junio 12, 2012

josé emilio pacheco_una defensa del anonimato



Carta a George B. Moore para negarle una entrevista

No sé por qué escribimos, querido George,
y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito.
Es decir, lanzamos
una botella al mar que está repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la arrojarán las mareas.
Lo más probable
es que sucumba en la tempestad y el abismo,
en la arena del fondo que es la muerte.

Y sin embargo
no es inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
me llama usted de Estes Park, Colorado.
Me dice que ha leído lo que está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
¿Cómo explicarle que jamás he dado una entrevista,
que mi ambición es ser leído y no “célebre”,
que importa el texto y no el autor del texto,
que descreo del circo literario ?

Luego recibo un telegrama inmenso
(cuánto se habrá gastado usted, querido amigo, al enviarlo).
No puedo contestarle ni dejarlo en silencio.
Y se me ocurren estos versos. No es un poema.
No aspira al privilegio de la poesía (no es voluntaria).
Y voy a usar, como lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, tratado, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.

Para empezar a no responderle diré:
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
no me interesa comentarlos, no me preocupa
(si tengo alguno) mi lugar en la “historia”.
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora,
harán (o no) el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que alguien que desconozco pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa–
corresponde a los versos, no al autor de los versos.

Si de casualidad es un gran poeta
dejará tres o cuatro poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales
son de verdad muy poco interesantes.

Extraño mundo el nuestro: cada vez
le interesan más los poetas,
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto nada más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas y pleitos con los demás payasos del circo,
o el trapecista o el domador de elefantes,
tienen asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.

Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto de dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
Acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace medio siglo en editar una revista poética
que iba a llamarse Anonimato.
Anonimato publicaría poemas, no firmas;
estaría hecha de textos y no de autores.
Y yo quisiera como el poeta español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.

Si le gustaron mis versos
¿qué más da que sean míos / de otros / de nadie?
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos

Fotografía: Rogelio Cuéllar
  

junio 08, 2012

el fuego interior


La carretera, de Cormac McCarthy,
describe la travesía de un padre y su hijo por una Norteamérica postapocalíptica.

Con La carretera, Cormac McCarthy (Providence, Rhode Island, 1933) obtuvo el premio Pulitzer en el 2007. Una pieza literaria confirma su calidad con este galardón, pero en el caso de La carretera hay algo que escapa al prestigio de un reconocimiento. Una nota cualitativa, una virtud adicional. La historia es austera, narrada desde una perspectiva omnisciente que en ocasiones brinca a la primera persona. Los escuetos diálogos ni siquiera tienen guiones. Es como si el lenguaje, después del holocausto nuclear que sugiere el texto, hubiera sufrido un deterioro gravísimo. Las corroídas palabras vuelan hacia un mar de cenizas, como los dos personajes que llevan fuego al sur. Mediante un uso restringido del idioma, McCarthy le imprime expresividad a su parábola. Una expresividad fúnebre, mortecina.

El relato no está capitulado, se divide en fragmentos-esquirlas y, nuevamente, como se ha visto en la prosa contemporánea, se acude a nombres genéricos para designar a los protagonistas, un padre y su hijo (a los que simplemente se les llama el hombre y el chico) que recorren Norteamérica con un carrito de supermercado. La esposa los ha dejado solos. El padre, en algunas ocasiones, la recuerda. El niño hace preguntas acerca de la escasez de comida, los hombres que se alimentan de carne humana, la gente muerta en el asfalto, y, a pesar de tantas desgracias, todavía conserva su candor.

Para reforzar este ambiente de no man’s land, McCarthy describe escenarios donde la ceniza, la lluvia, la nieve y las casas destruidas y saqueadas oscurecen cualquier sentimiento de empatía. «Dios no existe y nosotros somos sus profetas», dice un vagabundo que los protagonistas recogen, a petición del chico, para alimentarlo. La confianza, reducida a escombros, le impide al vagabundo identificarse con su verdadero nombre. «Las cosas mejorarán cuando todo mundo haya desaparecido», afirma. «Cuando todos hayamos desaparecido entonces al menos no quedará nadie aquí salvo la muerte y sus días también estarán contados. En medio de la carretera sin nada que hacer y nadie a quién hacérselo. Dirá la muerte: ¿A dónde se han ido todos? Y así es como será. ¿Qué hay de malo?»

En su versión apocalíptica del mundo, el escritor estadounidense no formula sentencias filosóficas. La carretera habla sobre una situación límite y crea una parábola del fuego interior recurriendo a la acción. Dentro del paraíso perdido, la moral se reduce a dos personas que tratan de sobrevivir a cualquier precio, de cualquier manera, bajo cualquier circunstancia, con harapos y una tela cubriéndoles la nariz. Sísifo, trasladado al clima de una catástrofe nuclear, no querría experimentar lo que el hombre y el chico viven cada jornada empujando su carrito, intuyendo que mañana se acabará la comida, los antropófagos los matarán, el camino transitado será inútil y más negro aún. McCarthy, de pocas palabras, únicamente afirma que las cosas pueden ser insoportables si el fuego desaparece. Esta certeza, dentro de los lectores, gana un Pulitzer de otra categoría.

«Miró los escalones de madera hasta que bajaban. Agachó la cabeza y luego encendió el mechero y paseó la llama por la oscuridad como una ofrenda. Frío y humedad. Un hedor infame. El chico se le agarró a la chaqueta. Se veía parte de una pared de piedra. Suelo de arcilla. Un colchón viejo con manchas oscuras. Se agachó y bajó otro escalón con el encendedor al frente. Acurrucados junto a la pared del fondo había hombres y mujeres desnudos, todos tratando de ocultarse, protegiéndose el rostro con las manos. En el colchón yacía un hombre al que le faltaban las dos piernas hasta la cadera, los muñones quemados y ennegrecidos. El olor era insoportable.
Cielo santo, susurró.
Entonces uno a uno volvieron la cabeza y parpadearon a la miserable luz. Ayúdenos, dijeron en voz baja. Por favor, ayúdenos.
Dios, dijo él. Oh, Dios.
Agarró al chico. Date prisa, le dijo. Date prisa.
Se le había caído el encendedor. No había tiempo para buscarlo. Empujó al chico escaleras arriba. Ayúdenos, decían ellos.
Deprisa.
Una cara barbuda apareció al pie de la escalera. Por favor, dijo en voz alta. Por favor.
Deprisa. Rápido, por el amor de Dios.
De un fuerte empujón sacó al chico por la trampilla. Salió el también y luego asió la puerta y la cerró dejándola caer de golpe y se volvió para levantar al chico del suelo donde había quedado despatarrado pero el chico estaba ya de pie ejecutando su pequeña danza de terror. Quieres hacer el favor de darte prisa, dijo entre dientes. Pero el chico no dejaba de señalar algo que había fuera de la ventana y cuando miró hacia allí se quedó paralizado. Cuatro barbudos y dos mujeres venían hacia la casa atravesando el campo. Agarró al chico de la mano. Dios mío, dijo. Corre. Corre.»



La carretera
Cormac McCarthy
Mondadori, 2007


junio 04, 2012

sobre los círculos perfectos

 

 

Analizamos la trayectoria
 de una banda imprescindible.

Bajo el mando del guitarrista Billy Howerdel, la agrupación californiana A Perfect Circle definió su propuesta sonora en el circuito del rock alternativo gracias a tres placas lanzadas por Virgin Records en el primer lustro de siglo XXI: Mer de noms, Thirteenth Step y Emotive. Pese a sus desconcertantes cambios de alineación y reacomodos, APC configuró una trilogía aceptable, de la cual haré una reseña no necesariamente circular.

En el primer álbum, Maynard James Keenan (vocalista tanto de esta banda como de Tool) se orientó hacia temas como la muerte, las relaciones interpersonales, el cristianismo, el sentimiento de fragilidad y las rupturas amorosas. Mer de noms (2000) fue un debut exquisito gracias a sus atmósferas trágicas, la lucidez creativa de sus integrantes y la sospecha de que estábamos ante un monstruo. Judith, video dirigido por David Fincher, captó la virulencia del grupo durante sus inicios. Esta rola cuestiona la fe religiosa de Judith Marie Keenan –madre de Maynard– en un Dios que la ha confinado a una silla de ruedas a causa de un aneurisma cerebral.

El grupo compone canciones agresivas como hachazos: The Hollow y Magdalena plantean la desesperación del amante que ha perdido su amor propio y desciende para conseguir sexo, cama y misericordia. Orestes es un trasunto de la tragedia griega en términos de redención y purificación emocional. 3 Libras (con video de Paul Hunter) cuenta el desenlace de una relación amorosa con símbolos que remiten a los barcos de la niñez y al útero materno. La instrumental Renhölder demanda un retorno a la calma primigenia.

Con Maynard James Keenan en la voz, el círculo se abre para tragar a Billy Howerdel (guitarras, voces secundarias, bajo, programación, teclados, piano, producción y mezclas); Josh Freese (batería, percusión); Paz Lenchantin (violín, arreglos de cuerdas, voces secundarias, bajo en Sleeping Beauty), Troy Van Leeuwen (guitarra principal en Sleeping Beauty y Thinking of You); Tim Alexander (batería en The Hollow) y Alan Moulder en la producción.

Una serie de transformaciones llegan después de la primera embestida. Para el segundo álbum, notamos ausencias. Paz Lenchantin abandona el grupo y hace parada en Zwan (nuevo proyecto de Billy Corgan tras la disolución de The Smashing Pumpkins) y Troy Van Leeuwen se marcha a Queens Of The Stone Age (y graba con ellos el estupendamente bueno Songs for the Deaf). Entran Jeordie White (alias Twiggy Ramirez, exmiembro de Marilyn Manson), y James Iha (antiguo guitarrista de los pumpkins).

Si comparamos el Thirteenth Step (2003) con su predecesor, observaremos detalles significativos: no trataron de repetir viejas fórmulas, aunque hubo una notable influencia del Lateralus de Tool, sobre todo en rolas como The Package y en la creación de atmósferas etéreas y “suaves” (Vanishing, Stranger, The Nursed Who Loved Me, Lullaby). La emotividad de Maynard & Howerdel desciende en espiral –como en Nine Inch Nails– a tal grado que el furor, la angustia, la melancolía y el deseo de recibir cariño son expresados con despecho (The Noose, Weak And Powerless, Blue, Gravity). La banda se renueva y acumula dramatismo, se procuran pasajes instrumentales, matices vocales y contrapuntos rítmicos. El video de Weak And Powerless demuestra la salud musical del conjunto. Producen Howerdel y James Keenan.

Si la mano que traza el círculo fallara en algún punto, debido a una probable artritis, éste sería el momento. Emotive (2004), alegato furibundo contra la guerra de Irak iniciada por el gobierno de George Bush, falla desde sus intenciones políticas que nada tienen que ver con la estética de la banda. ¿De dónde sale esa conciencia civil, y qué aportó al edificio? Nada y nada, en ese orden. Nuevos cambios, además: Paz Lenchantin regresa (pianos, cuerdas) y se integra Danny Lohner (bajo, guitarra, teclados, programación, voces, mezclas, instrumentación, productor e ingeniero). Pero el álbum no despega por múltiples factores. Salvo el perturbado cover de Imagine, de John Lennon, el resto parece el soundtrack caprichoso de un noticiero televisivo. Gran parte del repertorio viene de antiguas rolas que se vinculan temáticamente al asunto de la paz mundial, la hermandad entre naciones y los besos mutuos. Únicamente Passive y Counting Sheep to the Rhythm of the War Drum fungen como novedades, y esto es un decir, ya que la primera viene de Tapeworm, un proyecto inconcluso que involucraba a James Keenan, y la segunda es un refrito de Pet, del disco anterior.

A las dos semanas de la salida del Emotive, se editó un DVD + CD con los videos de la banda y remezclas de sus canciones anteriores, titulado aMOTION, plus que no salva la medianía del alegato antibelicista. El tercer círculo no cierra, ni con People Are People (original de Depeche Mode) ni con nada. La música no remueve sentimientos agudos, la linealidad es apabullante.

La tercera grabación en estudio cerró el contrato de APC con la trasnacional EMI. Después del 10,000 days (2006) de Tool, Maynard grabó un proyecto en solitario, Puscifer, y grabó con varios músicos invitados el CD "V" Is for Vagina (2007). Al año llegó el "V" Is for Viagra: The remixes (2008). Y en el 2011, tras varios singles y remixes, Conditions of My Parole. Billy Howerdel desarrolló un proyecto, Ashes Divide, y lanzó el CD Keep Telling Myself It's Alright en el 2008.

Entre los discos-homenaje, se salva uno, The String Quartet Tribute to A Perfect Circle (2004). El otro, A Tribute To A Perfect Circle (2004) flota como un recuerdo desagradable, difícil de borrar, no muy redondo, por cierto.