CONEJOBELGA

28 julio 2013

Un topógrafo ejemplar



Un topógrafo ejemplar
 

 Como amigo, de Forrest Gander, presenta cuatro bloques narrativos en torno a Les, un extraño topógrafo que distraídamente orquesta su propia caída. El libro abre con una descripción cuya textura atmosférica es de sangre y polvo, en la que la madre del protagonista lucha por parirlo. Una larga elipsis, un salto espacio-temporal aventurero nos instala en un presente en el que un Les adulto se rodea de amigos y amantes —Sarah y las otras— trabajando en Eureka Springs. Se ha vuelto un imán, un ligón, un mentiroso. Esta segunda parte la relata uno de sus colegas, Clay, quien siente amor hacia él y envidia por la fascinación que ejerce sobre los demás. A sabiendas de que en la granja de Missouri, Cora, su esposa, lo espera ingenuamente, Clay maquina un desquite. El asunto se resuelve de forma veloz, porque ya en el tercer segmento —un extenso poema de Sarah— la traición de Les ha sido descubierta por ambas mujeres. La novela cierra con un epílogo que Les mismo escribe, mitad ensayo mitad testamento, y nuestras dudas crecen. ¿Qué leímos? ¿Es la novela una metáfora elegante de algo incomprensible? ¿La oblicuidad y su forma deconstruida/accidentada son una virtud o un experimento afortunado? ¿Se trata, como indica la contraportada, de una pequeña obra maestra

En una entrevista reciente Benoît Peeters, biógrafo de Jacques Derrida, comenta: «La deconstrucción cuestiona la linealidad cronológica de una vida y, particularmente, lo que podríamos llamar “la ilusión teleológica”. Es una ilusión que nos llevaría a identificar desde el comienzo aquello en lo que se va a convertir un individuo.» Les no sabe en qué van a parar sus actos, aunque sea un embustero. Pero tanto Derrida como él son plenamente conscientes de la muerte. Ya en la última parte, casi en las últimas páginas de Como amigo, Les comenta: «En cuanto establecemos contacto con lo sagrado, estamos cara a cara con la muerte, y tenemos que preguntarnos quiénes somos. Y todo es así. Así nacemos al siguiente minuto. Por supuesto, sé que cada paso que he dado ha tenido sus repercusiones. Sé que he lastimado a gente que amo. Lo siento mucho y no le veo el caso a defenderme. Nunca sabré nada de muchas otras cosas que he hecho, incluso si se le han clavado a algún extraño como una chinche y le han causado miseria durante años. O felicidad. (…) No puedo ni siquiera estar seguro de los efectos inmediatos de lo que creo haber echado a andar. No se puede estar seguro. De uno mismo o de los demás. Lo cual constituye su prodigiosa belleza, como dicen. Quizá lo mejor que podríamos hacer es permanecer desprotegidos.» Es decir, abiertos al Ser. Vulnerables.

Como amigo probablemente sea el regalo póstumo de un hombre que vive tratando de «inhalar el olorcillo de la apestosa y rica mierda de lo real» para sumergirse en la experiencia de la vida. Gander superpone capas de sentido para adentrarnos en varias realidades que convergen en Les y producen frutos muy variados. Esos nodos de significado que van más allá de la propia historia desencadenan reflexiones acerca del lenguaje, las relaciones que establecemos con los demás y el extraño vínculo de amigos/amantes/conocidos que creamos a nuestro paso por la Tierra. Les, viviendo siempre al borde de lo aleatorio, es intensamente sensitivo por convicción. Casi un budista. «A nadie se le habría ocurrido que estamos involucrados unos con otros a tal grado y a tales niveles, interconectados al rojo vivo de modos que nos tornan permanentemente vulnerables. No sabemos lo que va a pasar, no conducimos esto solos, pese a nuestros mejores esfuerzos; vivimos bajo riesgo, pero esa vulnerabilidad es lo único que se nos concederá conocer de lo sagrado; es lo que no comprendemos y nos impulsa a ser responsables respecto de los demás, de todo, el manantial de lo que llamamos conciencia.» ¿Qué entiende Les por sagrado? ¿De qué conciencia habla? ¿Y a qué se refiere la dependencia mutua?

Gander indaga en el extrañamiento ante lo cotidiano. Registra el hallazgo de piedras, grillos y mantis religiosas que a menudo significan eso y algo más, situaciones que fenomenológicamente dicen una cosa y por debajo sugieren una interpretación de dimensiones muy distintas. Sarah, por ejemplo, relata: «Justo después del desayuno, una semana después de mi cumpleaños, las crías de la mantis salieron desenfrenadas, por cientos, amontonándose contra el barandal del porche, acechándose y comiéndose unas a otras. Mantis, dijiste cuando te llamé para que las vieras, probablemente sabes que en griego quiere decir profeta. ¿Y cuál es la profecía? El mundo comienza y termina en la violencia.» No más preguntas por el momento.

–Christian Núñez


Como amigo
Forrest Gander
Traducción de Pura López Colomé
Sexto Piso–UANL, 2013