CONEJOBELGA

03 mayo 2017

charles burns_viñetas inquietantes


Las fobias de toda una generación.
 
Hoy considerado uno de los autores más importantes dentro de la escena del cómic independiente, el historietista Charles Burns nos ha legado una enigmática galería de historias que saben cómo activar nuestras emociones más primitivas (miedo, asco, sorpresa) ante lo desconocido: la muerte, la enfermedad, el deseo. Con su estilo frío/visceral—en extraordinario blanco y negro, o mediante una paleta de colores llena de sobriedad cromática—nos hipnotiza y consigue atraparnos en sus túneles aún goteantes de epidemias anónimas y culpas inconfesables.

Burns ha publicado títulos clásicos de cómic underground que, con el paso de los años, revelan su importancia. Agujero negro (1995/2005) marca un antes y un después dentro de su trayectoria, pues muchos lo consideran un trabajo de culto, un tour de force sobre el paso de la adolescencia a la edad adulta, y el agujero que hay entre ambas. La historia de una enfermedad que causa mutaciones sexuales nos sumerge en un clima enfermizo a la par que mórbido. Las situaciones aparentemente inofensivas adquieren proporciones monstruosas.

En esto recuerda lo que Houellebecq ha escrito en un ensayo sobre la naturaleza del horror cotidiano, una de las herramientas narrativas que Burns exprime con perversidad glacial: Al principio, no ocurre absolutamente nada. Todo va bien. Luego, poco a poco, empiezan a multiplicarse incidentes casi insignificantes, que coinciden de manera peligrosa. El barniz de la trivialidad se agrieta, dejando paso a inquietantes hipótesis. Inexorablemente, las fuerzas del mal hacen su entrada en escena.


Las referencias son tantas, pero forzosamente arbitrarias al mismo tiempo. Como en Lovecraft, la sensación de orfandad y abandono físico diseñan un cosmos inquietante, un abismo psicológico de serpientes desnudas. Como en David Lynch, el estigma de ser un inadaptado social agiliza el proceso de brutal deshumanización. Como en Jean-Paul Sartre, la rebeldía generacional reemplaza la náusea filosófica. Un saludo a Keith desde el bosque de los insectos mutantes. Las mantis, cómplices, sonríen.

La trilogía formada por Tóxico, La colmena y Cráneo de azúcar (2010, 2013 y 2014) recupera con un estilo surrealista las inocentes aventuras de Tintín, publicadas durante más de 40 años por el caricaturista belga Hergé. Lo que hace Burns es, de nuevo, subvertir el canon, revelarnos el corazón oscuro de la cebolla, irritante y doloroso, perfumado con químicos de vertedero industrial, y combinarlo con el relato de su vida durante la década punk de 1970. Intento seguir mis instintos y confiar en mi habilidad para construir una historia, confiesa.

Por último, el cortometraje incluido en Fear(s) of the Dark te hará replantearte los encuentros aparentemente inofensivos en la biblioteca. Las sorpresas nunca se acaban. Charles Burns sabe cavar hondo.