CONEJOBELGA

19 abril 2016

michael haneke_un mundo feliz


El maestro de la provocación reflexiva.

Los primeros tres filmes de Michael Haneke se inspiran en notas rojas ocurridas a finales de la década de 1980 en Austria. El séptimo continente (1989), El video de Benny (1992) y 71 Fragmentos de una cronología del azar (1994) le propinan bofetadas estoicas al status quo vienés; pertenecen a lo que el director austriaco denominó trilogía de la glaciación emocional. También son un cuidadoso análisis sociológico sobre la violencia de los ambientes cotidianos, esa invisible sensación de paranoia, náuseas y angustia en la fila del banco, frente al televisor o en las cenas familiares.

Contrario a Tarantino, Haneke no apologiza sobre la violencia. Su método consiste en mostrar con frialdad quirúrgica y criterios clínicos el otro lado del espejo. Como en una cámara de Gesell, el espectador observa el desarrollo turbio de historias frías como icebergs. A menudo, sus recursos formales apuntan hacia el cine clásico. Radical en el contenido y mesurado en la forma, el cine del austriaco tiende más a la unidad aristotélica que a la experimentación retórica. Se puede ser provocador y reflexivo, sin caer en los excesos de Lars von Trier.

La pianista (2001), a partir de la novela homónima de Elfriede Jelinek, nos sumerge en el torturado mundo de Erika Kohut, una maestra de instituto adicta  a la pornografía y el masoquismo. Protagonizada por una Isabelle Huppert en estado de gracia, incluye algunas de las escenas más perturbadoras de los últimos tiempos. La cinta blanca (2009) es otro fruto amargo, que narra los extraños sucesos en un pueblito alemán de preguerra, donde los niños se alían para emprender una cruzada vengativa contra sus padres. Una prefiguración del nazismo en blanco y negro y con el saludo espectral de Ingmar Bergman.

Haneke suele vestir de negro y concede entrevistas concienzudas, chispeantes. Su estilo cinematográfico desata reacciones incendiarias, pero él argumenta que solo el espectador que necesita ver sus películas atravesará ese martirio. Amor (2012), la estocada final, nos presenta un lacerante dilema frente a la enfermedad y el dolor del ser querido. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva interpretan a una pareja de ancianos cuyo destino sacudirá nuestros parámetros éticos. Y por desgracia, la irrupción de una paloma no augura un final feliz. 


La cinta blanca es un filme sobre las raíces del mal.  
Michael Haneke


Publicado originalmente en  FAHRENHEITº Magazine [11.04.2016]