CONEJOBELGA

13 agosto 2015

conejos en el torbellino_entrevista con omar rosiles




EN MEMORIA DE OMAR ROSILES      
1982-2015


Omar Rosiles obtuvo el Premio de Adquisición en la categoría de Instalación en la V Bienal Nacional de Artes Visuales Yucatán 2011 convocada por el Instituto de Cultura de Yucatán/ICY. Ya se sabe que los conejos se caracterizan por su facilidad para multiplicarse, y justamente eso ha hecho el autor a través de sus heterónimos: engrandecer la conejera, el jardín borgeano, la granja de George Orwell que es Yucatán defendiendo ejecuciones fuertes, sólidamente formuladas y con una carga de pensamiento lateral bien aplicado.

Para esta entrevista nos trasladamos a las 2 sedes que exhiben sus piezas en Mérida: el Tribunal Superior de Justicia y el Centro de Artes Visuales/CAV. El tratamiento es neutral, distante, sin preguntas. Únicamente se reproducen las opiniones del artista, que discurre sobre bolas de pelos, disciplina germánica, torbellinos. Como una escena de David Lynch.

ESTRUCTURA Y CONTINUIDAD

Jardín de los senderos que se bifurcan, 2011
Madera, alambre y paja
150 x 70 x 70 cm
Mención Honorífica en la categoría de Escultura
en la V Bienal Nacional de Artes Visuales Yucatán 2011
[Exhibida en el Tribunal Superior de Justicia]

Este espacio se me hace adecuado para ver mi obra en perspectiva. Llama mucho la atención que genera un contraste directo con el lugar donde se exhibe, lleno de mármoles, adocretos y cristal. La pieza empezó como Arte Joven de Yucatán en el 2008; comencé a construir estructuras y me pareció interesante la manera como se hacían las jaulas. Los armazones eran muy eficientes para hacer cosas más complejas, y en ese momento me interesaba como concepto que en las jaulas existía un mecanismo de encierro. Podías ver el interior y, al mismo tiempo, el exterior era resistente para poder ensamblar figuras diferentes a la cuadrada.

Respecto al título, siempre he tenido la idea de que existen otros mundos, otros espacios, mucha movilidad. A veces creemos que en nuestro mundo está todo hecho, pero en esta nueva era es muy difícil entender cualquier cosa como verdadera. Probablemente existen otros espacios, y el cuento de Borges habla muy bien de eso. Pero me dio mucho trabajo decidir si el título se iba a quedar al final, porque al nombrar un cuento siempre tiendes a echar a perder las cosas, sobre todo cuando es muy reconocido en el ambiente cultural y sabes exactamente a qué se refiere.

Por otro lado, la pieza funciona adecuadamente en el sentido del hipertexto, las apropiaciones, las nuevas interpretaciones, los giros, y cuestiona las jerarquías del poder. La forma que tiene de una casa es muy arquetípica en los dibujos de los niños. Tenemos ciertos cánones que apenas se empiezan a transformar y las casas que se están modificando, que se están destruyendo a través del giro-torbellino significan que siempre estamos en una especie de sinergia, de continuidad histórica y memoria. Siempre tenemos un patrón que se repite, a pesar de que quieras dar una vuelta e irte al futuro, o encontrar en el pasado ciertas virtudes para modificar y poder tener un mejor presente, siempre hay una continuidad que no se rompe.

Usé la paja porque buscaba un elemento expresivo y que matéricamente se sintiera como tal, que se pudiera ver mucha línea cortada o fragmentada, como en mis dibujos. Además, la paja tiene la apariencia de una bola de pelos. Utilicé dos coronas funerarias para ensamblarla y lograr una línea expresiva que al mismo tiempo se relacionara semánticamente con los muertos.

Ésta es una pieza rígida, fuerte, la puedes voltear, la puedes mover y no pierde la forma, pese a dar la impresión de que se va a destruir. Genera cierta atracción, atrapa y se desenvuelve sola; tiene su propia energía. Tardé dos o tres meses en hacerla, aunque la conceptualización me llevó cerca de dos años. La segunda es completamente otra cosa.

DISCIPLINA Y BITÁCORA


Bitácora de Hornie Tucker

Una cosa que me ha quedado clara: que somos humanos y definitivamente no siempre vamos a sacar piezas buenas. Somos de la tendencia a errar, a tropezar con la misma piedra miles de veces. Pienso en lo que decía Mónica Castillo: de pronto vamos a tener momentos fuertes, de pronto vamos a tener momentos malos, y hay que dejar que las piezas sean así. Antes yo era muy orgulloso de que tenía que presentar lo mejor, pero también sé que no siempre va a funcionar. No siempre la idea, la mano, el trabajo y la producción van a estar en la misma frecuencia. No siempre habrá coherencia.

Admiro mucho el orden y la disciplina alemana y a las personas que se levantan todos los días teniendo solamente una idea en la cabeza. Y a veces en un artista eso es una incapacidad, tener las ideas claras. Y sobre todo yo que soy un artista transdisciplinario que manejo varios oficios y de pronto una idea me puede llevar a un espacio completamente distinto.

Las bitácoras son el proceso para reunir en un solo formato lo que está en la memoria, sin que necesariamente recurras a una estructura de inicio-desarrollo-clímax-desenlace. En mi caso, incluyo dibujo, palabras, ideas filosóficas, conceptos artísticos, notas del periódico e internet y fotografías. La bitácora te permite acceder —como un libro o una biblioteca— a una parte de ti para aplicar ese contenido a una producción. Nunca he extraviado una bitácora, pero sí las he dejado olvidadas y las he ido a buscar. Y por fortuna, siempre las he encontrado. Eso fue lo que me pasó hace varias semanas con una libreta de apuntes.

Tengo prebitácora y bitácora terminada. Las primeras son un montón de libros donde estoy escribe y escribe y escribe. Después, limpio todo de forma neurótica y llego a la bitácora. Las prebitácoras las llevo conmigo pero, por regla general, las bitácoras nunca las saco de mi casa. Por regla, nunca. Hace dos semanas extravié una mientras conducía, y por pura fortuna y quién sabe qué, hasta suerte, fui a buscarla y la encontré en el mismo lugar donde sabía que había abierto y cerrado la puerta del auto.

FUSILES Y CONEJOS

No harás para ti imagen y escultura, ni figura alguna de las cosas que haya arriba en el cielo, ni bajo la tierra, ni en las aguas que hay debajo de la tierra (Éxodo 20:4), 2011
Cemento, papel, pintura para pizarrón, gises y madera
200 x 250 x 200 cm
Premio de Adquisición en la categoría de Instalación
en la V Bienal Nacional de Artes Visuales Yucatán 2011
[Exhibida en el Centro de Artes Visuales / CAV]

Esta pieza la pensé tal como se ve ahora. La producción me llevó dos meses, y me lastimé la espalda por el esfuerzo físico. Habla sobre la violencia y combina tres lenguajes: lo real, lo simbólico y lo conceptual. En la sintaxis, es una pieza naïf de un niño con cabeza de conejo enfrentándose contra su propia representación, que muy probablemente es una imagen divina. Todo el lenguaje es fragmentado, con la forma del caos; simula brusquedad, dureza, violencia contra uno mismo. Y en esa violencia estamos nosotros: la violencia intelectual, espiritual, mental y también—situando el contexto político y social que estamos viviendo en México—la violencia del narcotráfico.

Construí cuarenta rifles de cemento con una técnica que aprendí de los sepultureros, fragmentándolos más de la cuenta. Esto lo hice porque al investigar sobre el número de muertos no encontré una cifra exacta, fluctúa entre 40,000 y 55,000.

Como se puede notar, entre la pieza anterior y ésta hay un contraste, porque vienen de dos heterónimos completamente ficticios, dos personajes inventados. Éste es Hornie Tucker, que trabaja con la imagen del conejo y la fábula para crear ideas de revolución. El otro era Oldigamus Ratma, un personaje postestructuralista.

El título de la obra habla de un parteaguas en la historia de las representaciones. Esta cita fue muy importante porque el cristiano-católico, en un fin didáctico con la imagen, estableció que era mucho más fácil tener profundidad divina con las imágenes que con el texto. Las palabras sólo le pertenecían al sumo sacerdote en la liturgia. Pero sin ese intermediario, sólo a través de las imágenes podías entender la verdad divina. Y fue precisamente el momento en que se estableció qué religiones podían utilizar las representaciones y cuáles no, como los judíos. Yo creo que desde ese momento nacieron los artistas visuales.

Hace apenas 500 años que existe el artista visual o plástico como una persona individual que realiza una pieza. Antes era un oficio. Existen escultores en la antigüedad, en la época grecolatina, un poco antes en la época clásica, pero no existía esa conceptualización de nombrar a la obra y al artista de forma unitaria. Para mí era muy interesante que esta pieza hablara de la divinidad, la imagen, la utilización del texto, cómo estaban separados ambos, problemas de lo contenido y lo vaciado. Por ejemplo, los mismos moldes rotos de los rifles se encuentran inmersos como parte de la obra. Son piedras, son cosas que aparentemente no tienen valor, pero sí mucho significado.

El ícono del conejo funciona muy bien para establecer proximidad con el espectador. Hace referencia de nuevo a un relato de Jorge Luis Borges y, sobre todo, a la concepción bíblica según la cual somos como un rebaño de ovejas. En vez de ovejas, utilicé conejos. El niño-conejo de alguna manera subvierte la infancia, es rebelde, habla por sí mismo y tiene su propia información, quiere ser distinto y rebelarse contra el padre. Representa el tránsito de nuestra niñez hacia la etapa adulta abyecta como un estado de contención-distensión. La figura fragmentada es como su propia imagen de adulto representada con gises, muy cercana al lenguaje de comunicación infantil. La piñata no tiene estructura, es sólo papel con pegamento, muy básico, muy escolar. Alude a la violencia y sobresaturación de las imágenes. Es palabra, imagen, volumen, situación, sensación, espacio.

Supongo que ya he hablado bastante, ¿no?


Omar Rosiles: Conejos en el torbellino
Edición de textos: Christian Núñez
Fotos: Archivo CONEJOBELGA

Publicado originalmente en Replicante [10.02.2012]