CONEJOBELGA

03 octubre 2016

barbara mcclatchie_pintar con luz


La fotógrafa canadiense captura la infinita belleza del deterioro. 

Tras haberse desempeñado como fotoperiodista y publicar sus ensayos en The World & I, de la empresa Washington Times, la artista visual canadiense Barbara McClatchie trae al Museo de la Ciudad de Mérida una propuesta de fotografía abstracta con reminiscencias a Pollock, Rothko, Turner y Klimt. Sus estudios en lengua inglesa, francesa y española la han llevado a concluir que la pintura abstracta y la poesía son semejantes en tanto ambas condensan pensamientos y sentimientos, como en el caso de los haikús literarios y los color fields neoyorkinos. McClatchie utiliza los lentes fotográficos “de modo poco ortodoxo”, sin explicar exactamente en qué consiste su rompimiento con las técnicas tradicionales. “Simplemente uso los lentes wide angle y macro como no se deben de usar. Yo pinto con luz y mis tubos de pintura son los objetos que las personas dejan a su paso.” Formalmente, las piezas tienen densidad cromática, juegos rítmicos entre las diferentes capas que integran la superficie y bloques de elementos híbridos, en estado de oxidación o descomposición orgánica. Poesía visual del deterioro (que hace pensar en los booklets del Kid A y el Amnesiac confeccionados por Stanley Doonwood para Radiohead), el Método McClatchie nos deja intrigados.

En su reseña periodística sobre la primera serie de Abrazando lo accidentado, recientemente presentada en la Galería del Callejón del teatro Peón Contreras, Laura de la Mora observaba que el trabajo de la fotógrafa “es un registro que el paso del tiempo pinta en muros, superficies metálicas o de madera, y en objetos como láminas y quillas de barcos.” Así, Barbara descubre “la poeticidad visual del entorno y capta paisajes que el deterioro genera al descascarar, oxidar, corroer, perforar, desdibujar e imprimir colores” (Por Esto!, 7 de marzo 2010). “Mis obras actuales son más complejas”, explica la fotógrafa en alusión a la serie Abrazando lo accidentado II. “He avanzado con la intención de hacer más profundo el espacio para caerme adentro. Primero estudio la composición, voy jugando con el centro y las esquinas. Después intento abrir las composiciones y jugar con los colores. Hubo un tiempo en que no trabajaba tanto con las sombras, y ahora le doy más importancia al control de la luz para concederle otra dimensión a la imagen. También he abandonado las metáforas. Pensé que debía soltar el ancla, irme, porque antes hacía paisajes, y yo quise llevar esto a otro nivel. El abstracto por sí mismo debe bastar.”

La artista decidió no titular su nueva serie, puesto que provocar la curiosidad del espectador y darle la respuesta es no permitirle servirse de su propia imaginación. “Yo quiero que la gente empiece a decirse: la realidad es muy extraña. Cuando no doy un título, la gente se pasa descubriendo otras cosas, cien realidades.” Cuanto miren los ojos creado sea, / Y el alma del oyente quede temblando, escribía el poeta creacionista Vicente Huidobro y, como él, Barbara McClatchie sustituye el mimetismo por un lenguaje abierto a mil interpretaciones, como la prueba Rorschach. “Me vuelvo loca cuando la gente dice: ella hace texturas y pinturas de paredes. Yo lo que hago es transformar la realidad, con otro nivel de apreciación. No son simplemente texturas, sino composiciones integrales de luz y color. Hoy cuando estaba trabajando en la calle, un joven se paró un buen rato observándome y luego me dijo: ¿Dibujos, verdad?  Me encanta cuando alguien entiende lo que estoy haciendo. ¡Mejor que la policía que suele pensar que estoy sacando fotos para una compañía de seguros! Es a través de la imaginación que te vas a liberar, y hay que romper las reglas de vez en cuando. ¿Cuál es mi consejo? Abrazar lo accidentado”, finaliza.  
 
Texto de sala correspondiente a la muestra Abrazando lo accidentado II, presentada en el Museo de la Ciudad de Mérida en Mayo de 2010.



A la memoria de Barbara McClatchie

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