Subo al automóvil de DiDi y el primer comentario
del conductor se refiere a la ubicación inexacta del pedido: Siempre pasa, la aplicación está fallando,
dice. Iba a caminar hacia allí,
miento. Miro el cielo, inevitablemente gris con pronóstico de lluvia. Las
temperaturas han bajado unos cuantos grados. El chofer me hace plática. Digo
que voy a Plaza La Isla para vender unos juegos en la única tienda que los
compra a buen precio. Ya en confianza, me pregunta cuál es la mejor consola. Explica
que antes jugaba Xbox con su hijo. Luego
me divorcié, pero ahora que soy soltero quisiera retomarlo.
La consola más vendida y con mejor
catálogo es el Playstation 4. Pero ya
va de salida, este año Sony lanzará el Play5 y Microsoft el Xbox Series X,
comento. Mi esposa decía que estaba loco.
Ahora que soy soltero otra vez—bueno, a
veces salgo con mi novia, que era amiga suya, por cierto—me voy a comprar un
Play4. ¿Sabes qué juego me gustaba mucho? Uno sobre un asesino serial. Tenías
que controlarlo para que no matara. Se llamaba Indigo.
Mientras el conductor habla, observo su rostro
recién rasurado, la palanca de velocidades, mi cinturón de seguridad, y comienzo
a sentir un leve cosquilleo. Porque, como
sabes, creo que es mil veces mejor jugar un titulo de disparos que salir a matar
gente. Ayuda muchísimo, libera tensión. Mi ex no lo entendía. Es mil veces mejor una consola que consumir
drogas, o emborracharte. Es una buena
terapia, le digo. Totalmente de
acuerdo, responde en automático. Enumero las características del Play4:
guardado de datos en la nube, ofertas de títulos digitales, un amplio catálogo
que incluye remakes de calidad, experiencia de juego inmersiva. Deberías trabajar en algo así, me
aconseja. Es que pagan muy poco, le
digo. O tener un canal de YouTube, sería
muy útil para personas como yo, que no sabemos tanto sobre videojuegos pero nos
gustan. Tengo 42 años y me fascinan
las historias maduras. Es mejor eso que asesinar personas. Claro, le contesto lacónicamente.
Trato de ser empático y recibir la información como si una llovizna mojara mis
pies.
Llegamos a La Isla. Cuánto le debo, pregunto antes de bajar del vehículo. 74 pesos. Entrego dos billetes de 50 y
recibo 16 de cambio. Sin reclamar el faltante, voy directo hasta las escaleras
eléctricas. La tienda huele a cloro y me reciben dos chicos tatuados, bastante
jóvenes, casi rubios. Les llevo Call of
Duty: Modern Warfare, Uncharted: The
Nathan Drake Collection y Crash
Bandicoot N. Sane Trilogy. Todos nuevos y sellados. Uno de los jóvenes, en
capacitación, actúa sumisamente; el otro lo tiraniza. También les entrego un
par de controles para Wii U. El aprendiz me pide amablemente una identificación
antes de proceder a la venta. ¿Puede
usted venir en 3 horas? Debemos revisar que los accesorios no fallen, dice
el amo. Claro, daré una vuelta por la
plaza. Así pues, busco un asiento cómodo cerca de una fuente. Me dispongo a
leer Nuestra parte de noche, de
Mariana Enríquez. Reviso el periódico y una noticia me abofetea: el niño
suicida del Colegio Cervantes que mató a su maestra, en Torreón, se inspiró en Natural Selection, un mod de Half-Life. Mierda.