CONEJOBELGA

25 julio 2013

Mientras haces cualquier cosa, alguien está muriendo




Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo


“En una calle, un hombre esperaba que pasara alguien. Y no pasaba nadie. Él esperó, esperó. Y no pasó nadie. Entonces salió huyendo. Y tampoco encontró a nadie. Aquel hombre terminó por darse cuenta: él era nadie”, ha escrito Roberto Juarroz (Buenos Aires, 1925-1995), fundador de la poesía vertical. Y dijo también: “Aunque no haya definiciones de la poesía, a mí me seducen, por ejemplo, las palabras de Heidegger cuando dice que es la fundación del ser por medio de la palabra. Fundación del ser por esa simbiosis extraña que se da en la poesía entre palabra y silencio. Claudel lo dijo bellamente: «Mi poesía no consiste en estas letras puestas como clavos sobre el papel, sino en el blanco que las rodea». Lo dicho y lo no-dicho, fundiéndose en una sola unidad: eso es poesía.”

Catorce volúmenes de poesía vertical, publicados de 1958 a 1997, y los Seis poemas sueltos de 1960 conforman su legado. Antonio Porchia, el autor de Voces, ha dicho sobre su obra: “Sin misterio, todo sería muy poco, tal vez nada. Y creador del misterio es el poeta, pero el poeta como Roberto Juarroz, uno de los mayores poetas de nuestro tiempo. Es difícil elogiar a quien merece más que elogios. En estos poemas cualquier palabra podría ser la última, hasta la primera. Y sin embargo, lo último sigue." Notaremos en los textos una voz inorgánica que reflexiona sobre el tiempo, la ausencia, el vacío, el lenguaje, las cosas del mundo. Por la claridad casi inocente pero de razonamiento profundo, Juarroz puede hacernos recordar las sentencias de Wittgenstein en su Tractatus Logico-Philosophicus. Poesía filosófica, si la hay. La imagen es del ilustrador Adrian Tomine.

–Christian Núñez
 
Tú no tienes nombre.
Tal vez nada lo tenga.

Pero hay tanto humo repartido en el mundo,
tanta lluvia inmóvil,
tanto hombre que no puede nacer,
tanto llanto horizontal,
tanto cementerio arrinconado,
tanta ropa muerta
y la soledad ocupa tanta gente,
que el nombre que no tienes me acompaña
y el nombre que nada tiene crea un sitio
en donde está de más la soledad.
***

Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo.

Mientras te lustras los zapatos,
mientras odias,
mientras le escribes una carta prolija
a tu amor único o no único.

Y aunque pudieras llegar a no hacer nada,
alguien estaría muriendo,
tratando en vano de juntar todos los rincones,
tratando en vano de no mirar fijo a la pared.

Y aunque te estuvieras muriendo,
alguien más estaría muriendo,
a pesar de tu legítimo deseo
de morir un minuto con exclusividad.

Por eso, si te preguntan por el mundo,
responde simplemente: alguien está muriendo.
***
 
Lo enterraremos todo,
los brazos, el movimiento y la pala,
la pasión de los viernes,
la bandera de andar solos,
la pobreza, esa deuda,
la riqueza, esa otra.

Lo enterraremos hasta con sabiduría,
cortando sabiamente los terrones,
o cortándolos sin darnos cuenta, sabiamente.

Un resto de mirada
quedará flotando como un pincel absurdo
sobre la tregua doblemente fiel de todo ausente.
Y menos mal que no habrá nadie
para escarbar luego bien hondo
y descubrir que no hay nada enterrado. 
***
 
El ojo traza en el techo blanco
una pequeña raya negra.
El techo asume la ilusión del ojo
y se vuelve negro.
La raya se borra entonces
y el ojo se cierra.

Así nace la soledad. 
***
 
Inventar el regreso del mundo
después de su desaparición.
E inventar un regreso a ese mundo
desde nuestra desaparición.
Y reunir las dos memorias,
para juntar todos los detalles.

Hay que ponerle pruebas al infinito,
para ver si resiste.  
***
 
Dibujaba ventanas en todas partes.
En los muros demasiado altos,
en los muros demasiado bajos,
en las paredes obtusas, en los rincones,
en el aire y hasta en los techos.

Dibujaba ventanas como si dibujara pájaros.
En el piso, en las noches,
en las miradas palpablemente sordas,
en los alrededores de la muerte,
en las tumbas, los árboles.

Dibujaba ventanas hasta en las puertas.
Pero nunca dibujó una puerta.
No quería entrar ni salir.
Sabía que no se puede.
Solamente quería ver: ver.

Dibujaba ventanas.
En todas partes.
***
 
A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie.
En el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.