CONEJOBELGA

05 noviembre 2019

monolitos urbanos_el papel de la memoria (y viceversa)



A propósito de la muestra Monolitos Urbanos: 
Topología y Proximidad, de Felipe Mazzeo,
surgen algunas observaciones, aquí vertidas:


Dado que toda escritura puede postularse como un palimpsesto con capas de sentido superpuestas, no siempre configuradas alrededor de un nodo centralizado, cuyas interpretaciones se multiplican rizomáticamente, emulando las raíces vegetales mediante una abstracción de segundo grado, así Monolitos Urbanos: Topología y Proximidad, clúster rústico de papel y tinta de Felipe Mazzeo, dibuja tensiones entre estética y discurso, urbanismo y ecología, marginalidad y focalización, conceptos que tejen redes nuevas a partir de materiales efímeros, residuos generados por inercia debido al consumo vertiginoso en ciudades que ya empiezan a revelar síntomas de cansancio/desgaste, escenarios para futuros distópicos, así Mérida como superficie rugosa se vuelve protagonista de un eco: miles de voces marginales, de palabras perdidas en documentos derivativos, se transforman, adquieren gracias al papel devenido en tótem estriado la personalidad de Frankenstein: somos y no somos, somos dos abismos—un pozo mirando fijamente al cielo, ha escrito Pessoa en el Libro del Desasosiego, así Mazzeo aglutina una serie de imágenes con el remanente del consumismo gracias a un salto conceptual pantagruélico, una bofetada con guante blanco que te invita, lector, a flirtear con el ecologismo, a responder preguntas que el Gato de Cheshire dejaría en suspenso, de modo que la obra no comprometa al gato, ni al autor, ni al viajero infeliz mientras examina su mapa, no señale hacia dónde dirigir los pasos, cómo plantarse ante los dilemas y de qué color elegir el cristal para mirarse en el espejo, toda vez que estamos condicionados a interpretar lo que conviene, a repetir determinadas moralejas según la fábula en curso, ciertamente disonante, a favor o en contra, así como Lucky emite un hermoso galimatías en el primer acto de Esperando a Godot, puesto que Beckett retrata vagabundos para transmitir conceptos metafísicos en sus obras, también Mazzeo, en su proceso creativo, integra la marginalidad como detonante de hallazgos simbólicos, y como Radiohead rastrea emisiones radiofónicas fantasmales en sus composiciones de free jazz—el bullicio, ese activador de experiencias sonoras: se compran colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas, o algo de fierro viejo que venda—, también Mazzeo cultiva el gusto por la acumulación aleatoria de sonidos callejeros, pájaros, campanillas, automóviles, un aleph heteróclito, una constelación que participa del reciclaje, por la cual Borges quizá guiñaría un ojo, tal vez dos, en complicidad frente al nuevo jardín de senderos que se bifurcan, Mazzeo lucha contra la repetición mediante la repetición, contra el serialismo a partir del serialismo, contra la abstracción a través de abstracciones, y el resultado es, por decir lo menos, compacto y elocuente, resulta curioso cómo su proyecto, en medio del auge inmobiliario de la urbe, justo cuando se ofertan, a distintos precios y latitudes, terrenos de inversión cercanos a las zonas costeras, traza un camino distinto: dónde se ubica Mérida como ciudad sustentable, qué papel jugamos en el ciclo de la publicidad impresa y otros productos comerciales germinados con frenesí masivo dentro de la metrópoli, cuáles son los peligros de no aplicar una serie de medidas a favor del uso responsable del mismo, y cómo saldremos del círculo vicioso, reflexiones que de ninguna forma comprometen posibles lecturas a futuro, desde nuevos ambientes o lenguajes, por supuesto, bajo la premisa de mirar, solo mirar, lejos de la ortodoxia, el papel de la memoria, la memoria del papel, dado que toda escritura es palimpsesto.

[Monolitos Urbanos: Topología y Proximidad, de Felipe Mazzeo, es un proyecto beneficiario del Fondo Municipal para las Artes Visuales 2019 cuyo montaje ha sido posible gracias al apoyo de la SEDECULTA en el Centro de Artes Visuales (CAV) de Mérida.]