CONEJOBELGA

13 abril 2015

greenaway dietético


¡Caníbal!

The cook, the thief, his wife & her lover (1989) cuenta la historia de Albert Spica (Michael Gambon), el soberbio dueño de un restaurant gourmet, al cual llega en compañía de su distinguida esposa Georgina (Helen Mirren) y un grupo de mafiosos malcriados. Georgie soporta con estoicismo a los matones que se pelean, eructan y vomitan con absoluta naturalidad y en una de ésas se engancha de un intelectual cuarentón sentado en la mesa de enfrente, ejemplo de discreción y clasicismo: el buen Michael (Alan Howard). No han pasado ni treinta minutos y Georgina ya le está poniendo el cuerno a su marido, primero en el baño del restaurante y después en la cocina, con el visto bueno del chef—Richard Borst (Richard Bohringer)—, que la solapa benignamente. Albert tira mesas, derrama vino y pone el grito en el cielo. Los amantes corren a esconderse a una congeladora, luego a una camioneta de carne podrida y son trasladados, en completa desnudez, al depósito de libros de Michael. Un niño cantor les lleva alimentos. Pero, en virtud de una inflexible lógica de la tragedia, el intelectual muere en manos de los mafiosos. Entonces Georgina se venga, y de qué manera.

The cook, the thief, his wife & her lover es una salvaje lección de estilo. Jean Paul Gaultier diseñó el vestuario, los planos secuencia presentan una composición pictórica alucinante y los diálogos están repletos de cinismo ilustrado. La penúltima escena envuelve hondas reflexiones sobre la psicología de los comensales y el precio de la vanidad, y el score de la Michael Nyman Band no tiene desperdicio. Abre con Memorial, tema de intensidad sostenida a lo largo de doce minutos; le sigue Miserere Paraphrase, la canción del niño lavaplatos—cuya versión cantada, Miserere, se basa en el salmo 51: Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia, conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones, lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Book depository se oye cuando Georgina y Michael hacen el amor en medio de libros viejos, y Coupling establece un clima típicamente barroco.

Greenaway adereza la sordidez de la historia bañándola de cierto misticismo atmosférico. Sus manías y excentricidades se encuentran en perfectas condiciones, y el tono aristócrata/provocador de las escenas aún provoca risas amargas. Hace algunos años, el iconoclasta director británico decía en una entrevista: “Cuando innovas un veinte por ciento en tu obra pierdes un ochenta por ciento de tu público. Y yo estoy dispuesto a quedarme con ese veinte por ciento más inteligente. El buen cine tiene que ser como la buena literatura: exigente. A mí me han tirado mierda de perro y cócteles molotov por mis películas, pero me alegro porque eso quiere decir que hicieron repensar a alguien sobre cosas que había dado toda su vida por supuestas.”  
Justo ahora, en plena fiebre de veganos y vegetarianos, el que una mujer decida hornear a su amante para servírselo al marido vestida de negro, con una pistola apuntándole a la cabeza, y en perfecto estado de cocción, ¿no es exquisitamente perverso?



The cook, the thief, his wife & her lover
Peter Greenaway
Miramax, 1989

The cook, the thief, his wife & her lover (OST)
Michael Nyman
Venture/Carolina, 1991