CONEJOBELGA

22 diciembre 2012

KARÍN MIJANGOS: El libertinaje de la palabra

 

 KARÍN MIJANGOS: El libertinaje de la palabra

[Mérida, Yucatán, 27.08.2010]

Deshojar el ave (ICY-CONACULTA, 2009) se compone de 4 secciones ágiles y fluidas: la homónima, Hora veintisiete, Fotos de familia y Despedidas con agua. En varios puntos de un material que apenas sobrepasa las 50 cuartillas, Karín Mijangos exprime las metáforas ave-pluma + árbol-hoja y juega con la imaginación del lector haciendo uso de expresiones lúdicas, irónicas, introspectivas y vivenciales. Su registro poético evita la zona del sentido común, el cliché lírico, y se arriesga contra la corriente de los poemas estructuralmente complejos y de contenido superficial. Las formas, ya sea versificadas o en prosa poética, son breves: una sola idea, a veces mediante variaciones, gana expresiones rotundas, que suenan como aforismos y epitafios. La fuerza de la imagen es uno de los rasgos más notorios, pero también el tratamiento minimalista, la metáfora y la deconstrucción sintáctica.

El autor crea paisajes naturalistas traducidos a escala onírica, recuerdos luctuosos de una infancia irrecuperable, postales eróticas y anécdotas del álbum familiar. Sin caer en lo depresivo, el tono se columpia entre la melancolía por el pasado y el rechazo a la muerte futura. Deshojar el ave no es un poemario para eruditos —ni lo pretende. La ventaja de escribir fuera de los círculos literarios le ha facilitado al autor las cosas. Un libro así no está dirigido a la élite, sino al receptor sensible. Este despojamiento voluntario trae a la memoria el prefacio de El guardador de rebaños, de Alberto Caeiro, con quien Mijangos tiene cuentas pendientes: Leo, y soy límpido en mis intenciones; lo que hay de fiebre en sencilla vida me abandona; una calma completa me invade. Todo el reposo de la naturaleza está conmigo. Como un trabalenguas: Karín es Ícaro siguiendo la ruta de Caeiro, pero también es abogado y gestor del hábitat.
 
Christian Núñez (CN): ¿Por qué escribes?
Karín Mijangos (KM): Para desahogarme. Hay demasiadas preguntas, imágenes, canciones, recuerdos, personas girando en mi cabeza, todas platicando y con argumentos serios o a veces muy desmadrosos. A veces me convencen, otras veces apostamos y pierdo, el caso es que tengo que escribirlo o se me olvida. Cada día hay cosas nuevas, el mundo es demasiado emocionante para no tener un registro, ya sea en letras, fotografía, pintura, trabajo, charlas. La escritura es una opción que me permite afinar las ideas y no andar por la vida con una verborrea intensa que me lleve a la casa de los locos.
 
CN: ¿Alguna vez te robaste un libro?
KM: Claro, muchísimos, de hecho tú tienes uno de ellos. No es el costo del libro lo que busco, sino la información que tiene dentro. Todo lo que he robado son joyas, tiene que valer la pena correr el riesgo de llegar a la cárcel por ese conocimiento.
 
CN: ¿Cuáles son tus autores de cabecera?
KM: Gastón Melo, Omar Khayyam, Fernando Pessoa, Murray Schafer, Briceida Cuevas,  Jean Paul Sartre, Henry Miller, tú, Eduardo Huchim, son los que tengo a la mano.
 
CN: ¿Inspiración o técnica?
KM: Una mezcla de ambas, pasadas por los periódicos baratos, el mercado, las groserías de los baños, las estupideces de los seudo intelectuales, el sonido, todo eso genera un idioma propio que podemos llamar inspiración; la técnica consiste en seleccionar qué hay de valioso para mí en esas versiones del mundo.

He leído algo de versificación, rima y esas cosas que apasionan a los poetas de verdad. Personalmente considero que el idioma no puede ser atrapado en lo que un teórico dicta acerca de la lengua (cualquiera que ésta sea). La poesía sobre todo es libertad, es creación y experimentación constante. Si quisiera técnica pura escribiría un oficio dirigido a un juzgado. Abogo por el libertinaje de la palabra, pero con inteligencia.
 
CN: ¿Qué opinas de los premios literarios?
KM: Cada uno se provee el pan con lo que mejor sabe hacer. Si hay alguien que considera que los premios le dan prestigio, estatus o alimento, no tengo nada que objetar.
 
CN: ¿Cómo afectan las mafias el desarrollo de la cultura en Yucatán?
KM: Las mafias siembre han existido, tomando ésta como una organización que gestiona algún bien de interés común: drogas, personas, premios literarios, en fin. Afectan cuando la visión de estas personas no evoluciona y desean imponer su ideal de cultura. Por suerte existe el mundo subterráneo, que si bien no tiene el poder económico que alcanzan algunas mafias, son semilleros de creadores. Al final cada uno responde por lo que hace a lo largo del tiempo. Mi abuelo era una persona sabia, casi no hablaba, reía como niño y se burlaba de todo. Él me enseñó que las cosas caen por sí solas. José Alfredo Jiménez por otra parte dijo que no hay que llegar primero sino hay que saber llegar, la pregunta aquí es: ¿A dónde se quiere llegar? Las mafias no saben, están temerosas de perder el poder: por eso no avanzan. La meta hace tiempo que la alcanzaron y no desean perderla.

En Mérida el movimiento subterráneo es quien mejor nos representa como propuesta. Si quisiera en este momento recordar a algún joven creador que valga la pena, no pienso en la lista de becarios del FOECAY, ni en los que han recibido premios, ni en los que son quesque intelectuales. Busco entre el movimiento subterráneo a aquel que trabaja, estudia, mantiene una familia y cultiva una disciplina artística en el tiempo que le sobra; para mí éste es un verdadero artista, porque con su vida hace un modelo replicable para la mayoría. Las mafias se divierten con el arte, para eso les sirve. El arte por naturaleza es rebeldía, la mafia lo que busca son súbditos que les hagan obras políticamente aceptables. Como sociedad deberíamos ser más críticos, saber elegir. La mafia impone; una sociedad educada, elige con libertad. Aquí tenemos una mayoría apática, quejumbrosa, lamehuevos, fiestera y conformista, no tenemos el gobierno que nos merecemos, sino la mafia que hemos permitido que llegue al poder. 
 
CN: ¿Qué música te gusta?
KM: Uffff, me gusta demasiado la música para enlistarla por grupos o géneros. Me encanta lo experimental, las fusiones, en ellos está el futuro. Ahora me he clavado como imbécil con el paisaje sonoro, lo que se plantea en la definición de la música y el ruido está revolucionando la manera de entender el sonido.

Como todo, soy fanático de Gogol Bordello, Caballo & The Mothafu Kings, Novalima, Pernett, OGO+LEDA, René Aubry, Diamanda Galas, la música tradicional de las culturas originales de mundo.
 
CN: ¿Y cine?
KM: Historia de Lisboa [Wim Wenders, 1994] es un poema llevado a la pantalla. Baraka [Ron Fricke, 1992] es también un suspiro. Soy adicto a los documentales, me es difícil recordar los nombres pero tengo siempre presente el sentimiento que me causan las imágenes, la música y algunas escenas. No soy de los que coleccionan una lista de nombres de directores, me encanta la obra y punto. Si un director hace tres películas que me gusten, entonces averiguo el nombre.
 
CN: Eres además pintor, fotógrafo, abogado, gestor ambiental y miembro del colectivo de arte urbano Alterarte. ¿Cómo puedes con tanto?
KM: Cuando era niño y leía sobre el destino que nos correspondía como habitantes de una clase económica pobre, afro-descendiente, en un país tercermundista, sin apellido de renombre, sin respaldo político, en una ciudad como Mérida, pues el escenario era desalentador, lo natural era pensar en que así lo quiso Dios. Me cagaba que me dijeran que no podía hacer algo porque había determinada carencia. Decidí que si de todas maneras el destino estaba jodido, al menos iba a aprender y sobre todo a divertirme en el proceso. Decidí encontrar siempre una estrategia o solución para lograr lo que me propusiera, una opción fue hacer aliados, otra fue formar una manada.

En la cabeza tengo demasiados pendientes esperando un espacio para salir. Me aburro con excesiva facilidad. Me encanta experimentar con todo. Tengo que hacer algo con el tiempo ocioso. Cuando ya no pueda moverme, ese día venderé todo y me iré a la selva y haré la recapitulación de todas las pendejadas en las que me he involucrado, es seguro que me cagaré de risa.

No eres la primera persona que me hace esa pregunta, la respuesta es la misma: ¿por qué no? De todas formas vamos a morir, la vergüenza es para los que tienen miedo. El “no puedo” no es una opción. Como parte del colectivo he aprendido a pensar proactivamente, respondiendo “¿cómo sería posible hacerlo desde la realidad que me corresponde vivir?”.
 
CN: ¿Cuál es la historia de Alterarte en su versión impresa?
KM: Alterarte es un proyecto en el que colaboré al inicio solamente con texto. Desde entonces carecía de corrección y las faltas de ortografía estaban a pedir de boca. Ramón Rosado, UgggO, los hermanos Pech y demás banda organizaron la impresión en fotocopias engrapadas, luego juntaron para editar en serigrafía, al poco tiempo llegó el PACMYC y la beca Edmundo Valadés, con ellas la impresión mejoró en calidad y cantidad. Mi tarea fue la corrección ortográfica pero me parece que no existió un número totalmente limpio.

Tarde me di cuenta de lo importante que llegó a ser para nosotros ese proyecto, hizo escuela. Aprendimos que los límites están en la mente y que debajo de las piedras sigue habiendo vida.
  
CN: ¿Hay planes de continuar editándola?
KM: Ramón y otra banda están retomando el proyecto. Sé que están a punto de sacar una edición. También sé que acabaré participando, es algo que no puedo evitar, soy adicto a este tipo de iniciativas.
 
CN: ¿Cuáles son los principales artistas emergentes que han aterrizado en La Quilla?
KM: Podría decir que casi toda la generación local de artistas emergentes ha pasado por la Quilla, sin albur, si revisas el blog ahí tenemos toda la publicidad, desde el evento uno.

La Quilla es un proyecto que nació como consecuencia de Alterarte. Primero se creó el espacio en papel, después nos dimos cuenta que se requería un lugar físico para otras disciplinas (la música, la plástica, el performance) que igualmente luchaban por un sitio. Algunos músicos son In Vitro, Los Mayucas, Ceiba Flava, Manuel Estrella, Armando Martín; entre los creadores plásticos ha expuesto Lizette Abraham, Alonzo Masa, Víctor Pavón, los integrantes de La Casa de la Fotografía; en fin, la lista es demasiado larga por suerte, el espacio está dado, ell@s lo hacen suyo. Si algo tengo que agradecer a la vida es haber tenido la oportunidad de participar en esta etapa de crecimiento mutuo.
 
CN: ¿Qué se necesita para presentar un proyecto allí?
KM: Tener iniciativa y una idea. Apostarle a la autogestión. No somos mecenas de nadie, lo mejor que la Quilla puede ofrecer no es el espacio, sino el aprendizaje que deja la experiencia de hacerse responsable de la propia obra.
 
CN: ¿Alguna anécdota interesante?
KM: La que siempre me llega a la mente es la vez que se cayó un cabrón al pozo (8 metros de profundidad). Habíamos cerrado la boca, pero un tipo que llegó en mal estado movió la tapa y se le ocurrió que era una buena idea sentarse en la orilla. El lugar estaba a reventar, el concierto de Mayucas apenas iniciaba. Tuvieron que llegar los bomberos, salimos en toda la prensa. Creímos que era el fin. Por suerte el tipo salió ileso, la fiesta siguió y todos felices y contentos.
 
CN: Explícanos las grandes diferencias entre la cultura oficial y la autogestión.
KM: Es simple. La cultura oficial no es del todo incluyente, por decirlo con un eufemismo. Desde la oficialidad se espera el visto bueno de alguien que desde luego se supone que sabe lo que nos conviene, se le asigna un presupuesto para echar a andar su proyecto cultural. En teoría debería funcionar y sirve para algunos. La evaluación de esta propuesta la vemos al salir a las calles, por ejemplo, el arte urbano ya está considerado como una manifestación vigente y aquí simplemente es vandalismo. Los graffiteros son vistos como vagos, los performanceros unos maniáticos, los rastas unos mariguanos y así podemos irnos con cada subcultura. Los espacios para estas propuestas se destinan a sitios marginales, a presupuestos limitados.

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de trabajar con un político que estaba encargado de la comisión que genera propuestas culturales para Yucatán. Le intenté explicar lo que era la Quilla, no pasó de suponer que era un sitio donde se juntaban los vagos; cuando le expuse lo que era el performance, lo más cercano que pudo entender fue a las estatuas vivientes del centro, esa era su mejor referencia, él era uno de los facultados para dictar políticas culturales durante su cargo político. Ellos son los creativos, imagínate en qué están pensando cuando se habla de cultura. Lo bizarro del asunto es que nosotros los mantenemos y les pagamos un chingo de dinero. Con el monto de lo que nos cuesta un solo diputado en un año, haríamos maravillas desde el movimiento alterno.

La autogestión es una droga perversa, una vez que pruebas se te abren miles de posibilidades. Las carencias están en la mente, no hay presupuesto la mayoría de las veces más que el tiempo que desees invertir. No hay límites. Sin embargo se requiere más que creatividad, es necesaria la disciplina, constancia, no perder el rumbo de hacia dónde se desea llegar, el por qué y para quién se hace. La autogestión es una responsabilidad con uno mismo, es hacerte cargo de tu vida y tu obra, pese a todo. Es un proceso lento pero firme, no tenemos prisa porque estamos seguros de a dónde queremos llegar, de este camino nadie nos desvía.


CN: ¿Cómo surge Deshojar el ave?
KM: Es un regalo de navidad para mi hijo y mi abuela. A ellos les debo la vida. Acababa de regresar de un viaje y tenía que replantearme un modelo de felicidad. Decidí volver a las bases, buscar la reconciliación con mi padre adolescente, aceptar errores y comenzar de cero.

El poemario no lo escribí para que sea publicado. A mi padre le regalé unas impresiones y un día me dijo que las iban a llamar porque había sido seleccionado para editarse. Obvio que no le creí, pensé que la mafia literaria detendría el proceso. La publicación me cayó de sorpresa y con dos preguntas: ¿Será que ya no hay mafia literaria? y ¿Seré parte de la mafia? Las respuestas me tienen sin cuidado, el texto habla por sí mismo, el lector decidirá si lo compra, lo roba o lo ignora; sería un honor que alguien se lo robara.
 
CN: ¿De qué trata el poemario?
KM: El título hace referencia a la relación entre las aves y las plantas, concretamente a las que habitan las selvas. Mi hijo vio un cuadro en donde había una hoja, él dijo que parecía una pluma, el romance fue a primera vista; no pude dejar de pensar en que todo eso era verdad.

La hora 27 está relacionada con el tiempo, las horas extras, las formas comunes en que los obreros alargamos las jornadas del día para disfrutar la vida, las formas cotidianas de escape, desde luego que hablo de la mariguana. Fotos de familia es una radiografía personal, fue la manera de ofrecer y pedir perdón. En el resto de los textos uso al agua como hilo conductor.
 
CN: ¿Influyó en su temática el hecho de trabajar en el campo?
KM: Enteramente. Cuando estoy en campo soy feliz, casi me vuelvo animal o planta. Podría construir una choza y quedarme para siempre. Ahí no hay temor, no hay señal de celular y mucho menos mafias. Tengo la suerte de contar con un trabajo que me permite llegar a sitios vírgenes, es decir, sin humanos. Cuando se está en medio de la selva, durmiendo en una hamaca bajo un árbol, con los murciélagos volando encima, las hormigas arrieras subiendo a tus botas, el sonido de la fauna nocturna, el viento, la lluvia, en verdad que la ciudad y sus placeres son tan poca cosa. La inspiración te rodea todo el tiempo ¿quién es tan pendejo de ponerse a pensar en la métrica, rima y corriente literaria adecuada para describir tales sensaciones?
 
CN: Háblanos de tu trabajo como gestor del hábitat.
KM: Tengo que contar un poco de mis frustraciones laborales [risas]. Desde niño quise ser arquitecto. En el bachillerato decidí ser abogánster y luchar por la justicia, sueño hecho pedazos por la eficiente corrupción de nuestros sistemas. Cuando terminé la carrera había comenzado como voluntario en una asociación ambiental, trabajábamos con educación ambiental no formal y con la gestión de recursos para nuestras actividades.

Ahí fue cuando conocí que la justicia debe iniciar desde la base, es decir, desde la relación entre los humanoides con su entorno. Mientras no seamos congruentes en este rubro, todo aquel que se diga culto, justo, intelectual esta pecando de ignorante y engreído.

Mi trabajo como gestor es encontrar los cabos sueltos y hacer los enlaces para que la justicia llegue a la base social, es decir, a los pueblos originarios. Me toca ser el abogado del diablo verde, la dinámica de autogestión aprendida en el ámbito cultural la he podido llevar al trabajo con comunidades indígenas, para incidir en la formación de una ciudadanía responsable de su desarrollo.

Hay demasiada bibliografía que habla sobre esto, sin embargo a modo de hacerlo más claro, sólo tenemos que respondernos esta pregunta: ¿De dónde viene el agua que tomamos? Parece una estupidez, pero si una sola persona se pusiera a investigar se daría cuenta.
 
CN: ¿Qué piensas hacer en los próximos 5 minutos?
KM: Estoy saliendo a buscar un documento para entregar a CONAFOR [risas]. Muy banal. Te devuelvo la pregunta, tú ¿qué vas a hacer en los siguientes cinco minutos para que la realidad que tenemos ahora sea distinta para la próxima generación? ¿Y en los cinco minutos siguientes? ¿Verdad que no hay tiempo para perder? 


De Deshojar el ave


Antes de los seres alados, imperaron árboles
inmensos que crecían en los cuerpos de agua.
Al emerger la tierra muchos de estos bosques
asumieron con un alto costo raras estrategias
de conservación: mudaron sus mejores frutos
en aves.

He oído de noche, en las ramas, cómo pían
abatidos: gimoteos de niño perdido.
***

A mi madre le gustaban las azucenas blancas.
Aromas de plumas llenan de vez en cuando su
tumba.
***

Con la tristeza huyo al campo. El color que se
respira me reanima, mis poros en fotosíntesis
inhalan el cosmos.

Degusto la floresta y las aves, las aves y los
frutos, las flores y el sonido, el agua y los frutos,
intermitentes e interminables. Finalmente un
solo origen: veo al árbol.
***

La hora veintisiete
es la más peligrosa

porque hace creer
a todos
que
no
existe.
***

En el opening de mi vida
llegué tarde

Tampoco hubo buen vino.
***

Quisiera ser de nuevo
espermatozoide

y no fecundar a nadie

o eyacular en alguien distinto

otra mujer

otro hombre

otra boca.

[Foto: Cortesía Karín Mijangos]