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14 junio 2013

Georges Bataille y la experiencia ateológica



  Georges Bataille y la experiencia ateológica
 
A modo de letanías contra el cielo, los poemas de Georges Bataille parten de la experiencia espiritual ateológica. “El hombre necesita darse una perspectiva del no-saber bajo la forma de la muerte”, escribe un 12 de enero de 1951. El Tucán de Virginia reúne en una edición bilingüe sus Poemas/Poèmes en 1995. Ignacio Díaz de la Serna, a cargo de la introducción, selección y traducción, explica que lo ateológico abarca la ausencia de Dios y la búsqueda de lo imposible. “En la cúspide de la experiencia espiritual ateológica, el mal no se sufre; se quiere. Una vez allá arriba, se ora con la desazón de los condenados a cadena perpetua: Padre mío que no estás en los cielos, santificado sea tu nombre porque aumentas los pecados del mundo… Así, la poesía es una plegaria.”

Bataille nunca se propuso una carrera como poeta. “Su principal motivo: estima que la mayor parte de los poetas viven encandilados por la delicadeza, lo que siempre le repugnó —aclara Díaz de la Serna. Despreciables le parecen porque encuentra en ellos el aliento de una estética irrisoria. Acólitos de la belleza, de los buenos modales, en sus manos la palabra queda penosamente reducida al papel de ábrete sésamo hacia un territorio donde prevalece la evanescencia lírica, el sentimentalismo más ingenuo y ramplón. Cierta clase de poetas son en verdad insoportables, pregoneros como se sienten de un mundo candoroso. Toda poesía que anhele en su entraña expresar un ideal cualquiera, o peor aún, que tenga nostalgia de lo absoluto, hace del hombre un ser abyecto, servil, pues lo absoluto es la aspiración distintiva de las larvas. Indigno es alabar y dulcificar. Escamotearnos la agitación, el terror frente a nuestra muerte, no es tarea que incumba a la poesía. Signo que anuncia el mayor de los desgarramientos, cada poema de Bataille es la mirilla a través de la cual avizoramos la podredumbre que somos.”

De esa podredumbre tratan los otros libros de Díaz de la Sena sobre la obra de Bataille: los ensayos titulados Del desorden de Dios (Taurus, 2000) y La oscuridad no miente/Textos y apuntes para la continuación de la Summa ateológica (Taurus, 2001). Éste, además, incluye un epílogo afilado: “¿Qué me ha enseñado Bataille? La carcajada como única respuesta que me coloca a la altura del desorden de Dios. ¿Qué vio mi madre poco antes de morir? Hace tiempo, mi hija Leonor resolvió este misterio. Habíamos visto juntos la película En busca del valle dorado, la historia de un brontosaurio bebé, un cuello largo cuya mamá había muerto tras luchar con el Tiranosaurio Rex. En una ocasión posterior, sin venir a cuento, mientras íbamos en coche, me preguntó desde sus cuatro años de edad si su otra abuela, mi madre, había muerto por haber luchado contra el Tiranosaurio Rex. Estuvimos a punto de estrellarnos. ¡Eureka! Eso fue lo que vio mi madre. La quijada desmesuradamente abierta del Tiranosaurio momentos antes de atacarla, despedazarla y devorarla. Ante el aliento nauseabundo que la envolvía, ella sólo pudo ofrecer la inhumanidad de su mirada.”

Si, de acuerdo a Susan Sontag, Bataille causa perturbación porque sabe que el verdadero leitmotiv de la pornografía no es el sexo sino la muerte, no debe sorprender que sus poemas hagan constantes alusiones a un erotismo desesperado y fúnebre al mismo tiempo. Como una carta de despedida.

–Christian Núñez
 
EL MURO

Un hacha
denme un hacha
para que me espante
de mi sombra en el muro
aburrimiento
sentimiento de vacío
cansancio.


LA MARSELLESA DEL AMOR

Dos amantes desnudos cantan la Marsellesa
dos besos sangrientos les muerden el corazón
los caballos a galope tendido
los jinetes muertos
pueblo abandonado
el niño llora
en la noche interminable.


DOLOR

Dolor
dolor
dolor
oh dolor
oh dolor
oh mi llanto de pez
mi cola de azafrán

oh quitarme los calzones
mearme


REÍR

Reír y reír
del sol
de las ortigas
de los guijarros
de los patos

de la lluvia
de la pipí del papa
de mamá
de un ataúd lleno de mierda.