Sábado caluroso. De camino a la
basílica de Guadalupe, un niño vestido con una sencilla playera de algodón y un
pantalón de leopardo junto con su madre se introducen al vagón en el que viajo
sentado, al ritmo de Intimate de Crystal Castles. Los observo de
espaldas. La señora es robusta y viste un traje sastre negro; lleva un bastón.
En la siguiente parada de la línea roja del metro, Deportivo 18 de Marzo, me
doy cuenta de que son ciegos. Entre gritos y empujones, el niño ríe con los
ojos rasgados hacia el infinito. Pero la mujer –que quizá no sea su madre,
pienso de pronto– lo toma del brazo y le dice: “Vámonos”.
Para llegar a la basílica, camino
varias esquinas llenas de tiendas de artículos religiosos, locales comerciales,
restaurantes de comida rápida, zapaterías y demás negocios. Una mujer morena de
unos 40 años me pregunta de dónde soy. Sin posibilidad alguna de reaccionar, me
entrega un kit guadalupano que consta de un cromo, una oración para el
trabajo, un rosario y otros artículos benditos por el sacerdote por una
duración de cinco años. El donativo es voluntario, aunque al pagarle con un
billete de cien pesos, únicamente me devuelve cuarenta. He sido estafado y sigo
mi camino.
Dentro del recinto se respira un
ambiente de relativa tranquilidad. Cierto que las personas van y vienen, se
arrodillan cinco minutos y salen; los niños miran detrás de las bancas un
calendario guadalupano y en general la atmósfera parece muy laxa. La voz del
padre, temblorosa, indica que en el capítulo 19 del Levítico, Jehová le dijo a
Moisés que seamos santos. ¡Sean gente buena, sean santos!, nos implora
el sacerdote, y parece que está a punto de explotar en llanto. A propósito, en
las redes sociales la noticia de hoy es la confirmación de la muerte de Kike
Plancarte, el “líder templario”. Por alguna razón se me cruza esa imagen por la
cabeza. A México le sobra catolicismo (93 millones), fútbol y narcotráfico.
Los folletos no se regalan. El donativo
es de siete pesos. Los títulos, de lujo: ¡Abortaste! –Al rescate de ti
misma–, ¿Abandona la iglesia a los homosexuales?, La Eucaristía
es espléndida. Al fondo, entonan el salmo 23, de mis favoritos, en una
versión meliflua. Una señora entra con sus nietos, hace sus devociones en
tiempo récord, y antes de irse les pregunta si ya se persignaron. Otro niño, al
ver los contenedores dorados en los que se depositan los donativos, grita
feliz: “¡Mira, esto es oro!”. Su papá lo calla en el acto. La gente cerca de
las entradas generalmente está de paso, como yo.
La nueva basílica de Guadalupe abrió
sus puertas el 12 de diciembre de 1976 y en la actualidad alberga la imagen de
la Virgen, después de haber sido trasladada desde la antigua basílica. A la
salida, una adolescente posa con su vestido de bolitas rosas bajo la estatua de
Juan Pablo II. En torno al monumento, los visitantes toman un descanso. Algunos
llevan mochilas y prácticamente se han instalado en el piso, con garrafones de
agua y cobertores. Un perro enfermo cruza en dirección a una monja, que sonríe
despreocupada. Las palomas y los ancianos se refugian aquí.