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10 septiembre 2014

desobediencia civil_entrevista con laila torres mendieta



desobediencia civil
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por christian núñez


Platicamos con Laila Torres Mendieta (Ciudad de México, 1986), cuya obra visual integra dibujo, videoinstalación, monotipia y animación con una alta dosis de experimentación gráfica. Actualmente estudia el programa Master of Fine Arts en el Dutch Art Institute de Holanda.


Qué vínculo encuentras entre el cuerpo y las relaciones de poder/obediencia, y cómo las desarrollas en tu trabajo
Laila: En todo el reino animal existen relaciones de poder establecidas en términos jerárquicos; ¿quién es más fuerte?, ¿quién es más apto? ¿quién asegura su supervivencia y por lo tanto su transcendencia en el mundo? La humanidad no es una excepción. Sin embargo, nuestra competitividad primitiva se traduce en esferas mucho más mundanas: trabajo, relaciones personales, política. Lo cierto es que los seres humanos somos una especie curiosa, a pesar de haber desarrollado formas sofisticadas de comunicación y organización social, la nuestra permanece como una naturaleza compleja y predadora. Queremos siempre lo mejor. Pero habiendo conquistado nuestro entorno (y a la mayoría de las demás especies) lo que nos queda, la última frontera, es la conquista del otro. Las rabiosas es un proyecto que desarrollé a partir de esta premisa. De cómo funcionamos en sociedad, y en ese sentido de lo poco civilizados que realmente somos. Al respecto, la violentación del cuerpo sirve como metáfora de estas tensiones que son una constante en nuestra forma de interactuar con el otro.
 
Manitas sudadas_acrylic on paper_120 x 80 cm_2012

De qué forma exploras ideas como el empoderamiento de la mujer y los roles de género
Laila: Las efigies creadas en torno a la femineidad usualmente se basan en convencionalismos sociales bastante machistas, por no decir estúpidos, que terminan siendo reproducciones eternas de parámetros que fomentan la ignorancia. Para mi era indispensable abordar la femineidad desde un ángulo más honesto y versátil. No pretendo hablar en términos absolutos, ni ser portavoz de todas las mexicanas. Pero tampoco estoy dispuesta a seguir aceptando la cantidad de infamias que siguen contaminando los medios y que han permeado tan profundamente nuestra cultura. Acepto que los artistas somos irremediablemente autorreferenciales; por eso hablo desde mi propia posición, de lo que conozco y comprendo sobre ser mujer. Entiendo que la femineidad va más allá de cualquier designación, que tenemos derecho de representarnos como queramos y de no tener que justificar por qué nos vestimos o actuamos de cierta manera. Pero especialmente que nuestra forma de entender nuestro cuerpo, de entender nuestra sexualidad, va más allá de las gónadas que nos tocaron.

Por qué te interesa tanto el tema de la femineidad encabronada o lista para defenderse: cuál es el sentido de esta lucha
Laila: Encabronada no sería necesariamente la palabra indicada. Hace poco platicaba con unos amigos sobre la necesidad de la existencia del feminismo y lo difícil que resulta llegar a un entendimiento verdadero del mismo. Meditando al respecto, resulta que seguimos entendiendo nuestra humanidad a partir de nomenclaturas. Evidentemente somos diferentes los unos de los otros, nuestros cuerpos lo son, nuestras preferencias, nuestra forma de concebir el mundo... Pero es especialmente entre el binomio hombre/mujer que dichas diferencias se tornan insufribles, las mujeres irremediablemente llevamos las de perder. No es necesario hacer referencias específicas, en los periódicos, televisión, películas y en la red hay ejemplos de sobra que confirman mis palabras. Por supuesto, cada quien puede representarse a sí mismo como le venga en gana, decir que querer ser sex simbol es menos digno que ser una profesionista emancipada sería un error. Pero mellar en la libertad que conlleva ser uno mismo tampoco es la respuesta. Hablando desde mi postura, no intento validar el uso de violencia como una forma de resistencia u oposición irracional. Para mí, representar mujeres en escenas de violencia implica revelar otra faceta más de nosotras, un “nosotras” desprovisto de la usual objetificación que pulula en el imaginario colectivo. 


La desobediencia como postura artística/política es un nodo que conecta con diversas fuentes. Háblanos sobre tus referencias
Laila: Desde siempre he tenido problemas con las figuras de autoridad, soy una persona disoluta [risas]. Aunque es muy pretencioso decir que soy la encarnación de la rebeldía (estudio una maestría en una escuela particular, imagina la hipocresía si dijera que desdeño y escupo en todas las instituciones). Casi todos mis referentes vienen de fuentes marcadas por el mismo espíritu liberal, que si bien se mantiene en pie de lucha entiende por libertad una forma de resistencia que no necesariamente parte de la insurrección violenta. Delillo, Fannon, Bataille, Genet, Mbembe, Miéville, Grant Morrison son algunos de los autores que he estado leyendo recientemente. En un aspecto mucho más visual, Kara Walker, Adrian Piper, Nathalie Djurberg, William Kentridge, Katsuhiro Otomo, David Cronenberg. Pero creo firmemente que al final, somos un compendio de todos los fragmentos culturales que permearon nuestro crecimiento. Música, cine, amigos, familia, todos y cada uno nos han influenciado de forma tan definitiva que es imposible ignorar sus huellas en nuestro hacer.
 
Doppelganger_acrylic on paper_80 x 120 cm_2012 


Descubro una línea narrativa en tu imaginario relacionada con la estética japonesa, específicamente con el manga, el animé y el cine. ¿De qué forma los has asimilado?
Laila: Fui criada entre artes marciales, cómics, rock, metal, películas de ciencia ficción y animé, así que implementarlo como una forma de lenguaje en mi trabajo me pareció absolutamente lógico. Como lo dije anteriormente, los artistas tendemos a ser autoreferenciales y repetitivos, tenemos obsesiones muy específicas y queremos hacer partícipes a todos de ellas. Como niños, queremos revelar nuestros secretos para dar a conocer las partes más recónditas de nuestra personalidad, la que usalmente creemos muy interesante y única. En ese sentido, México es un país cuya cultura refleja una profunda hibridación. Por una parte somos producto del colonialismo europeo y del mestizaje, pero también somos reflejo de la compleja relación que tenemos con culturas como Estados Unidos o, recientemente, Japón. Muchos nos sentimos más cercanos a figuras como Michael Jackson, Freddy Krueger o Tetsuo y Gokú que a José Alfredo Jiménez, Pedro Infante o Cantinflas. Y el flujo de información virtual sólo potencializa dicho intercambio cultural. Ya sea a manera de crítica, como una forma de exaltación o validación de nuestro medio, habemos muchos que retomamos íconos de esta cultura popular universal para abordar temas de interés mundial.


En México somos testigos de múltiples manifestaciones de autoritarismo y violencia social. Ahora el gobierno federal emprendió una campaña contra el bullying, lo que resulta por lo menos irónico cuando gran parte del malestar nacional viene de la intransigencia de nuestros gobernantes. ¿Qué opinas de eso?
Laila: Es una falacia. Por una parte somos una nación con institutos científicos de alto nivel, con universidades de alto rendimiento que figuran en los primeros lugares a nivel mundial, con una variedad culinaria envidiable y recursos naturales vastos… pero nuestra organización cultural y política parece nunca dar el ancho. En las elecciones pasadas vi a muchas personas vender su voto por unos cuantos pesos y un poco de comida, caminar horas en procesiones para apoyar a su partido político y organizar eventos para entretener a las masas, para después quejarse de la situación tan precaria en que la mayoría vive. El terror que significa perder territorios a manos del narcotráfico y la miseria que representa ser mujer en el Estado de México. Pero todo es fruto de un mismo problema. Nuestro país es conflictivo porque más de la mitad de la población vive en condiciones paupérrimas, habría que entender lo que es vivir en necesidad para comprender por qué hay gente que prefiere vender la dignidad por unos centavos. Habría que entender que la ignorancia no viene de nacimiento, que se aprende y se propaga cuando lo único que se tiene a la mano son programas sin clase que venden fruslerías al por mayor. Que la corrupción es algo que viene de la mano del poder. Que la educación pública no debería ser sinónimo de bajo rendimiento académico y especialmente que este país es de todos, que los políticos son simples representantes del pueblo y que como tales tienen la obligación de hacer que se cumplan las demandas esenciales. Resolver problemas no es sencillo, pero tampoco es una epopeya inconcebible. No se trata de arrojar pan a los pobres y darles entretenimiento barato para mantenerlos callados. Se trata de educar para hacer conciencia y darse cuenta que el bullying es el menor de nuestros problemas.

Cómo influye en tu percepción de la realidad el hecho de estar estudiando en Holanda. Qué ha cambiado, qué se ha reforzado, qué revelaciones has tenido
Laila: Al llegar a un lugar desconocido uno se arma de esperanza, contemplando todo el potencial de aquello que se muestra novedoso y atrayente. Siempre dando por sentado que lo que vamos a obtener de la vida será el fruto de un goce por el que no hemos luchado. Cuando aterricé en Holanda, lo hice con el pie izquierdo. Un día te vas de tu país y te das cuenta que no importa cuán lejos estés, las marcas que tienes simplemente no se desvanecen. Buscas un lugar al cual pertenecer y al final cualquier lugar familiar huele a hogar. Uno descubre que se necesita más que un montón de buenas intenciones y sueños guajiros para hacer que algo funcione. Entre muchas otras cosas, me permití una actitud autodestructiva que me hizo vibrar en inmundicia. Y me di cuenta que aquí, en África, China y Holanda… hoy en día a todo mundo le va bien sentirse el bastardo de alguien. Que el circuito artístico está repleto de baratijas, fruslerías y carencia de empeño. Pero también entendí que si quieres algo de verdad tienes que fajarte bien los pantalones y chambear en serio. En ese sentido prefiero mil veces tardarme una eternidad ganándome mi nombre que construyendo una identidad falsa en tercera persona. Si suena pretencioso, me importa un bledo. Ahora sé lo que quiero y no pienso dejar nada para el regreso. En Holanda me encontré, me liberé, me perdoné. No me arrepiento. Ni de lo que fui, ni de lo que perdí. En México no dejé ni cambio para el pasaje.

La postrada_oil and acrylic on paper_120 x 85 cm_2012

En su ensayo Masa y poder, Elias Canetti explica un mecanismo a través del cual las personas se rebelan contra la figura que dicta órdenes. Aquí transcribo el fragmento:

LAS MASAS DE INVERSIÓN

Toda orden deja un penoso aguijón en quien está obligado a ejecutarla. Sobre la naturaleza de estos aguijones, que son indestructibles, trataremos más adelante. Quienes reciben muchas órdenes y están por tanto llenos de esos aguijones, sienten un poderoso impulso a deshacerse de ellos. Y tienen dos maneras de hacerlo. Pueden transmitir hacia abajo las órdenes que han recibido de arriba; aunque para eso tiene que haber, claro está, inferiores dispuestos a recibir órdenes de ellos. Pero pueden también devolver a sus superiores lo que durante largo tiempo han venido soportando y sufriendo por su culpa. Un individuo aislado, y por lo tanto débil e indefenso, raras veces tendrá la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, cuando se reúnen muchos para formar una masa, pueden conseguir lo que individualmente les estaba vedado. Todos juntos podrán volverse contra aquellos que hasta entonces les habían dado órdenes. La situación revolucionaria puede considerarse el estado por antonomasia de semejante inversión. Esa masa, cuya descarga consiste principalmente en una liberación colectiva de «aguijones-órdenes», deberá ser designada como masa de inversión.

Este fenómeno se ilustra perfectamente en la cinta El listón blanco, de Haneke, donde los niños de un pueblo alemán se rebelan contra la severa educación de sus padres, pero finalmente serán protagonistas del futuro movimiento nazi. ¿Tiene el poder alguna extraña cualidad de seducción-rechazo imposible de superar?
Laila: Hay una frase que se quedó grabada en mi cerebro desde que la leí y creo que viene bien a este párrafo.

"If only you realized what it takes, what a person has to go through, in order to reach the point of disobedience..."

Esa frase se ha vuelto una constante en mi trabajo… al final, las personas siempre tendemos a generar resistencia contra la fuerza de gravedad que nos retiene en la tierra.

[Imágenes: Cortesía Laila Torres Mendieta]