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marzo 08, 2020

tabula rasa_las paredes sin techo



La relación entre el escenario económico neoliberal y las distintas formas de espiritualidad es compleja y llena de matices. Este ensayo, que pertenece a la serie gráfica Tabula Rasa, disecciona varios conceptos esenciales.
 

Las paredes sin techo
La perspectiva metafísica se desvanece. La sustitución de la religión monoteísta por prácticas heterogéneas—desde el ecologismo  hasta la ufología corporativa y demás fusiones sorprendentes—evidencia que el ser humano podría inventar el culto a los lápices o a las arañas, si fuera el caso. La conciencia, en tanto portadora de sentido, le otorga una dimensión semántica a la realidad. No obstante, sin perspectiva ontológica, desaparece cualquier garantía de trascendencia. Oh, paradoja: el paisaje espiritual persiste, como un árbol navideño fuera de temporada.

Tras la consolidación del modelo neoliberal en un entorno macroeconómico, se han presentado también brotes de prácticas de carácter místico en medio de la lógica turbocapitalista. Se percibe una reivindicación de la lentitud, el silencio y la espiritualidad en la vida cotidiana -> Contra el tiempo, Luciano Concheiro. A falta de Dios, a falta de dioses, el hombre sigue inventando rituales para encontrar sentido, aun cuando el modelo económico le sea desfavorable y lo empuje a la automatización laboral, la cosificación tecnológica y las burbujas financieras.

Este movimiento dialéctico recuerda al de la oposición Kant-Sade durante la Ilustración, planteada por Lacan. En el caso de la dualidad capitalismo-religión, es posible observar que ambos escenarios coexisten y se complementan mutuamente, no a pesar del otro sino precisamente gracias al otro, como una pareja de recién casados envuelta en una relación de amor/odio eterna y deliciosa. O como la dualidad Trump-Estados Unidos: dudoso imaginar que el presidente surgiera en otro contexto, sin los elementos de la idiosincrasia estadounidense.

Ahora bien, la crisis que supone el desvanecimiento divino también ha provocado que religiones como el Islam se recrudezcan -> Sumisión, Michel Houellebecq. Tras el atentado terrorista al periódico Charlie Hebdo, el autor francés señala que «El islam acepta el mundo tal como es, con su parte de injusticia. Esa sumisión es peor que la sumisión que exige el capitalismo. Es el fin del mundo.» Por un lado, entonces, tenemos el fin del mundo a través de la fe [neo oscurantismo] y por otro, la más delirante aniquilación turbocapitalista a través de la máquina [tecnolatría]. 
 
Densidad ontológica -> apuesta por el ser, el valor, la metafísica
Atomización conceptual -> apuesta por el objeto, la función, las matemáticas


Una imagen poderosa -> Aprender a rezar en la era de la técnica, Gonçalo Tavares. El autor comenta: «Hay un cuento de Andersen que dice algo así como: “Me pidieron que rezara pero solo me acordaba de las tablas de multiplicar.” Ese, para mí, es uno de los conflictos esenciales del siglo XXI: la gente que solo consigue pensar en las tablas o que solo puede rezar. Un Padrenuestro se rezaba en sus orígenes ante cosas naturales y en cambio hoy ¿cómo lo hacemos frente a las máquinas, ante un paisaje artificial? Cambió el paisaje pero las oraciones no lo han hecho.»

Tal desfase genera situaciones-límite inéditas y asombrosas. Incluso en videojuegos como NieR: Automata (2017), una colaboración de Platinum Games + Square Enix, la narrativa está saturada de referencias filosóficas a la muerte y la falta de consistencia ontológica. Tabula Rasa explora los síntomas de ese vacío, la incógnita de una ecuación incompleta, desde los planos estético y conceptual. Texturas de papel, imágenes de revistas vintage, scratches de grafito, gises y crayolas configuran este pequeño catálogo de impasses agnósticos.

He aquí el hombre vacío de manos.












noviembre 05, 2019

monolitos urbanos_el papel de la memoria (y viceversa)



A propósito de la muestra Monolitos Urbanos: 
Topología y Proximidad, de Felipe Mazzeo,
surgen algunas observaciones, aquí vertidas:


Dado que toda escritura puede postularse como un palimpsesto con capas de sentido superpuestas, no siempre configuradas alrededor de un nodo centralizado, cuyas interpretaciones se multiplican rizomáticamente, emulando las raíces vegetales mediante una abstracción de segundo grado, así Monolitos Urbanos: Topología y Proximidad, clúster rústico de papel y tinta de Felipe Mazzeo, dibuja tensiones entre estética y discurso, urbanismo y ecología, marginalidad y focalización, conceptos que tejen redes nuevas a partir de materiales efímeros, residuos generados por inercia debido al consumo vertiginoso en ciudades que ya empiezan a revelar síntomas de cansancio/desgaste, escenarios para futuros distópicos, así Mérida como superficie rugosa se vuelve protagonista de un eco: miles de voces marginales, de palabras perdidas en documentos derivativos, se transforman, adquieren gracias al papel devenido en tótem estriado la personalidad de Frankenstein: somos y no somos, somos dos abismos—un pozo mirando fijamente al cielo, ha escrito Pessoa en el Libro del Desasosiego, así Mazzeo aglutina una serie de imágenes con el remanente del consumismo gracias a un salto conceptual pantagruélico, una bofetada con guante blanco que te invita, lector, a flirtear con el ecologismo, a responder preguntas que el Gato de Cheshire dejaría en suspenso, de modo que la obra no comprometa al gato, ni al autor, ni al viajero infeliz mientras examina su mapa, no señale hacia dónde dirigir los pasos, cómo plantarse ante los dilemas y de qué color elegir el cristal para mirarse en el espejo, toda vez que estamos condicionados a interpretar lo que conviene, a repetir determinadas moralejas según la fábula en curso, ciertamente disonante, a favor o en contra, así como Lucky emite un hermoso galimatías en el primer acto de Esperando a Godot, puesto que Beckett retrata vagabundos para transmitir conceptos metafísicos en sus obras, también Mazzeo, en su proceso creativo, integra la marginalidad como detonante de hallazgos simbólicos, y como Radiohead rastrea emisiones radiofónicas fantasmales en sus composiciones de free jazz—el bullicio, ese activador de experiencias sonoras: se compran colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas, o algo de fierro viejo que venda—, también Mazzeo cultiva el gusto por la acumulación aleatoria de sonidos callejeros, pájaros, campanillas, automóviles, un aleph heteróclito, una constelación que participa del reciclaje, por la cual Borges quizá guiñaría un ojo, tal vez dos, en complicidad frente al nuevo jardín de senderos que se bifurcan, Mazzeo lucha contra la repetición mediante la repetición, contra el serialismo a partir del serialismo, contra la abstracción a través de abstracciones, y el resultado es, por decir lo menos, compacto y elocuente, resulta curioso cómo su proyecto, en medio del auge inmobiliario de la urbe, justo cuando se ofertan, a distintos precios y latitudes, terrenos de inversión cercanos a las zonas costeras, traza un camino distinto: dónde se ubica Mérida como ciudad sustentable, qué papel jugamos en el ciclo de la publicidad impresa y otros productos comerciales germinados con frenesí masivo dentro de la metrópoli, cuáles son los peligros de no aplicar una serie de medidas a favor del uso responsable del mismo, y cómo saldremos del círculo vicioso, reflexiones que de ninguna forma comprometen posibles lecturas a futuro, desde nuevos ambientes o lenguajes, por supuesto, bajo la premisa de mirar, solo mirar, lejos de la ortodoxia, el papel de la memoria, la memoria del papel, dado que toda escritura es palimpsesto.

[Monolitos Urbanos: Topología y Proximidad, de Felipe Mazzeo, es un proyecto beneficiario del Fondo Municipal para las Artes Visuales 2019 cuyo montaje ha sido posible gracias al apoyo de la SEDECULTA en el Centro de Artes Visuales (CAV) de Mérida.]