En sus películas, Woody Allen reúne comedia, jazz y situaciones descabelladas.
¿Cuáles son tus favoritas?
Lo primero que un voyeur reconocerá en la sala de
cine es la soltura que muestran los personajes de Woody Allen para simpatizar
con el público, incluso si son los antagonistas del reparto. Lo segundo es que
muchas de sus interacciones parecen casuales, fluidas y callejeras; el director
neoyorkino escribe sus guiones con envidiable naturalidad. En apariencia no
ocurre nada, los diálogos se amontonan, el tiempo pasa y, de pronto, los
eventos terminan por volverse destino. Hay una maestría jazzística en eso. Por
último, la encantadora neurosis: Allen presenta el perfil de un artista que
aprendió a liberar sus complejos a través del celuloide. «Yo diría que existo
más felizmente en mi vida de fantasía que en el mundo real. Puedo imaginar
cualquier cosa que quiera, y es un placer», declara en una entrevista con Dick
Cavett. Hasta aquí el psicoanálisis de bolsillo.
Si estuvieras en un maratón de Woody Allen, donde
te encontraras a ex parejas sentimentales, que a su vez tropiezan con otras ex
parejas adoloridas, quizá verías títulos como Annie Hall
(1977), Manhattan
(1979), Hannah y
sus hermanas (1986), Match Point
(2005), Vicky
Cristina Barcelona (2008), Medianoche en París
(2011), Blue
Jasmine (2013) o Un hombre irracional
(2015). Digo nombres al azar; la filmografía de Allen es un mapa selecto de
ciudades románticas y grandes historias. Los conflictos amorosos y la angustia
de la vida en pareja se aderezan con stand-up
existencial. «¿Por qué estamos aquí? ¿Qué
estamos haciendo aquí? ¿De qué va esto? ¿Por qué es importante que
envejezcamos, por qué morimos? ¿Qué significa la vida? Y si no significa nada,
¿de qué sirve? Esas son las grandes cuestiones que nos vuelven locos, no tienen
respuesta, y uno tiene que seguir adelante y olvidarse de ellas», comenta el
director.
Al final del día, Allan Stewart
Königsberg (su segundo apellido es idéntico a la ciudad portuaria donde Immanuel Kant filosofó)
se reviste de pesimismo, y vuelve a plantear las mismas preguntas irresolubles.
El octogenario y prolífico cineasta atrae por su acento cómico, pero es también
un creador malicioso que nos coloca en situaciones inesperadas. Y, claro, está
el jazz, una afición que lo mantiene en forma. Toca el clarinete, como
Calamardo, todos los lunes en el café Carlyle, con su New Orleans Jazz Band.
¿Pedimos algo?

¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
¿Hay posibilidad de tarifa de grupo?
Woody Allen
Publicado originalmente en
FAHRENHEITº Magazine [06.09.2016]