19.4.21

sharp objects_esquirlas del gótico sureño



En Sharp Objects, Gillian Flynn explora

las turbias relaciones madre-hija con ejemplar salvajismo.

Reseñamos la adaptación del libro a la miniserie de HBO.



A veces nada te detiene cuando vas descendiendo

Y en el fondo no se encuentra la salida

En el fondo solo existen los comienzos


La Barranca, Cuervos



Llegué a la adaptación de Sharp Objects (2018) en HBO tras el impacto que Gone Girl me había producido, y lo hice a través de una reseña sobre el material audiovisual de Gillian Flynn, una autora de la que no he leído los libros originales. Mismo caso que con Game of Thrones, cuyos voluminosos tomos están esperando en algún lugar de mi biblioteca de series basadas en películas. Por supuesto, esa biblioteca no existe y es conocida la advertencia de que resulta engañoso juzgar el legado de un autor a partir de sus productos derivados. Ya en el colmo de la ironía, si uno es cínico, puede fingir que ha leído las obras originales con tan solo ver tal serie o filme, y construirse un concepto alternativo y personalísimo del asunto en cuestión. Errado y pretencioso, sí, pero honesto. Tantas obras de Stephen King se han diseminado gracias al cine que sería inútil y descabellado exigirle al consumidor cultural una devoción estrictamente lectora. 

Dirigida por Jean-Marc Vallée, la miniserie de Sharp Objects desarrolla el eje de la trama en torno al asesinato de dos niñas en Wind Gap, pueblo natal de la periodista Camille Preaker [Amy Adams/Sophia Lillis], quien es enviada por su jefe a cubrir el crimen. En cuanto se instala en la casa materna, olfatearemos una atmósfera que detonará recuerdos incómodos: la pérdida de su hermanita, el maltrato recibido por parte de Adora [Patricia Clarkson], su madre, y la tensa relación de amor-odio con Amma [Eliza Scanlen], su media hermana. En esa elegante casa victoriana se tejen resentimientos disfrazados de sobreprotección, antiguas culpas sublimadas en postales familiares, consumo masivo de alcohol y la melodía del gótico sureño destilando en los atardeceres opresivos. Naturalmente, la investigación de Camille se tuerce al conocer al detective Richard Willis [Chris Messina]; los giros de tuerca suben de tono hasta conseguir un crescendo malsano, y el final no decepciona.

Con Sharp Objects, tanto Amy Adams como Patricia Clarkson obtuvieron varios premios y nominaciones, y aunque las afinidades electivas se imponen al criterio consensuado, sin duda estamos ante una obra rica en matices, poderosa, decadente. Parece inofensiva pero no deja de escupir veneno. En la búsqueda del asesino, Camille pierde la propia estabilidad emocional, y ese derrumbe interior, manifestado en forma de alcoholismo y depresión, en plena edad adulta, ejerce una fuerza gravitatoria irresistible. Caemos en espirales para llegar a una última secuencia post créditos cargada de tanto sarcasmo que es imposible fingir que no ha pasado nada. Así como en la primera temporada de True Detective nos asomamos al problema del mal en estado puro, las disecciones de Gillian Flynn sobre el cuerpo familiar, las relaciones madre-hija y los fantasmas heredados provocan escalofríos. Y todo envuelto en un precioso gótico sureño de pesadilla.