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13 junio 2012

Un ejercicio de santidad

 

 Un ejercicio de santidad

 
Madredeus, agrupación portuguesa conformada en 1985 por Teresa Salgueiro (voz), Pedro Ayres Magalhães (guitarra clásica), Rodrigo Leão (sintetizadores), Fernando Judice (guitarra acústica), Gabriel Gomes (acordeón) y Francisco Ribeiro (violonchelo), editó en 1988 su primer álbum, el entrañable Os dias da Madredeus, con una acuarela azul en la portada (de José Alexandre Magalhães) y un tamborcito en la parte de atrás.

Camaradas espirituales de Fernando Pessoa, los hijos de la Madre de Dios grabaron un álbum de una languidez y una nostalgia que serán el éxtasis de los abatidos posmodernos que todavía no lo escuchen. Melancolía, introspección, desánimo y soledad forman el repertorio letrístico del Os dias. En el booklet, Rodrigo Leão calificó esta ópera prima como una victoria sobre la materia. Con el paso de los años, el grupo ha relativizado su música, su sonido ya es muy distinto y parecen haber olvidado la dignidad de sus primeras grabaciones (Existir, de 1990; Lisboa, un concierto en dos discos, 1992; el excelente O espiritu da paz, 1994; y Ainda, 1995, soundtrack de la película Lisbon History, de Wim Wenders).

Antes de anunciar su separación en el 2007, la ex-vocalista Teresa Salgueiro dijo en una entrevista que ellos no hacían fado y tampoco reinterpretaban el género. «El fado es una música tradicional, todas nuestras canciones son originales», comentaba. Fuera de eso, suenan a fado, género que se popularizó con Amália Rodrigues, una de las voces fundamentales del repertorio (el Fado Amalia, un agasajo). Acerca del nombre que los identifica, viene porque en sus inicios ensayaban dentro del Teatro Ibérico, que antes había sido una antigua iglesia, el Convento de Madredeus.  

La tristeza del Os dias se siente con mayor ahínco en los temas As montanhas, A sombra, A vaca do fogo, A península, A cantiga do campo y Amanhá. La culpa de tanta saudade la tiene el acordeón. Trazar un paralelismo entre la música de Madredeus y las composiciones de Astor Piazzolla resulta pertinente, no tanto por el sonido, sino por la ruta estética. El sentimiento de frustración por lo que nunca fue, nunca ha sido y nunca será, la añoranza, el tedio, las ganas de irse a otros mundos, deshabitados, preferentemente, con un cigarrillo a medias. Piazzolla introdujo en el tango elementos de música orquestal, transportándolo a niveles olímpicos: la base fue siempre el bandoneón. Las primeras grabaciones de Madredeus privilegian la figura del acordeón y ganan piezas concisas, perfectas para el llanto, en gran parte debidas al andamiaje técnico.

«Lloro sobre mis páginas imperfectas, pero quienes vengan mañana, si las leen, sentirán más con mi llanto de lo que sentirían con la perfección, si yo pudiera conseguirla, porque me privaría de llorar y por eso incluso de escribir. El que es perfecto no se manifiesta. El santo llora, y es humano. Dios está callado. Por eso podemos amar al santo, pero no podemos amar a Dios.» (Bernardo Soares, Libro del Desasosiego).

Os dias da Madredeus: un ejercicio de santidad.

–Christian Núñez
 
Os dias da Madredeus
Madredeus
EMI, 1988