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03 septiembre 2018

hotline miami_la sangre llama


En Hotline Miami, Jacket debe recuperar un misterioso maletín, a toda costa.

Pixeles violentos
Una de las principales ambiciones que cualquier videojuego persigue—dentro de su larga lista de objetivos—es la de impactar. Posibles formas de lograrlo: con giros argumentales que cambien la perspectiva del jugador, a través de momentos icónicos y emocionantes, u ofreciendo una experiencia inmersiva con acciones que en la vida real jamás realizaríamos.

Quienes nos hemos fugado al mundo virtual conocemos la ya consagrada serie de Grand Theft Auto, famosa por su contenido maduro. Saturada de escenas sexuales, drogas, asesinatos y robos, el impacto que produce no es menor. Ni de broma podríamos llevar a cabo impunemente la mitad de tales provocaciones en este lado del joystick. Curiosamente, sus secuelas generan muchísimo hype y, quizá por ello, no es difícil que sagas como Saints Row, Watch Dogs o Sleeping Dogs retomen la fórmula de gameplay + jugabilidad + argumento + violencia desmedida. 

En el ámbito de los pixeles, hay un título que consigue el mismo resultado. Me refiero a Hotline Miami.
 

Máscaras y puñetazos
Lanzado en PC por el estudio independiente Dennation Games y publicado por Devolver Digital un 23 de Octubre de 2012, Hotline Miami se convirtió casi de inmediato en una de las joyas indies de aquella temporada. Breve sinopsis: En la década de 1980, encarnamos a Jacket, quien recibe un misterioso paquete con una máscara de gallo e instrucciones para robar un maletín, tarea simple que se bifurca en más objetivos con mucha sangre incluida.

El sistema de juego recuerda a los clásicos beat ‘em up donde tenemos que abrirnos paso a base de golpes. En Hotline Miami, disponemos de mejoras para hacer mucho más destructivo nuestro itinerario. Están las 26 máscaras que desbloqueamos conforme avanza el juego. Todas con rostros de animales, otorgan una habilidad específica: matar de un solo golpe, aumento de armas en cada mapa, velocidad de movimiento. La mayoría de las veces, facilitan el avance por los escenarios. De hecho, tenemos armas como pistolas, escopetas y bates a nuestra disposición. Sin embargo, el combate cuerpo a cuerpo añade un sabor especial, ya que las ejecuciones a puño limpio son las más satisfactorias.

La interacción con objetos es otra mecánica interesante. Arrojar tus armas para aturdir enemigos o hacer una entrada triunfal a una nueva habitación azotando la puerta en el rostro de un sicario es una experiencia sin igual. Estos detalles rompen con el ritmo frenético y ofrecen una opción de juego más sigilosa, algo que muchos agradecerán. En conjunto, ambos modos de completar las misiones crean un balance, ya que la dificultad es elevada, dominar el ritmo de la acción resulta complicado y no serán pocas las veces en las que debas repetir los procesos debido a los errores cometidos. Sobra decir que el dominio de las técnicas asegura tu progresión, aunque no ocurrirá de inmediato. Pero la euforia que destilas al matar al enemigo que te eliminó una y otra vez no tiene precio.






Mensaje de voz
En cuanto al apartado gráfico, la paleta de colores estrambóticos combina muy bien con el ambiente ochentero. Incluso, utilizarás un DeLorean para llegar a niveles nuevos. A pesar de estar hecho con un estilo pixelado, el arte no escatima en sangre y mutilaciones. Es asombroso que los desarrolladores hayan conseguido su hazaña con recursos tan austeros, ofreciendo escenas crudas que no tienen nada que envidiarle a cualquier entrega de la serie GTA. El acompañamiento sonoro también forma parte de la construcción ambiental y narrativa. Los sintetizadores armonizan perfectamente con la velocidad de cada combate. En ocasiones, ayudan a llevar el ritmo de los balazos. La ira interna, solo saciable tras aplastar unas cuantas cabezas, crea adicción.

Elogiado por medios prestigiosos como EuroGamer o Rock Paper Shotgun, Hotline Miami es una extravagancia de golpes y balas. Tres años después, su secuela Hotline Miami 2: Wrong number mantuvo el mismo nivel. Una vez más, los juegos independientes nos demuestran que no hacen falta recursos millonarios para producir un gran videojuego. Un buen trabajo siempre será reconocido.

En lo que a mí concierne, desempolvaré la vieja contestadora que tenía mi madre y la conectaré ahora mismo. Tal vez tenga un mensaje de voz sin escuchar.