9.6.18

demonios familiares


Hereditary, la opera prima de Ari Aster,
indaga en los infiernos domésticos.

1. El chico del cine dice: Todavía no está lista la sala. He llegado tan temprano que debo esperar diez minutos antes de sentarme en la butaca E-7. Hereditary, la opera prima de Ari Aster, ha sido elogiada de forma unánime por la crítica y el público. En Rotten Tomatoes, tiene una calificación de 94% y, según leí en el sitio de IGN, inspira auténtico miedo. No son criterios absolutos, aunque me hacen pensar que será un filme de calidad. Junto a mí, un asiento vacío.

2. La narrativa de Hereditary va de menos a más, en una acumulación de tensiones e indicios que serán resueltos hacia la segunda mitad. De hecho, podemos dividirla salomónicamente en dos partes. La primera pone el contexto de una familia disfuncional que debe enfrentarse a una doble pérdida: abuela y nieta han fallecido en un breve lapso de tiempo. El horror emana de una fuente psicológica. Sin embargo, hay un trasfondo de esquizofrenia y alucinaciones señalado al principio de la historia para orientarnos en esa dirección. Los hechos irracionales vendrán después. El duelo provoca sobresaltos casi traviesos antes de resolverse de forma diabólica. Fantasmas como la culpa y los errores del pasado vagan por los techos; los demonios interiores auspician la desconexión entre padres e hijos. Son los pilares del recorrido a zonas más putrefactas, del mejor terrorismo emocional.

3. La segunda mitad se desarrolla en un tono frenético. Se reconocen homenajes a películas de culto como El bebé de Rosemary (1968), El exorcista (1973), y El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (1989). Asimismo, Hereditary comparte un maravilloso nexo con Verónica (2017), de Paco Plaza. La familia disfuncional es el detonante; el espacio íntimo [casa, departamento] emite pulsiones oscuras; la destrucción física y espiritual embellece el paisaje.



 
4. Hereditary podría equipararse a las melodías de MONO, la banda de post rock japonesa, en las que siempre habrá un crescendo y una devastación calculada fríamente. Podría también decirse que esta película no fue hecha para cierto tipo de espectador inmaduro. No veremos hemorragias, ni cabezas giratorias, ni vómito verde. El acierto del filme fue precisamente sobrevolar los excesos y el cliché. Aprender a dar el golpe en los momentos adecuados. Traumatizar por la vía negativa. Nuevamente, vienen a cuento tres referencias actuales en las que el horror avanza a través del drama: La bruja (2015), The Babadook (2014) y Goodnight, mommy (2014). Pesadillas domésticas adicionadas con pulsiones inconscientes. Problemas caseros auténticamente infernales. En ambientes opresivos suele haber un deseo no resuelto, un monstruo infantil, una sesión de tortura. El horror es metáfora.  

5. El reparto de la película está integrado por Toni Colette [Annie Graham, la madre tortuosa], Milly Shapiro [Charlie Graham, la hija incómoda], Alex Wolff [Peter Graham, el hijo apático], Gabriel Byrne [Steve Graham, el padre impasible] y Ann Dowd [Joan, la médium]. Las actuaciones añaden credibilidad a un guión más bien ambiguo, como esas ilustraciones taciturnas de las pruebas Rorschach. Satanás está en los ojos de quien ve.


Hereditary, 2018
Ari Aster
A24