CONEJOBELGA

23 abril 2018

iniciación


Erotismo, pornografía, sadomasoquismo:
ménage à trois.


1. El espectro de la literatura erótica ha registrado una sostenida proyección desde el lanzamiento de Fifty shades of Grey, en junio de 2011. No obstante, sería ingenuo pensar que cierto tipo de erotismo suave como el que plantea E. L. James sea el único. Más al bien al contrario. Su popularidad se ha visto potenciada por diversos factores. Y entre ellos, uno es clave: ha sabido hablarle a las mujeres en un lenguaje perfectamente codificado, cursi, empalagoso. Erika Leonard metió a la licuadora una cantidad generosa de sensibilidad femenina, un relato aspiracional de dominio corpóreo, y un personaje principal que se antoja más bien la silueta fantasmática en la que toda mujer podría proyectarse. La psicología y el marketing se han introducido en su saga de forma no solo natural, sino inevitable.

Luciano Concheiro lo explica sólidamente: «El sistema capitalista tiene la capacidad de asimilar los actos subversivos e incorporarlos a su lógica. Una vez detectados, son convertidos en mercancías y configurados por los principios mercantilistas.» Sobreviene el erotismo feminista de consumo masivo. Y, por ende, cierto tipo de producto cultural paraliterario. Una versión ligera del instinto sexual. Cerveza grado cero. Dildos para autómatas.

2. No siempre fue así. En ciertos relatos de Georges Bataille [Mi madre, Historia del ojo], la exploración del sexo como experiencia profunda se conquista mediante una prosa de orientación surrealista. El autodescubrimiento al servicio del inconsciente toma desprevenidos a lectores acomodaticios. En la melancolía post coitum que impregna los textos de Marguerite Duras [El amante de la China del Norte, Los ojos azules pelo negro] se intuye un doloroso examen de los sentimientos frente al deseo: desde la pérdida hasta la frustración, pasando por la imposibilidad de poseer al ser amado. Quien haya visto In the mood for love, de Wong Kar-wai, reconocerá tales indicios. Al final, el amor físico es una lucha, un equilibrio imposible de fuerzas. Frank Underwood sabrá decirlo en corto: «Todo se trata de sexo, excepto el sexo. El sexo se trata de poder.»



3. Elfriede Jelinek toma la delantera desde una posición radical. Su lenguaje no hace concesiones. La autora austríaca se ha visto envuelta en múltiples polémicas debido a la provocación frontal de sus obras. Lo mismo que el cineasta Michael Haneke, desenmascara las costumbres de la clase pequeño burguesa de un modo feroz, sin caer en el panfleto ni aliarse a la hegemonía neoliberal. Si el sexo es poder, y ese poder es hoy fundamentalmente económico, el cuerpo se viste y desviste al ritmo de las finanzas. El cuerpo es mercancía, transacción, un producto que pierde plusvalía, un modo grosero de cosificar al otro. La pianista y Deseo analizan la condición femenina reducida a un rol social, a su valor como mercancía de lujo, al desgaste, y luego formulan una protesta explosiva: el cuchillo y el ahogamiento. Medea.

4. Matices, colores ideológicos, posturas. También la pornografía atraviesa un proceso de metamorfosis que responde a una visión donde la mujer cuenta la historia bajo criterios propios, desde su ángulo. No se explica de otro modo el éxito del glamcore proclamado por X-Art, la exitosa productora de Colette Pelissier + Brigham Field. Porno bonito, alineado al mainstream. El fenómeno Amarna Miller presenta notas afines. Con estudios en artes visuales, la actriz no solo se ha convertido en un referente del cine adulto independiente, sino que además educa a su público a través de entrevistas, tutoriales, publicaciones y una exposición mediática perspicaz. Ignacio Allende Fernández—mejor conocido como Torbe—es otro caso interesante. Autor de la página Putalocura, ha creado un canal de YouTube en el que decapita a los ídolos de la cultura pop. Risas versus prejuicios.

5. Si el sexo se orienta hacia el performance, lo edípico es mediático. Freud o Lacan serían youtubers, asesores de marca, productores porno. Sasha Grey deja el porno: se convierte en novelista. Dostoyevski abandona la novela y abre un museo bondage. En El caballo de Turín, la última película de Béla Tarr, llega un personaje a la casa del miserable, y le dice: El mundo ha sido degradado. Adquirir, degradar. Degradar, adquirir. Ha sido así durante siglos. Como ratas atacando en una emboscada. Es curiosa la anécdota de Amarna Miller sobre cómo se autopromocionó a partir de la muerte de Leopoldo María Panero, en marzo de 2014. Tras publicar en su blog un poema del escritor español, fue invitada por el sitio PlayGround a seleccionar sus poemas eróticos favoritos. Por supuesto, Borges fue antologado. ¿Pero es Borges un autor erótico?





6. La atadura, de Vanessa Duriès, se inscribe en la tradición del realismo francés de corte camusiano. En español, ha sido publicada por Tusquets dentro de su colección La Sonrisa Vertical. Una joven estudiante de letras se involucra en prácticas sadomasoquistas que la llevan a distintos puntos de Francia, bajo las instrucciones de un Amo implacable. Laïka relata sus experiencias de dominación mientras cursa la universidad, con un estilo preciso, casi periodístico. Ciertos pasajes hacen eco a Historia de O, y es casi imposible creer que Duriès no tomara como referencia la novela de Pauline Réage. La crudeza no busca tanto el efectismo sino la verosimilitud, poner en evidencia los mecanismos que configuran una relación BDSM consensuada, cruel y placentera. Hacia el final, se inserta una reveladora confesión sobre el sadomasoquismo, auténtico protagonista de la historia:  

«La publicidad engañosa es una moneda corriente en las inmediaciones del mundo del sadomasoquismo puro. Por no hablar de los individuos brutales y groseros que están convencidos de que se domina pegando, con un cinismo inherente a su libido primaria y a su cultura sexual, que se limita a la lectura de algunos libros pornográficos de supermercado. El sadomasoquismo es un arte, una filosofía, un espacio cultural vetado a los mentirosos y a los hipócritas redomados.»

Igual que Camus, Duriès murió en un accidente automovilístico.




La atadura
Vanessa Duriès
Tusquets, Colección La Sonrisa Vertical
2ª edición, 2005




Fotogramas:
Caprice, Bring Me To My Knees, X-Art, 2015.