Sólo Dios Perdona tiene exactamente esa dosis de estilización que pone de relieve la experiencia visual, y valdría decir que su perfección técnica resulta abrumadora.

Chimères (2013), un drama suizo de vampiros que busca revitalizar el género, cierra la quinta edición del Festival Mórbido. Si bien la opera prima de Olivier Beguin aborda el tema con entusiasmo, imágenes sangrientas y una generosa atención a los encuentros sexuales, casi al final incluye un par de escenas de combate prescindibles, que entorpecen lo que se había construido previamente. Alex (Yannick Rosset) y Livia (Jasna Kohoutova) viajan en plan de vacaciones a Rumania, donde él sufre un accidente y necesita una transfusión sanguínea. Lo que sigue a continuación ya pueden imaginárselo: un retorno desagradable a casa, una metamorfosis vampírica clínicamente justificada, crisis de pareja con secuencias eróticas y consumo de sangre a manos llenas. Chimères no teme rozar el gore, y sale bien librada por su trasfondo realista. Lamentablemente, sus últimos quince minutos pudieron ser mejores, y en cambio la desfavorecen por completo. No obstante, tiene lo necesario para que subas al taxi con el rostro de Alex bañado en sangre, mientras el chofer te cuenta los detalles del partido América VS Tigres. Un aficionado, para cerrar el círculo.


 CONEJOBELGA agradece al equipo de Mórbido Mérida las facilidades otorgadas durante la cobertura del festival.