CONEJOBELGA

31 diciembre 2014

cómo generar un proyecto literario



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Considerando que la mayoría de las veces la creación artística no sigue patrones fijos [más bien resulta orgánica y flexible], no es fácil implementar una metodología única, sino más bien señalar ciertos momentos en los que pasamos de las emociones vagas y difusas a una imagen concreta, a un tema específico. Nos interesa algo en particular, queremos escribir sobre ello, y buscamos la forma de visualizarlo, de abstraerlo y profundizar.

CONCEPTUALIZACIÓN

Cuando ya tenemos el tema de alguna forma nos sentimos más seguros, pero todavía faltan muchos cosas por definir. ¿Cómo lo abordaremos? ¿Qué forma de expresión, qué género(s) literario(s) resultan más eficaces como vehículo de ideas? ¿Cuál será el modo personal en el que desarrollaré mis conceptos?

DELIMITACIÓN

Esta fase incluye el reconocimiento de nuestras herramientas cognitivas y de nuestros límites. ¿Qué sabemos acerca del concepto que vamos a desarrollar? ¿Cómo podemos ampliar nuestra visión? ¿Qué necesitamos para que nuestro proyecto sea realmente original? ¿Qué nos hace falta?

 INVESTIGACIÓN

Por supuesto, esta investigación no es sólo de carácter racional y lógico, sino sensorial e intuitivo. Conviene explorar hacia adentro en nosotros mismos, en nuestro inconsciente, en nuestros recuerdos, en nuestras pulsiones más profundas, en los símbolos con los que nos identificamos. Nos ayuda mucho el despojarnos de prejuicios y clichés. Conceptualizar puede resultar útil en algún momento, pero también intuir e imaginar, romper con las estructuras previas ayuda muchísimo. Nuestra investigación va más allá de lo estrictamente científico o semiótico, tiene connotaciones psicológicas y emocionales, instintivas y subterráneas, que a veces incluso ignoramos. [No hay que perder de vista el carácter lúdico y espontáneo del arte. Si ponemos demasiadas reglas, ya no es divertido. La literatura es un juego inteligente.]
Posteriormente, cuando empezamos a tener más claro hacia dónde nos dirigimos, nos preocupamos por la forma en la que expresaremos lo que nos interesa. Buscamos referentes en las obras previas, en fuentes que no necesariamente son literarias, sino de carácter más abierto: cine, música, videojuegos, filosofía, cartas, ensayos, la vida misma, ETC.

 PROCESO DE ESCRITURA

Aquí procesamos la información, la analizamos y clasificamos. Desarrollamos una manera de hacer las cosas, una técnica, incluso un estilo. Al mismo tiempo, creamos nuestra propia metodología, e incluso cuestionamos estos recursos, los adaptamos a nuestras necesidades. En ciertos momentos, generamos una crítica sobre lo que estamos escribiendo. Esto se conoce como metatextualidad: incluimos dentro de la obra un comentario crítico sobre la misma. Esta es la etapa del trabajo arduo, de sentarse a escribir, a pulir textos, a revisar y releer, a reorganizar todo, a desechar y afinar al máximo nuestra producción. Nos puede demorar un par de días, meses, años o décadas. Puede ser el trabajo de toda una vida o de unos simples minutos. La creatividad no se mide por el tiempo de trabajo, sino por el resultado final.

OBRA FINAL

Cuando por fin concluimos una obra, generalmente dudamos si eso era lo que teníamos en mente desde el principio. Es posible que retomemos algunas ideas para volver a comenzar, que reaparezcan ciertos elementos en obras posteriores. Se trata, pues, de un proceso que no termina nunca. Paciencia.