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02 mayo 2018

elefantes blancos


Tras 14 años de ausencia,  A Perfect Circle
presenta su cuarto álbum, Eat the Elephant.
 
A Perfect Circle ha vuelto con su cuarto material de estudio, Eat the Elephant, que puso en circulación el pasado 20 de abril [disponible también a través de su canal de YouTube] para invadir la escena musical con una singular composición que nos aleja de todos sus trabajos anteriores.

En esta ocasión, Maynard James Keenan, frontman de Tool y Puscifer, y Billy Howerdel, de Ashes Divide, se volvieron a echar el paquete de armar las letras y la música, respectivamente, bajo la dirección del productor Dave Sardy, quien ha colaborado con Red Hot Chilli Peppers, Marilyn Manson y Wolfmother, entre otros.

Maynard es conocido por tomarse su tiempo a la hora de escribir las letras de las canciones, y en 14 años es bastante obvio que no repetirá viejas estrategias ni le dará a los fans lo que quieren a pesar de la prolongada espera. Desde el principio debe notarse que Eat the Elephant es un álbum tan diferente como en su tiempo lo fue Thirteenth Step (2003) respecto a Mer de Noms (2000).


A la banda se le podría acusar de ser calientahuevos y crear expectivas falsas para joder a sus fans—algo que a Maynard le divierte muchísimo. El primer sencillo, lanzado en octubre de 2017, fue The Doomed, un combo compuesto de guitarras pesadas, batería estruendosa y una voz que protesta contra la sociedad insensible ante la obligación de proteger a los más desafortunados.

Sin embargo, The Doomed es única en su estilo dentro del playlist, pues la primera canción—que le da nombre al álbum—abre con una batería de jazz y una composición de sonidos y voz muy minimalista. Por ese lado, Billy Howerdel se encargó de diseñar una serie de melodías de lo más variada, como TalkTalk, que inicialmente tiene un riff de bajo que va construyendo la atmósfera, dando pie a uno de guitarra, seguido de otro más poderoso que cubre por completo la canción. Este recurso también es usado al revés en Desillusioned, cuando la presencia de la banda se esfuma y finalmente sólo quedan el piano y la voz.

Pero justo cuando nos estamos acostumbrando a cierto sonido melódico, llegan la instrumental de dos minutos, DLB; Hourglass, que incluye mucho sintetizador y vocoder (viaje breve en el tiempo a finales de los 90), para cerrar después de la ultra sedante Feathers—cuyo coro es bastante olvidable—con Get the Lead Out, una especie de outro repetitivo muy largo y con ciertos tintes de hip hop, que de nuevo recurre a lo electrónico.



Como todos los proyectos en los que Maynard se ha visto involucrado, este no es uno fácil de digerir. Sus letras, que hablan de lo absurdo del mundo moderno, el abuso de la tecnología y los hipócritas religiosos (Try walking your talk or get the fuck out of my way), así como el amplio uso de su rango vocal, que va desde lo angélico hasta lo violento, hacen contraste con la música multicapas.

Especial mención merece So Long, And Thanks for All the Fish, con una letra bastante oscura a pesar de su ritmo alegre. Nuestra realidad es engañosa y decepcionante; lo mejor es bucear dentro del teléfono móvil y evadir lo cerca que está el fin. Signal the final curtain call in all this atomic pageantry. Mind and body blown away, what a radiant crescendo. Qué gloriosa muerte producida por nuestras propias manos.

Algunos extrañarán un sabor un poco más intenso y consistente. Dirán que A Perfect Circle liberó un elefante blanco. Pero este elefante es para escucharlo una y otra vez a través de los años. Con cierta reminiscencia pusciferiana, Eat the Elephant es un paso atrevido y experimental de la banda. Derrocha vulnerabilidad y está hecho sin pensar en complacer más que a Keenan y Howerdel. No se mantendrá intacto a lo largo del tiempo. Como el vino, poseerá cualidades y matices diferentes en cada ocasión que volvamos a él.

Eat the Elephant, 2018
A Perfect Circle
BMG